Son 40 años, aunque no exactos: “Es un redondeo, en realidad. En diciembre de 1974 toqué en un concierto del ciclo Música en las naves, del SODRE, en la iglesia del Juan XXIII, un concierto de Haendel para órgano y cuerdas, con la orquesta de la Asociación Uruguaya de Músicos. En 1978 interpreté por primera vez ʻoficialmenteʼ canciones, en un ciclo que hacía Cinemateca Uruguaya en el Cine Pocitos. El año anterior había tocado ese tipo de repertorio en algunos clubes de barrio”, dice Maslíah, cuyo primer disco, Canciones barias, apareció un poco después de eso, en 1980, y un poco antes del imprescindible Falta un vidrio, aquel que traía “Agua podrida”, “La moto”, “Superman” y “Adiós Miguel”, por nombrar los temas más conocidos de un artista —no olvidemos su obra como escritor— capaz de unir lo formal con lo coloquial, lo popular con lo experimental. El espectáculo que dará este domingo en el Solís no buscará, sin embargo, seguir aglutinando tanta disparidad: “No va a haber ningún hilo, ni este espectáculo pretende ser ningún tipo de resumen de mi actividad musical, que abarca cosas que no me cuentan como intérprete”, avisa.

Entre quienes alternarán en el escenario con Maslíah en dúos u otras formaciones estarán músicos que lo acompañaron en los últimos años, como Carlos Morales en guitarra, Lucía Gatti en chelo, Martín Morón en trombón, Sara Genta en guitarra y flauta, Tato Bolognini en batería, Nicolás López en bajo y Emiliano Pereira en clarinete y saxo, además de Paula Maslíah, su hija, como cantante invitada.