Pedro Pablo Kuczynski, ex presidente peruano, ayer, al abandonar el Palacio de Gobierno en Lima. Foto: Luka Gonzales, AFP

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Casi 20 meses después de haber asumido la presidencia peruana, Pedro Pablo Kuczynski anunció ayer su renuncia debido al “clima de ingobernabilidad” que, a su entender, “no permite avanzar”. El líder del partido Peruanos por el Kambio iba a comparecer hoy ante el Congreso, que tenía previsto someter a votación –por segunda vez– su destitución por “incapacidad moral”, por sus presuntos vínculos con la trama de corrupción de la constructora brasileña Odebrecht. Sin embargo, la publicación el martes de unos videos en los que legisladores intentaban comprar votos favorables al mandatario precipitaron el final de su mandato.

“Lo mejor para el país es que renuncie a la presidencia”, dijo Kuczynski en un video grabado que fue transmitido ayer en cadena nacional. Alegó varias razones. Denunció la “grave distorsión del proceso político” causada por la difusión de videos y audios que lo hacían “injustamente parecer como culpable de actos” en los que no había participado. Acusó a la oposición de “pintarlo” como “si fuera una persona corrupta” y liderar una “artimaña de demolición en contra del gobierno”. Finalmente, adelantó que habrá una “transición constitucional ordenada” y que su cargo será asumido por el primer vicepresidente, Martín Vizcarra, quien también es embajador de Perú en Canadá. Está previsto que Vizcarra llegue al país esta noche y reciba la banda presidencial horas después, informó el diario peruano La República.

Kuczynski llegó a la presidencia de Perú con la promesa de erradicar de todas las esferas del Estado la corrupción que tanto mal les había hecho a los peruanos durante los gobiernos anteriores. Nunca imaginó, probablemente, que tendría que abandonar el sillón presidencial a mitad de camino por la misma razón.

La pérdida de credibilidad del ahora ex mandatario fue gradual. El primer golpe tuvo lugar a mediados de diciembre, cuando salió a la luz que su empresa Westfield Capital había cobrado más de 782.000 dólares de Odebrecht por una consultoría elaborada entre 2004 y 2007, tiempo en que fue ministro en el gobierno del ex presidente Alejandro Toledo. En más de una ocasión, Kuczynski explicó que mientras ocupó cargos públicos se desligó de la gestión de su empresa, que quedó a cargo de un amigo suyo, y que por eso no sabía de la existencia de los pagos de la constructora brasileña.

Por estas acusaciones, su continuidad al frente del Ejecutivo fue sometida a votación el 18 de diciembre en el Congreso. Quienes promovieron la moción de destitución alegaban su “incapacidad moral” para encabezar el gobierno. En esa oportunidad Kuczynski se salvó gracias a los votos de Kenji Fujimori y otros nueve legisladores disidentes de Fuerza Popular, el principal partido opositor, liderado por la hermana de ese dirigente, Keiko Fujimori.

Pero el alivio no le duró mucho: seis días después volvió a ser cuestionado cuando le otorgó el indulto presidencial por “razones humanitarias” al ex mandatario Alberto Fujimori –padre de Kenji y Keiko–, que cumplía condena por delitos de lesa humanidad. De inmediato, los demás partidos opositores vincularon ese gesto de Kuczynski con el apoyo que había recibido de Kenji en el Congreso, aunque no había pruebas que lo demostraran.

El caso de Odebrecht volvió a acecharlo la semana pasada. El jueves 15, congresistas de los partidos Frente Amplio, Nuevo Perú, Fuerza Popular, Alianza para el Progreso y Partido Aprista Peruano volvieron a presentar un pedido de destitución contra el presidente. El principal argumento que presentaron fue que, en diciembre, los alegatos del mandatario fueron contradictorios. Esa sesión de votación iba a tener lugar hoy, y Kuczynski había mostrado su disposición a participar.

Sin embargo, el martes Fuerza Popular publicó una serie de videos y audios que mostraban a Kenji y a otros legisladores disidentes del grupo ofreciendo a sus pares el otorgamiento de obras públicas a cambio de que votaran en el Congreso contra la destitución del presidente. En uno de los videos, el menor de los Fujimori le pregunta al legislador Moisés Mamani, de Fuerza Popular: “¿Qué quieres, obras para tu región?”. En otro, el mismísimo abogado de Kuczynski, Alberto Borea, le ofrece a Mamani el número telefónico del ministro de Transportes y Comunicaciones, Bruno Giuffra, para que coordine con él cómo recibir obras. Más adelante interviene otro legislador cercano a Kenji, Bienvenido Ramírez, quien le asegura a Mamani que “a todos” les “han dado las obras”, después de apoyar a Kuczynski en la sesión de destitución de diciembre.

Al ser consultado por la prensa sobre la fecha de las grabaciones, en una conferencia, Mamani se limitó a decir que tienen “pocos días”. A la vez, afirmó que el hecho de que el gobierno “compre” los votos cuando constantemente asegura que “no hay presupuesto” es un “engaño” a la población.

Los demás partidos opositores coincidieron en la indignación y ayer pidieron la renuncia del presidente. Lo mismo hicieron incluso algunos oficialistas, como el secretario general de Peruanos por el Kambio, Salvador Heresi, que en Twitter aseguró que lo que revelaron los videos “afecta gravemente la democracia”, apeló a la “dignidad” de Kuczynski y le pidió “que renuncie pensando en Perú”. Agregó: “Si no lo hace, anuncio que votaré a favor de la destitución”.

Este fue sólo un ejemplo de varios congresistas que pensaban respaldar al presidente y después de que se hicieran públicas las grabaciones cambiaron su voto. Según el diario peruano El Comercio, luego de todas las repercusiones, los votos a favor de la destitución sumaban 103, es decir, 16 más de los requeridos. Kuczynski se adelantó y, horas antes, puso punto final a la cuestión.

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