Lo dijo

Ley Orgánica: “Sería una gran demostración de autonomía bien entendida tenerla aprobada para las elecciones universitarias de 2011. Hay otras dos leyes orgánicas que se presentarán en breve: la del Instituto Universitario de Educación y la del Instituto Terciario Superior. Lo mejor sería discutirlas en un marco global, y trabajaremos para esto, aunque los ritmos los marcan los colectivos”. El debate: “El Parlamento representa al soberano y obviamente al ponerla a discusión [la Ley Orgánica] se corren riesgos. ¿Alguien conoce cambios que no impliquen riesgos? ¿Puede concebirse una visión progresista y transformadora de la sociedad que no esté dispuesta a correr riesgos? Por suerte, en este país siempre hubo gente dispuesta a correrlos”.

-Sectores del oficialismo sostienen que los recursos destinados a la Udelar son los posibles. ¿Qué opina usted?

-El país hizo un gran esfuerzo en los últimos cinco años. El presupuesto universitario creció 70% en términos reales en el quinquenio 2005-2009 y ahora el Ejecutivo plantea un aumento de 20%. Está por debajo de lo que sería necesario si el país quiere avanzar hacia la generalización de la enseñanza terciaria. Es una gran decisión nacional la que está en juego. Siempre nos han dicho que la Udelar tiene que colaborar para facilitar el acceso de toda la población a la enseñanza superior, y estamos dispuestos a hacerlo. Pero si se quiere avanzar sustantivamente en esa dirección, el presupuesto elaborado por el Ejecutivo es insuficiente.

-¿El incremento presupuestal del último quinquenio redundó en un salto de calidad educativa en la Udelar?

-De las 90 diapositivas que llevamos el lunes al Parlamento más de la mitad eran sobre lo realizado en este período. Para pedirle al país que siga haciendo un esfuerzo hay que mostrar hechos. También tenemos claro que en la educación no se cambia de la noche a la mañana y por eso el esfuerzo debe mantenerse. En tercer lugar, y como detallamos en la fundamentación del proyecto presupuestal, la Universidad está cambiando. Tiene nuevas carreras en diferentes puntos del país, se amplió la investigación y se ha incorporado la extensión a todas las actividades universitarias. Hay cambios, por cierto que más lentos de lo que querríamos, que son objetivables.

-En medio del debate sobre los mecanismos de evaluación, el senador Ope Pasquet [Vamos Uruguay] cuestionó la idea “exagerada” que tiene la Udelar sobre la autonomía.

-Jamás interpretaremos la autonomía como una especie de pasaporte para no ser criticados. Eso sí, la autonomía no es un invento de la Universidad y está fijada en el artículo 202 de la Constitución. Pensamos siempre en términos de autonomía conectada, que colabore con el desarrollo. Puedo decir, con autocrítica pero con confianza en que es así, que la Universidad está conectada con toda la sociedad, con la producción, la salud y los problemas de emergencia social, entre tantos temas. Podríamos hacer más, pero no usamos la autonomía para replegarnos. La autonomía conectada con la sociedad es lo contrario a la autarquía.

-Hace poco el presidente José Mujica cuestionó la falta de compromiso de las universidades públicas de la región con los procesos de integración. ¿Cómo tomó esta visión?

-Desde 1991 funciona la Asociación de Universidades del Grupo Montevideo, que nuclea a instituciones públicas de Uruguay, Argentina, Brasil, Paraguay y, más recientemente, Chile y Bolivia. Son casi 20 años de trabajo integrador, se han creado grupos disciplinarios y comités académicos. Periódicamente se realizan jornadas de jóvenes investigadores y son eventos notables, con más de 700 participantes que aportan sus ideas y trabajos sobre temas bien definidos. Hay colaboración entre grupos académicos, movilidad de estudiantes, cursos compartidos e investigaciones colectivas. En síntesis, las universidades públicas están trabajando en el camino de la integración, aunque hay mucho trabajo que no se ve.

-A veces parece que las privadas reaccionan mejor que la Udelar ante las demandas del mercado. ¿La Udelar debería estar más atenta a esos vaivenes para elaborar su oferta educativa?

-La Udelar tiene la obligación de pensar la problemática actual y futura del país, debe tener una mirada a largo plazo. Hoy todo el mundo está orgulloso, a justo título, del software uruguayo. ¿Cuándo empezó el trabajo que permite esa realidad? Comenzó en 1966 cuando nadie decía que habría demanda de mercado para eso, y la Universidad creó la Comisión Central de Tratamiento de la Información y después la carrera en Analista en Computación. Allá por 1984, cuando se empezó a crear el Programa de Desarrollo de las Ciencias Básicas, se observó que teníamos una gran debilidad en informática, y se elaboró un plan de desarrollo. O sea, la Universidad tiene que mirar lo inmediato y también a largo plazo.

-¿Qué carreras atienden las dos dimensiones en la actualidad?

-En Rivera está funcionado una tecnicatura en Recursos Naturales, que podrá tener demanda de mercado o no, de hecho sí la tiene, pero atiende básicamente a una demanda social. Con el INIA [Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias] estamos creando un grupo de estudios forestales en Tacuarembó, apuntando a ingeniería vinculada a la madera, algo que tiene demanda inmediata pero sobre todo a largo plazo. En Paysandú, la Udelar está creando una carrera de químico agrícola y seguramente sus graduados van a tener una rápida inserción laboral, pero además es una apuesta al país que tiene que avanzar en lo agroalimentario. Es cierto que las instituciones públicas tienen sus ritmos, pero la Udelar sistemáticamente ha ido creando nuevas opciones atendiendo los requisitos del país.

-Carreras como ingeniería o química tienen niveles de desempleo muy bajos, ¿la Udelar no debería estimular la inscripción en esas facultades?

-En general, el desempleo de los graduados universitarios es muy bajo, “friccional”, según los especialistas. El desempleo promedio en Uruguay es de 7%, pero entre los jóvenes asciende a 21%, una cifra que asusta. El desempleo entre los graduados universitarios es de menos de 2%, con una demanda laboral superior a la de períodos anteriores. Hay que hacer un esfuerzo urgente para darle formación terciaria a más cantidad de gente, también para evitar la desigualdad. En cuanto a los estímulos, tenemos que hacer un esfuerzo de orientación, no de imposición. Hay que recordar que concluye la enseñanza media menos de 40% de los jóvenes, y que, entre los que sí terminan, muchos toman opciones para evitar las matemáticas y las ciencias exactas. Una de nuestras iniciativas más interesantes y difíciles de aplicar, el Programa de Respaldo al Aprendizaje (Progresa), apunta a que la muchachada elija sus opciones con mayor conocimiento de causa.

-¿En qué etapa están los planes para facilitar el tránsito interuniversitario?

-Está en discusión, muy avanzada, una ordenanza de estudio de grado para favorecer los tránsitos horizontales. Tradicionalmente se elegía una carrera al finalizar la enseñanza media y si en tercer año el estudiante quería hacer un cambio de facultad tenía que volver a la enseñanza media. Es humanamente injusto y pedagógicamente equivocado. Por eso intentamos crear mecanismos para que quienes tengan un año aprobado en la Udelar y quieran cambiar de carrera no tengan que volver a secundaria.

-En medio de la discusión presupuestal, los gremios educativos montaron una Carpa de la Dignidad. ¿Es partidario de esa medida? [ver página 5]

-El rector debe tener absoluto respeto por las medidas gremiales, aunque pueda tener su opinión de cuáles son los caminos más convenientes para la Universidad y el país.

-¿Cuáles son?

-Que la gente se sienta cada vez más a gusto con su institución, que conozca más cosas de la Udelar y que pueda estar satisfecha con su trabajo. Sería importante que en esta etapa los universitarios priorizáramos los aportes que podemos hacer a los intereses de la República. ¿De qué va a depender que la ciudadanía respalde una creciente inversión en la Udelar? Básicamente, de que vea que vale la pena hacerlo y que la Udelar va por buen camino. La estrategia tiene que ser construir un apoyo social y cultural a largo plazo y democráticamente fundamentado.