Gina Haspel, nominada por el presidente Donald Trump, ayer, para dirigir la CIA. Foto: AFP, CIA, s/d de autor

Trump destituyó al secretario de Estado por desacuerdos en cuestiones de política exterior y puso en su lugar al director de la CIA

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, despidió de manera sorpresiva al secretario de Estado, Rex Tillerson, con quien ha tenido diferencias en asuntos vinculados con Corea del Norte, Rusia e Irán. Su lugar será ocupado por el actual director de la CIA, Mike Pompeo, un hombre muy cercano al mandatario y proveniente de la ultraderecha. Los últimos cambios en la integración del gobierno d...
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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, despidió de manera sorpresiva al secretario de Estado, Rex Tillerson, con quien ha tenido diferencias en asuntos vinculados con Corea del Norte, Rusia e Irán. Su lugar será ocupado por el actual director de la CIA, Mike Pompeo, un hombre muy cercano al mandatario y proveniente de la ultraderecha. Los últimos cambios en la integración del gobierno de Trump han sido los más significativos en el marco de una serie de ceses y dimisiones que se suceden desde que el presidente asumió el cargo, hace poco más de un año.

La reorganización del gabinete estadounidense fue anunciada al mejor estilo Trump: sin preámbulos y vía Twitter. “Mike Pompeo, director de la CIA, se convertirá en nuestro nuevo secretario de Estado. ¡Hará un trabajo fantástico! ¡Gracias a Rex Tillerson por su servicio! Gina Haspel se convertirá en nueva directora de la CIA, y en la primera mujer en ese cargo. ¡Felicitaciones a todos!”, escribió ayer el presidente a primera hora de la mañana.

La noticia fue tan fulminante que ni siquiera Tillerson estaba al tanto. Luego del anuncio, el subsecretario de Estado para la Diplomacia Pública, Steve Goldstein, dijo que el funcionario desconocía la “razón” de su despido y tenía “intención de seguir” en el puesto “dado el progreso realizado en seguridad nacional”. Al rato, Goldstein también fue despedido.

La salida de Tillerson ocurre después de meses de fricciones entre el primer mandatario y el ex titular de la gigante petrolera Exxon Mobil, de 65 años. Las tensiones alcanzaron su momento más álgido en octubre de 2017, cuando los medios informaron que, durante una reunión, Tillerson le dijo “idiota” a Trump y amenazó con renunciar. El entonces secretario de Estado se encargó de negar que esa información fuera cierta, pero el episodio agregó tensión a la relación.

“Llevamos mucho tiempo hablando de esto”, reconoció ayer Trump en los jardines de la Casa Blanca, antes de viajar a California. “Lo cierto es que nos llevamos muy bien, pero tenemos desacuerdos en algunas cosas”, explicó, y puso como ejemplo el acuerdo nuclear con Irán. “Tenemos una mentalidad diferente”, agregó.

El momento elegido para destituir a Tillerson no es casual. El anuncio llegó un día después de que el secretario de Estado contradijo la postura de la Casa Blanca al responsabilizar a Rusia por el envenenamiento del ex espía ruso Sergei Skripal y su hija en Reino Unido, y a pocas semanas de que Trump se reúna con el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un.

De hecho, funcionarios de la Casa Blanca dijeron al diario The Washington Post que Tillerson se sintió “frustrado” cuando Trump acordó el jueves la reunión con el líder norcoreano sin consultarlo con él, que estaba de gira en África. Especialmente porque desde el principio abogó por una solución diplomática a las tensiones con el país asiático y le interesaba formar parte del diálogo bilateral.

Pompeo, en cambio, recibió palabras más alentadoras de Trump. “Con Mike Pompeo tenemos una forma de pensar similar. Tiene una tremenda energía, un tremendo intelecto; siempre estamos en la misma sintonía”, dijo el mandatario a los periodistas. “Nuestra relación es realmente buena”, agregó. Como director de la CIA, Pompeo, de 54 años, desarrolló una cálida relación con Trump. A menudo, le entregaba el informe diario a Trump en persona e incluso se lo ha visto participar en reuniones que no involucraban necesariamente a la agencia que todavía dirige.

En el pasado, Pompeo –que llegó a la Cámara de Representantes en 2010 de la mano del movimiento ultraderechista Tea Party– fue cuestionado por sus dichos contra los musulmanes. También defendió los programas de espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional destapados por Edward Snowden, que calificó de “legales”, “constitucionales” y “consistentes con la misión crítica de derrotar a los terroristas islámicos”. Durante una entrevista, llegó a opinar que Snowden merece la pena de muerte.

La mujer que lo reemplazará al frente de la CIA, la actual subdirectora de la agencia Gina Haspel, no tiene un historial mucho más amigable. Por un lado, su designación es histórica porque, por primera vez en sus 70 años, la emblemática agencia de espionaje estará liderada por una mujer. Por el otro, las organizaciones defensoras de derechos humanos pusieron el grito en el cielo debido a su pasado oscuro.

Haspel fue escalando posiciones dentro de la CIA desde que ingresó, en 1984, y su trayectoria en materia de inteligencia es intachable. Sin embargo, medios estadounidenses –como el diario The New York Times– publicaron ayer que Haspel fue la máxima responsable de una prisión secreta en Tailandia, que fue abierta por el gobierno estadounidense poco después de los atentados del 11 de setiembre de 2001 y a la que fueron trasladados varios presuntos terroristas islamistas que denunciaron haber sufrido torturas. La cadena CNN reveló que algunos informes de la CIA apuntan a que Haspel dirigió esas torturas, que incluían prácticas como el ahogamiento simulado, y que participó en ellas. Como si eso fuera poco, la funcionaria además fue acusada de haber eliminado todas las pruebas.

Gabinete móvil

La destitución de Tillerson es la más importante de las registradas hasta ahora en los 14 meses que lleva la administración Trump. El número de cesados y dimisiones en el gobierno casi llega a 20 e incluye a figuras como el ex asesor de Seguridad Nacional, Michael Flynn; el ex director del FBI, James Comey; el ex jefe de Gabinete, ReincePreibus; y el polémico ex jefe de estrategia y consejero del presidente, Steve Bannon.

Las razones fueron variadas: desde funcionarios que tuvieron desacuerdos irreversibles con el mandatario a otros que se vieron salpicados por la llamada “trama rusa”. Los que renunciaron, en general, lo hicieron por no estar de acuerdo con la manera de gobernar de Trump.

Para la oposición, lo que pasó ayer es una muestra más de que el gobierno se está tambaleando. El líder de la bancada demócrata en el Senado, Chuck Schumer, aseguró ayer después del tuit de Trump que “la inestabilidad de esta administración en casi todas las áreas debilita a Estados Unidos”. En alusión a Pompeo, que todavía tiene que ser ratificado en el puesto por el Senado, agregó: “Si se lo confirma, esperemos que el señor Pompeo dé un paso atrás y comience a endurecer nuestras políticas hacia Rusia y [el presidente ruso, Vladimir] Putin”.

Por su parte, el senador Robert Menéndez, el demócrata de más alto rango del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, dijo que Trump “ha demostrado una vez más que es el Comandante en Caos” y lo acusó de haber “debilitado el liderazgo estadounidense en el escenario global”. Argumentó: “Nunca ha entendido el papel fundamental que desempeña el Departamento de Estado en la definición de nuestros valores y la promoción de nuestros intereses en el exterior, o en el avance de nuestra seguridad nacional y la seguridad del pueblo estadounidense”. A pesar de las críticas al presidente, Menéndez dio un voto de confianza a las capacidades de Pompeo como sustituto de Tillerson. “Sigo convencido de que la mejor persona para servir como jefe de la diplomacia de este país es alguien que pueda ir más allá del partidismo, y comprometerse en promover los intereses estadounidenses, incluidos los valores de la diplomacia”, concluyó.

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