Ésas son algunas de las preguntas que se hace el prosecretario de Acervo Histórico del Partido Colorado (PC), Ernesto Castellano, quien además ha publicado tres libros 
-Crónicas coloradas de Tacuarembó (2006), Crónicas coloradas de Rivera (2008) y Escobar, el vencedor de Masoller (2009)- vinculados a la historia del partido uruguayo con más años en la función de gobierno.

Red folk

El PC también tiene cantores populares para reivindicar. El payador Wenceslao Varela integró listas de votación por San José y el folclorista Santiago Chalar también se candidateó, aunque lógicamente lo hizo con su nombre real: Carlos Paravís. “Supimos tener referentes culturales, hoy ya no los tenemos. Una explicación posible, aunque seguro que hay otras, es que muchos valores culturales se transmitían a través de los medios de prensa, y eso ha cambiado”, manifestó Castellano. El prosecretario de Acervo Histórico recordó que los colorados llegaron a tener, en forma simultánea, el diario de mayor tiraje nacional (El Día), el más leído en la capital (El Diario de la Noche) y el medio “que no faltaba en ningún escritorio rural” (La Mañana).

Este último parece ser clave para el análisis de Castellano: según su punto de vista, el PC estuvo durante buena parte de su historia “especialmente abocado” a las tareas en el Poder Ejecutivo, y por eso “descuidó” la reivindicación de sus personalidades más importantes, de los valores partidarios y de los hechos “que marcaron la construcción de la historia colorada y del país”.

“Revertir esa realidad no es algo que se haga en cinco minutos. Además, es algo que está relacionado a nuestra matriz liberal. El PC nunca quiso hacer historia oficial y no tuvo desde el gobierno una mentalidad hegemónica ni de querer dominar todos los ámbitos de la sociedad”, reflexionó el prosecretario de Acervo Histórico.

La derrota electoral de 2004, según admitió, implicó un giro en este proceso, ya que después de esa instancia muchos militantes colorados sintieron la obligación de “mirar más hacia el pasado para identificar y recuperar valores, que nos sirvan para reorganizar el partido y avanzar”. A partir de eso se han organizado actividades que responden a esa mirada: en 2010 se recordaron los 25 años de la vuelta de la democracia y el “cambio en paz”; en ocasión del Bicentenario se homenajeó la figura de Fructuoso Rivera, y en 2011, en el marco del Día del Patrimonio, se recordó el comienzo de la segunda presidencia de José Batlle y Ordóñez, al punto de que se colocaron tres paneles en la sede partidaria con los principales logros de ese período.

Altos y bajos

La segunda administración de Batlle y Ordóñez abarca desde marzo de 1911 a marzo de 1915, cuando asumió el salteño Feliciano Viera, y por eso en los próximos años los colorados recordarán el centenario de “una serie de transformaciones muy importantes”.

Una de ellas es la promulgación de la ley, en 1912, que extendió la educación secundaria al interior del país y que había sido aprobada por el Poder Legislativo un año antes. En aquel debate parlamentario, el miembro informante por el PC fue José Enrique Rodó, que si bien mantuvo diferencias políticas con Batlle y Ordóñez, coincidió con él en esta iniciativa. Castellano recordó otros avances importantes de ese gobierno: la extensión de las escuelas agronómicas en el interior del país; la Ley del Divorcio; la ley contra el maltrato de animales; la consolidación de una serie de proyectos de protección a los derechos de la mujer; y la creación del Banco de Seguros del Estado, entre otros. “La mayoría de las leyes sociales de avanzada del batllismo son de su segunda gestión”, indicó Castellano, quien subraya la “gran vigencia” de Rodó en América Latina, en contraste con el escaso reconocimiento a nivel nacional. “En varios sentidos los colorados hemos sido muy pasivos al momento de reivindicar nuestra historia y nuestros hombres”, reiteró.

El dirigente colorado se entusiasma cuando habla de las figuras históricas que el PC debería “recuperar”: el pintor Pedro Figari y sus “revolucionarias” propuestas educativas; Héctor Grauert y su aporte al momento de fundar la lista 15 junto con Luis Batlle Berres, o la maestra rural Elsa Fernández de Borges, que trabajó en las “escuelas granja” de Tacuarembó, en las que luego participaría su amigo Julio Castro. También habló de Alba Roballo -que en 1968 se convirtió en la primera ministra de América Latina- o de la ley de jubilación para el trabajador rural, impulsada en la década del 40 por Domingo Bordaberry, abuelo de Pedro.