El caso Fernández

-¿Cómo vivió el proceso vinculado con el ex secretario de Presidencia Gonzalo Fernández? -Lo viví con dolor porque Gonzalo es de mi amistad y sabía que eso lo afectaba mucho. Y con una profunda convicción de que su actuación no se había apartado de ningún principio ético, y le diría que hasta con cierta angustia, porque acá en la secretaría de Presidencia pasan 150 expedientes por día. En esas circunstancias, la posibilidad de cometer errores es permanente. No estoy diciendo que Gonzalo haya cometido un error, pero estoy diciendo que estamos expuestos permanentemente. -Se ha cuestionado que como frenteamplista no haya concurrido al Tribunal de Conducta Política [TCP]. -Es muy difícil valorar en esas circunstancias. Hay situaciones que terminan saturando. Quizás agotar las instancias ante los compañeros hubiera sido una buena cosa. Lo que sucede es que hay que entender que el episodio estuvo precedido de un pronunciamiento en el que se hablaba de que no había ningún tipo de responsabilidad y, sin embargo, se solicitó el pasaje al TCP. Y muchas veces no logramos apreciar que el hecho de que el TCP realice un análisis no significa necesariamente un juzgamiento negativo. -En algún momento se interpretó esto como un intento de pegarle un tiro por elevación a la administración de Vázquez. -En este momento tenemos una oposición muy débil. Eso tiene cosas buenas, como que uno puede encarar seriamente políticas de Estado, y malas, porque sin un tribunal examinador permanente, muchas veces uno tiende a descansarse. Y eso se logró mediante acuerdos. El presidente ha sido un gran tejedor de acuerdos. Digo que hay una oposición débil en el sentido de que no ha actuado con agresividad, y hemos coincidido en una cantidad de iniciativas. Pero sucede que en la sociedad es mucho más redituable el conflicto que el acuerdo. Entonces, cuando no existe ese conflicto permanente, muchas veces se tiende... no digo a inventar, pero a ir dibujando los matices como si se refirieran a un conflicto real. Entonces, cualquier elemento que pudiera alimentar un enfrentamiento Vázquez-Mujica era bienvenido. Este episodio podía dar lugar a eso. Quien procedió a desactivar absolutamente esa situación fue Mujica con el gesto de concurrir a la casa de Fernández a decirle: “Tiene todo mi apoyo”. Fue un gesto político riesgoso en ese momento, todos somos conscientes de eso. -¿En el FA hubo quienes tuvieron la intención de golpear indirectamente a Vázquez? -No lo descarto, pero no puedo probarlo. No vi una maniobra orquestada de algún sector que estuviera tratando de poner en la picota a Gonzalo como un tiro por elevación contra Tabaré. Desconozco la interna de los sectores que votaron a favor de pasar los antecedentes al tribunal, como el MPP y el PCU. También pueden haber dicho: “No le demos más pasto para los rumores, llevemos esto al TCP y terminémoslo por los carriles normales”.

-Se ha dicho que este gobierno tiene una agenda demasiado abierta. ¿Qué opina?

-Cada gobierno tiene sus improntas. El de Tabaré tenía una impronta mucho más sistemática, más científica, más metódica, en tanto que el de Mujica tiene una impronta más de ir a la sustancia de lo que son los grandes temas que hacen al país. Mujica dice, por ejemplo, que el sistema educativo tiene carencias, fallas. Eso genera rispidez y reacciones, porque en general en esa lectura primaria es donde se prenden muchos actores, y entonces dicen: “Se nos está atacando, se nos está estigmatizando”. Pero hay veces en que parece que no se escuchara al presidente. Hizo un apoyo explícito a las autoridades de la enseñanza, pero prácticamente pasó desapercibido.

-Con el tema tributario Mujica convocó un debate nacional y dio su opinión personal. Eso motivó reacciones de los empresarios, por ejemplo. ¿Ese estilo no complica en ciertos temas al gobierno?

-Es posible que complique en lo inmediato. Lo que sucede es que no se percibe con claridad cuál es la profundidad del cambio que está planteando Mujica en la forma de hacer política. Se le reclama que dé señales claras. Pero él lo ha dicho: yo no tengo la verdad revelada, quiero que ustedes piensen conmigo. El estilo de hacer política de Mujica es absolutamente diferente al de todos los gobiernos anteriores, y a veces me da la sensación de que la sociedad uruguaya no lo escucha con suficiente atención cuando él dice que el país no es un cuartel, que no hay quien manda y quien obedece. Los temas no son en blanco y negro. La política tributaria es un asunto muy complejo, porque involucra una cantidad de factores que juegan para generar un equilibrio, entonces no podemos tener la actitud inconsciente de decir: tocamos acá porque nos parece, y alteramos determinados equilibrios, porque también el equilibrio es importante para la marcha de la sociedad.

-El miércoles Danilo Astori cuestionó un estado de “asamblea permanente” en el Frente Amplio [FA]. ¿Cuál es la distancia entre esto y lo que plantea Mujica?

-Astori no lo plantea como un estado de pensar entre todos las situaciones sino como un estado en el cual todo el mundo tira mensajes en forma inadecuada en lo formal. Si todos nos estamos hablando por intermedio de la prensa y no dialogamos entre nosotros, que formamos parte de una misma fuerza política, eso es lo complejo. Acuerda exactamente con lo que está planteando el presidente.

-Hay una reunión pendiente de Mujica mano a mano con el Partido Comunista del Uruguay [PCU]. ¿Por qué no se ha concretado?

-El presidente mantiene un vínculo permanente con los referentes de cada uno de los sectores. El PCU tiene un referente del sector en el gabinete, y el presidente fue explícito en el Consejo de Ministros en respaldar la acción de la ministra [de Desarrollo Social, Ana] Vignoli. Lo ha dicho públicamente: el PCU es uno de los referentes en el FA. No hay dudas en ese aspecto, y tampoco creo que los compañeros del PCU tengan la más mínima duda de que el presidente los va a escuchar siempre. Lo que él plantea es: no entremos en una situación en la cual, mediante formas de comunicación equivocadas, podamos llegar a no entendernos.

-Los blancos plantearon su inquietud respecto a una licitación en UTE y los posibles vínculos con el viaje que hizo Mujica a España.

-Eso forma parte de los episodios que para mí son dolorosos. El gobierno ha tenido capacidad para tejer algunas alianzas que permiten avanzar en políticas de Estado, y como no hay una fuerte oposición al gobierno terminan sucediendo este tipo de episodios. Lo único que puede haber en esto son perfilismos. Que el doctor Lacalle se enoje y se retire de sala me parece algo excesivo, así como que Bordaberry diga que no sólo hay que serlo sino parecerlo. Si hay alguien que lo es y lo parece es el presidente Mujica. Toda la información sobre el viaje a España es pública. Que se sospeche que porque el presidente se entrevistó con el presidente del Real Madrid pueda estar favoreciendo la licitación en UTE me parece de bajo nivel.

Planes y plazos

-¿En qué etapa está la definición de los coordinadores regionales?

-Estamos trabajando en ver cuáles serían las regiones, pero para eso confiamos muchísimo en el criterio del presidente, entonces no nos hemos reunido aún para ver cuál es el criterio sobre cuya base se definen. Mujica ha pensado en personas jóvenes que no necesariamente tengan una identificación partidaria determinada. Es más, a nosotros nos apoyó en esta iniciativa un sector del Partido Nacional que nos ha hecho llegar expresamente su voluntad de que no se los asocie con esos cargos porque se podría entender como un intercambio de apoyos.

-En materia de reforma del Estado, ¿en qué se planifica avanzar en los próximos meses?

-Ahora atacamos el tema de los recursos humanos en la administración central y queremos que se extienda a los entes autónomos y servicios descentralizados. Vamos a seguir con el estatuto del funcionario público, pretendemos ordenar no sólo como se selecciona e ingresan los funcionarios sino cómo es el estatuto del funcionario cuando está vinculado al Estado. Pretendemos ordenar la defensa del Estado en juicios. Sobre todo, lo que hemos notado es que muchas veces hay una absoluta desconexión entre reparticiones que tienen que defender la misma causa, con argumentaciones a veces contradictorias, lo cual lleva a que un juicio inevitablemente se pierda. Pretendemos ordenar el sistema de compras del Estado, que ya comenzó con una central de compras en el Ministerio de Salud Pública que ha abaratado enormemente el costo de los medicamentos, pero pretendemos que se pueda generalizar. Ahora trabajamos en ver cómo desarrollamos la idea de crear un ministerio al que a mí me gustaría llamar “de asuntos jurídicos y de derechos humanos”, me parece que “asuntos de justicia” de alguna manera genera rispideces con la administración de justicia que lleva adelante el Poder Judicial. Ahí hablamos de defensa del Estado, de registros, de defensoría pública.

-¿En qué plazos se plantea su creación?

-El tiempo político ideal para la creación de un ministerio de esas características es 2011, porque después estamos a mitad del período de gobierno, se acercan las elecciones y es más complejo.

-¿Cambiará el gabinete en 2011?

-No. De acuerdo con la información que manejo no estaríamos teniendo ningún tipo de cambio en los ministerios en 2011. Además, hay ministerios que tienen una relación estrecha entre la figura del ministro y la cartera en sí. Tocar la figura del ministro -no tengo empacho en decir que estoy hablando de Interior, Defensa y Economía- significa no solamente un cambio de ministro sino que genera ruidos externos, porque en esos casos puede significar cambios en el rumbo.

Pepe y Tabaré

-¿Mujica tiene más marcha atrás que Tabaré Vázquez?

-Sí. En ese sentido es claro el episodio del conflicto con Argentina. Con esto no estoy haciendo un juicio de valor, estoy diciendo que a veces es mejor decir: “Hasta acá llegué y me planté” y a veces es mejor dar marcha atrás. También hay que reconocer que en algunos episodios el doctor Vázquez tuvo la suficiente capacidad para decir: “Bueno, si el FA está en esta posición, yo me avengo”. Ahora, si la pregunta es si Mujica tiene más marcha atrás, sí.

-¿Siente que hay cierto menosprecio hacia Mujica cuando se lo compara con Vázquez?

-Creo que ambos tienen visiones estratégicas muy claras de hacia dónde van. Pepe sabe perfectamente hacia dónde va y qué sociedad quiere. Lo que sucede es que él tácticamente reconoce que debe manejarse con una herramienta que respeta muchísimo que es el FA, donde conviven tendencias más socializantes y más socialdemócratas. Esa herramienta la tiene que preservar y además tiene que moverse en otras condiciones, porque no arranca de cero como Vázquez. Entonces de pronto ese rumbo estratégico se nota menos. Pero es un rumbo estratégico y además ideológico, porque si tú no tienes una sociedad en la que la gente tenga valores como la austeridad y el no consumismo no puedes ir a la sociedad que él quiere ir, que es una sociedad mucho más solidaria y justa.

-¿Cómo conforma Mujica sus equipos?

-Él hace mucha confianza personal en la gente, en los valores que aprecia en la gente que lo rodea, más que en la parte de capacidad intelectual. Él se maneja más con la intuición de cómo es esa persona en lo humano que en lo técnico. Y en general ha conformado muy buenos equipos.

-El hecho de que pase, como en Economía, que el ministro y el subsecretario vienen de tendencias diferentes, ¿no genera más choques?

-Puede ser, pero también el presidente manda un mensaje muy claro, que no es una amenaza: se va el ministro y se va el viceministro. ¿Y esto qué significa? Trabajen juntos, no puede ser que dos personas que están embarcadas en el mismo proyecto no puedan trabajar juntas. Lo que el presidente les está diciendo es: “No podemos estar molestándonos permanentemente por un quítame esas pajas. Nos debemos a una cosa mucho más trascendente. Dejemos de lado los temas personales, si me gusta más la forma en que te vestís, si tenemos enfoques ligeramente distintos sobre cómo llevar adelante tal acción. Discutámoslo, veamos cuál es el consenso. No hay que dificultar la tarea del equipo”.

-¿Cómo ve la relación entre Mujica y la barra del Movimiento de Participación Popular [MPP]?

-La barra chica, como todas las barras dentro del FA, es complicada. Hay un profundo sentido de lealtad del MPP hacia el presidente, pero una de las virtudes que tiene el MPP es que es una organización de librepensadores, son tipos que cuestionan y como se sienten particularmente cerca de Mujica se sienten con el derecho de decirle: “Mirá, Pepe, que esto por acá no va”. Pero la relación es buena y de fuerte apoyo, porque el MPP es una organización disciplinada y sus integrantes saben que las mayorías parlamentarias que tenemos no son particularmente generosas, y hay que ser muy cuidadosos. Mujica siente esa lealtad de su sector de origen, independientemente de que él ha sido enfático en que para construir políticas de Estado tiene que dejar bien claro que es el presidente de todos los uruguayos. No puede estar atado a ninguna barra aunque no pierda sus afectos.

-Parece claro lo que va a hacer Vázquez en 2014, pero ¿dónde lo imagina en todo el período previo que queda?

-No me atrevo a decir que estará en tal o cual lugar de la estructura, pero estoy absolutamente seguro de que mantendrá una actitud de permanente apoyo al presidente Mujica. Sé que Tabaré es una persona noble.

-¿Espera también eso del “vazquismo”?

-Espero eso, después podrá haber actitudes individuales que nos gusten más o menos. Mientras no se caiga en la descalificación está todo bien. En el vazquismo hay una cantidad de gente, como pasa con el mujiquismo, y en ningún caso es imposible descartar actitudes que puedan no gustar o hasta no gustar nada.

-¿Qué episodios no le han gustado en este primer año?

-Me ha molestado, y no porque sea un agravio, la falta de comprensión a la visión que tiene Mujica a largo plazo. Algunos compañeros, integrantes de la fuerza política, del elenco parlamentario o sindicalistas, han salido a decir que éste es un gobierno que habla mucho y hace poco. Esa actitud me ha molestado mucho porque denota que no se escucha y no se comprende la profundidad del pensamiento del presidente.