Cuando se dieron a conocer los resultados de las elecciones legislativas estadounidenses, ayer de madrugada, todos festejaron: los republicanos porque ampliaron su número de escaños en el Senado, y los demócratas porque lograron quedarse con el control de la Cámara de Representantes después de ocho años. Los números reflejan de una manera muy gráfica la división que provocó la llegada del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a la Casa Blanca.

El Partido Demócrata necesitaba ganar 218 bancas para lograr la mayoría en la cámara baja y obtuvo 222, frente a las 196 que alcanzó el gobernante Partido Republicano. En el Senado, el oficialismo logró mantener la mayoría parlamentaria e incluso ampliarla, al ganar dos escaños más. Cuando asuma el renovado Congreso, en enero, habrá 51 senadores republicanos en una cámara de 100. La oposición, en cambio, perdió dos escaños y sumará en total 46.

Los republicanos derrocaron a cuatro demócratas que aspiraban a la reelección en el Senado en los estados de Florida, Indiana, Dakota del Norte y Missouri. Los demócratas, en contrapartida, ganaron la gobernación en dos estados que en 2016 fueron claves para la elección de Trump: Michigan y Pensilvania.

Es que el martes también se renovaban las gobernaciones de 36 de los 50 estados. Los resultados de esta competencia dejaron al país con 26 gobernadores republicanos y 23 demócratas, y ayer quedaba un ganador sin proclamar. A pesar de que el Partido Republicano obtuvo más estados, en estas elecciones perdió seis, mientras que los demócratas ganaron siete (entre ellos Alaska, que hoy gobierna el independiente William Walker).

Así las cosas, la segunda mitad del mandato podría ser cuesta arriba para Trump. A la cabeza de todas las comisiones de la cámara baja, los demócratas pueden investigar cuestiones como la situación tributaria del presidente, posibles conflictos de interés empresariales o los potenciales vínculos entre Rusia y la campaña de Trump durante las elecciones presidenciales de 2016. También podrán obligarlo a reducir algunas de sus ambiciones legislativas impidiendo el financiamiento del polémico muro en la frontera con México, la aprobación de un segundo gran paquete de recorte de impuestos o llevar adelante sus políticas comerciales de línea dura.

En materia de política exterior, es posible que los diputados demócratas intenten endurecer la postura de Estados Unidos hacia países como Arabia Saudita, Rusia y Corea del Norte, y mantener el statu quo en otros como China e Irán.

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El nuevo panorama pondrá a prueba la capacidad de Trump de lograr acuerdos, algo en lo que ha mostrado poco interés en sus dos primeros años de gobierno, incluso cuando contaba con el control republicano de las dos cámaras del Congreso. Ayer, en una conferencia de prensa en la Casa Blanca, el gobernante consideró que “desde el punto de vista de las negociaciones”, los republicanos tienen “una oportunidad muy buena” de “llevarse bien con los demócratas”. Sin embargo, advirtió que se negaría a cooperar con ellos “en temas legislativos” si efectivamente deciden iniciar investigaciones en su contra desde la cámara baja. “Si eso ocurre, vamos a hacer lo mismo [contra los demócratas desde el Senado], el gobierno se paralizará, y les echaré la culpa”, dijo Trump. Agregó que eso lo favorecería a él porque es “mejor en el juego que ellos”.

Ya en las últimas semanas, el presidente había reconocido que lo más importante para él era retener el control del Senado. Esto se debe a que algunas cuestiones que considera prioritarias –medidas legislativas o la aprobación de sus designados para integrar el gabinete, por ejemplo– sólo requieren la aprobación de esta cámara.

Sobre los resultados de las legislativas, el presidente no reconoció ningún tipo de derrota y celebró lo que calificó de “algo muy cercano a una victoria completa”. Para el mandatario, el Partido Republicano “desafió la historia” porque registró “el mayor avance en el Senado del partido de un presidente en su primer mandato desde por lo menos [John F] Kennedy en 1962”.

Del otro lado de la cancha, la líder de la bancada demócrata en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, aseguró que las elecciones del martes constituyeron “una votación para restaurar la salud de la democracia” y defender el derecho a la salud. “El mayor vencedor fue la salud para la gente de Estados Unidos, para nuestra gente mayor y las familias trabajadoras”, insistió ayer Pelosi, que resultó reelecta y a partir de enero será la presidenta de la cámara baja.

Por otra parte, y en relación con el partido del gobierno, Pelosi dijo que los demócratas tienen “la responsabilidad de buscar un terreno común” donde puedan trabajar juntos, en una hoja de ruta que, a su entender, tiene que basarse en “la apertura, la transparencia, la responsabilidad y el bipartidismo”. Finalmente, la diputada destacó “la extraordinaria clase de dinámicos y diversos candidatos demócratas” que ganaron y reconoció que fueron las mujeres quienes “lideraron” esa victoria.

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Un Congreso más diverso

Más allá de las percepciones partidistas, los resultados de las legislativas del martes confirmaron la fuerza de las candidaturas de mujeres al Congreso y marcaron varios hitos en Estados Unidos. Uno es la elección como diputadas de Ilhan Omar y Rashida Tlaib, quienes se convertirán en las primeras mujeres musulmanas en ocupar una banca en el Congreso estadounidense. Omar, de origen somalí, arrasó en Minnesota al obtener cerca de 80% de los votos. En tanto, Tlaib, hija de inmigrantes palestinos, fue elegida para representar a Michigan en la cámara baja con 84% de respaldo.

Otras dos mujeres también han marcado una primera vez en la historia: Deb Haaland, en Nuevo México, y Sharice Davids, en Kansas, serán las primeras mujeres indígenas en ocupar un escaño en la Cámara de Representantes. Tanto las dos diputadas musulmanas como las indígenas pertenecen al Partido Demócrata.

Estas midterm elections también quedarán marcadas por la elección del primer gobernador abiertamente homosexual. Se trata del demócrata Jared Polis, quien gobernará el estado de Colorado después de imponerse ante el republicano Walker Stapleton. Polis, que fue electo diputado en 2009, llegó a decir durante la campaña que su victoria permitiría “meterle un dedo en el ojo” al vicepresidente estadounidense, Mike Pence, “que tiene una idea muy poco inclusiva de Estados Unidos”.

El número de mujeres que llegaron al Congreso en estas elecciones es, por sí mismo, un hito. Los del martes fueron los primeros comicios estadounidenses que se celebran después del nacimiento del movimiento #MeToo, que empezó para denunciar casos de acoso sexual en el mundo del espectáculo y con el paso del tiempo se convirtió en una forma de repudiar la agenda de Trump.

La movilización de las mujeres estadounidenses en las calles impulsó a muchas a participar en la política como militantes pero también, y sobre todo, como candidatas. El resultado es un nuevo récord de mujeres electas en el total de las dos cámaras.

Los estadounidenses eligieron el martes a 96 mujeres para la Cámara de Representantes y 116 para el Senado, lo que lleva la representación femenina al récord de 22%, según los últimos recuentos, que al cierre de esta edición seguían en marcha. Actualmente, esa representación en las dos cámaras es de 20%.

Las mujeres jugaron un papel fundamental en la victoria de los demócratas en la Cámara de Representantes, y es en esta cámara en la que se ve el mayor avance, ya que los 96 escaños femeninos batieron el récord anterior de 84 diputadas elegidas en las elecciones de 2004. La victoria de Alexandria Ocasio-Cortez en Nueva York es un símbolo de este avance: cuando asuma como diputada, esta demócrata latina, de 29 años, se convertirá en la congresista más joven de la historia de Estados Unidos.

Por su parte, las también demócratas Verónica Escobar y Sylvia García serán las primeras hispanas en representar a Texas en el Congreso, mientras que Debbie Murcasel-Powell, de origen ecuatoriano, dio una de las grandes sorpresas al imponerse a su rival republicano en Florida con más de 50% de los votos. También la demócrata Ayanna Pressley se convirtió en la primera mujer negra en representar al estado de Massachusetts en la cámara baja. Por su parte, la republicana Marsha Blackburn fue la primera mujer elegida senadora en la historia de Tennessee.

Trump destituye a su fiscal general

El fiscal general de Estados Unidos, Jeff Sessions, presentó ayer la renuncia a su cargo a instancias del presidente Donald Trump, finalizando así meses de enfrentamientos entre ambos. Según informó CNN, durante la última semana Trump le había vuelto a pedir a Sessions que dejara el puesto, algo que ya había hecho el año pasado.

La tensión entre el gobernante y el fiscal general surgió como consecuencia de la decisión de Sessions de inhibirse de la investigación de la llamada “trama rusa”. Este paso precedió al nombramiento del fiscal especial Robert Mueller para que investigara de forma independiente la supuesta coordinación entre la campaña del presidente y el Kremlin en las elecciones de 2016.