Gianfranco Ruggiano es el nuevo director del Instituto Superior de Educación Física (ISEF) de la Universidad de la República (Udelar). Asumió el 14 de febrero y el nuevo puesto no lo encuentra mal parado: fue asesor académico y durante los últimos dos años se desempeñó como director del Departamento Educación Física y Prácticas Corporales del ISEF, por lo que desde hace tiempo se siente “parte del proceso”. Su proyección para los próximos cuatro años es seguir trabajando en la misma línea que su antecesora, Paola Dogliotti, con dos desafíos principales: continuar la consolidación del campo académico y encaminar el proceso hacia la liberación total de la matrícula, porque hasta el momento los cupos “les sacan el derecho a estudiar a los jóvenes que quieren hacerlo”. De hecho, con las inscripciones cerradas para este año, 1.608 estudiantes no podrán ingresar a la licenciatura en Educación Física, teniendo en cuenta las cuatro regionales de la Udelar. Ruggiano conversó con la diaria sobre los futuros planes, que incluyen, entre otras cosas, la adaptación al nuevo plan de estudios de 2017, el aumento en la matrícula, la creación de maestrías y el lanzamiento de títulos de pregrado, además de la consolidación edilicia.

¿Cómo encontraste al ISEF cuando tomaste la posta?

–Lo encuentro con unos primeros grados de consolidación en cuanto a su transformación institucional, en la que veníamos trabajando desde antes. Esto implica una dimensión edilicia, una académica, otra presupuestal, así como una dimensión de trabajo de funcionarios técnicos, administrativos y de servicio. Se ha venido trabajando en reorganizar planes de estudio, y en proyectar lo que los docentes hacemos en términos de producción de conocimiento y de formación.

¿Cuáles son los grandes lineamientos que tenés en mente para el período?

–Desde hace ocho años los desafíos del ISEF se pueden resumir en dos grandes líneas: consolidar el campo académico de la educación física, y, en ese sentido, posicionarse como el referente académico a nivel nacional en la producción de conocimiento, y, por otro lado, eliminar las restricciones en el acceso. A su vez, creo que como hemos alcanzado un primer nivel de estabilización de los procesos es insuficiente sólo hablar de esas dos grandes líneas; hoy tendríamos que consolidar y equilibrar el desarrollo de los departamentos académicos dentro del ISEF. Tenemos áreas como salud y deporte bastante deficitarias en términos de investigación y extensión, mientras que en el área de ciencias sociales y educación el vínculo con la práctica profesional está más consolidado y se ha reflejado en un mayor desarrollo académico.

¿Para consolidar el campo académico hay que posicionarse como referente?

–Me parece importante que el instituto pueda posicionarse como referente académico porque es débil la participación que tenemos en el Sistema Nacional Integrado de Salud y en el deporte, nos falta profesionalización o formalización de los profesores de educación física en estas áreas. Hoy hay participación en el área de salud, hay un trabajo que ha ido generando cierta acumulación, pero no tenemos, como otros países, un reconocimiento institucionalizado de que los profesores de educación física podemos participar en un nivel de asistencia dirigido a la prevención. Curiosamente, en el deporte no pasa lo mismo, pero tampoco existe ninguna reglamentación o legislación que obligue a contratar profesores de educación física por parte de ningún organismo público o privado. En la medida en que no tenemos un campo profesional formalizado es muy difícil para nosotros visualizar también un campo académico claro. En eso estamos, y creo que es un gran desafío para los próximos años.

¿Qué acciones concretas plantean para esta primera línea de trabajo?

–Estamos apostando fuerte a que pueda ponerse en funcionamiento este año la maestría en Educación Física: la vemos como una de las herramientas que permitirá a docentes que no tienen la posibilidad de viajar al exterior, o que están interesados en hacer su formación de posgrado en otras áreas de la universidad, tener una formación específica del ISEF. A su vez, desde el año pasado se puso en marcha el programa Fase B de la Comisión Sectorial de Investigación Científica, que tiene como objetivo fortalecer las capacidades de producción de conocimiento. Nuestra propuesta es muy sólida en cuanto a vínculos con otras universidades de la región y con otros servicios de la Udelar. Además, proponemos una transformación radical de las estructuras docentes, que involucre a los primeros grados de la carrera académica en el proceso de producción del conocimiento.

La segunda línea de trabajo es la liberación de la matrícula, ¿cómo están discutiendo eso?

–Tenemos que jugar esta discusión en dos planos: uno discursivo, más conceptual y simbólico, y otro material. Conceptualmente, planteamos hace mucho tiempo que los cupos o las restricciones al ingreso son un problema de derechos: se los negamos a la gente que quiere entrar. Esta es una discusión que nos costó mucho dar internamente. Entendemos que quien egresa de secundaria tiene derecho a entrar al ISEF, pero pasar esto a materializaciones no ha sido sencillo. Mientras existió la prueba [física y teórica], tácitamente se dejaba de lado el derecho a entrar: si tenías que salvar una prueba que demostraba que sabías nadar y estabas en silla de ruedas, no podías ni hacerla, la exigencia física generaba un ranking que dejaba por fuera a un montón de personas. En este sentido, me parece mucho más potente la discusión del ingreso en términos conceptuales. Necesitamos plantear esto como una cuestión de derechos que estamos negando a quienes quieren estudiar.

También hay un plano material que frena el ingreso.

–Hay una realidad material: ¿cuántos estudiantes permitimos que entren a las carreras en el espacio que tenemos? Estamos llegando al límite de nuestras posibilidades, nos estamos quedando sin salones donde dar clases, y eso es una realidad para todas las regionales.

¿Qué acciones van a apuntar a eliminar las restricciones de ingreso?

–Vamos a intentar priorizar que siga aumentando el número de ingresos año a año. Lo vamos a hacer de forma localizada en cada una de las regionales, empezando por Paysandú y Rivera, que están con obras de infraestructura avanzadas. Además, si miramos los números de preinscriptos, en esos departamentos estamos más cerca de cumplir la demanda, aunque en todas las regionales ya excedimos por mucho lo que estábamos en condiciones de aceptar. En Maldonado dependemos, de la misma forma que en Montevideo, de las mejoras edilicias.

Con la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) se han hecho varios acuerdos, ¿cómo va a seguir siendo el trabajo conjunto?

–Una cosa muy buena que tuvo la gestión de Paola [Dogliotti] fue formalizar y repensar el vínculo que el ISEF tiene, como instituto de formación docente, con actores del campo profesional. Con la ANEP se hizo una serie de convenios que ayudaron a transformar las prácticas docentes, que hasta el momento venían funcionando diferente de las de los demás docentes. Hay un primer nivel que se logró en la firma de los convenios, que es el pago de los adscriptores por parte de la ANEP cuando recibían estudiantes; pero el ISEF tiene que aproximarse muchísimo a quienes hoy son adscriptores, que reciben estudiantes que se están formando. Para eso estamos ofreciendo cursos de educación permanente, porque los cambios en la educación física han sido muy grandes y buscamos acercarlos a los núcleos de investigación.

Se inauguró a fines de febrero el Centro de Memoria de Educación Física. ¿Por qué es necesario tenerlo?

–El centro empezó en el período anterior, a partir de la lectura de que el ISEF necesita posicionarse como referente académico en un montón de áreas en las que al día de hoy no tenemos una participación tan clara. Viene a llenar un hueco en la conservación y preservación de material de archivo y de biblioteca para la producción de conocimiento, porque había un montón de información con la que trabajamos cuando tocamos un área más historiográfica que estaba en bolsas, sin catalogar, en sótanos. Recuperarlo permitiría que podamos seguir mirando la tradición del campo, no perderla de vista.

Derecho de admisión

Licenciatura en Educación Física:

Montevideo: 1.973 inscriptos para 683 plazas (117 ingresaron directamente porque 2018 es el tercer año consecutivo en el que aspiraron al ingreso).

Maldonado: 389 inscritos para 300 plazas.

Paysandú: 223 inscritos para 144 plazas (seis ingresaron directamente porque es el tercer año consecutivo que aspiraron al ingreso).

Rivera: se distribuye para residentes de cada departamento: residentes de Rivera, 167 inscriptos para 50 plazas; residentes de Tacuarembó, 40 inscriptos para 20 plazas; residentes de Artigas, 21 aspirantes para 20 plazas; residentes de Cerro Largo, 18 inscriptos para 20 plazas; residentes de Santana do Livramento, 19 para 7 plazas.

Tecnicatura en Deportes:

Opción fútbol, en Montevideo: 574 inscriptos para 74 plazas

Opción básquetbol, en Paysandú: 108 inscriptos para 100 plazas

Opción atletismo, en Maldonado: 101 inscriptos para 100 plazas.