Gianella Aloise y Jorge Patpatián, de la Asociación Cristiana Uruguaya de Profesionales de la Salud, en el Palacio Legislativo.

Asociación Cristiana de Profesionales de la Salud: La transexualidad es una enfermedad mental

La comisión del Senado que estudia el proyecto de ley trans continúa recibiendo delegaciones.

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El médico Jorge Patpatián, integrante de la Asociación Cristiana Uruguaya de Profesionales de la Salud (ACUPS), aseguró en la Comisión de Población, Desarrollo e Inclusión del Senado que “para la ciencia médica la transexualidad en el DSM –Diagnóstico de Enfermedades Mentales de Psiquiatría– se considera una entidad nosológica llamada ‘disforia de género’”. Patpatián fue a la comisión del Se...
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El médico Jorge Patpatián, integrante de la Asociación Cristiana Uruguaya de Profesionales de la Salud (ACUPS), aseguró en la Comisión de Población, Desarrollo e Inclusión del Senado que “para la ciencia médica la transexualidad en el DSM –Diagnóstico de Enfermedades Mentales de Psiquiatría– se considera una entidad nosológica llamada ‘disforia de género’”.

Patpatián fue a la comisión del Senado para expresar su disconformidad con la aprobación del proyecto de ley integral para las personas trans. El texto garantiza el acceso a tratamientos como la hormonización y las cirugías, además del acceso a la salud, la educación y el trabajo. También establece una compensación para las personas trans que sufrieron represión por parte del Estado durante la dictadura. Además de no estar de acuerdo con ninguno de los artículos, el integrante de ACUPS sostuvo que “no hay ninguna razón médica que justifique la hormonización cruzada. Es antinatural y anticientífico”. Aseguró que, si la ley se aprueba, romperá su título, porque “en la Facultad de Medicina jamás me enseñaron esto”. El médico pidió a los senadores que se introduzca un artículo que contemple la objeción de conciencia de los profesionales de la salud, porque “el médico no tiene la obligación de satisfacer el deseo de los usuarios en aquellas circunstancias en las que, en su real saber y entender, decide que un tratamiento puede ser perjudicial para la salud de sus pacientes”.

Con respecto a los tratamientos con hormonas, afirmó que “se está alterando el desarrollo normal del ser humano, naturalizando conductas que no son normales; no es que no existan, sino que no son lo natural ni la norma”. Aclaró que “decir que la heterosexualidad es lo normal” no implica un juicio de valor, ya que “es lo que se observa en la realidad”, porque “la homosexualidad y la transexualidad son una excepción excepcionalísima”. Patpatián sostuvo que “si la identidad sexual realmente fuera sólo y 100% un constructo o una construcción, entonces no se debería buscar influenciarla. No debería ser influenciado por políticas tradicionales o políticas de género”, dijo, según consta en la versión taquigráfica de la sesión del lunes 14 de mayo.

Daniel Márquez, integrante de la Unidad Docente Asistencial que atiende a personas transexuales en el hospital Saint Bois, tiene una opinión opuesta a la de Patpatián. En la misma sesión de la comisión, sostuvo que uno de los cuestionamientos de su equipo “es que a toda persona trans se le ponga el rótulo de la patología ‘disforia de género’”. “Entendemos que eso no es así y que la persona, en principio, está sana”, argumentó. Márquez aseguró que las personas trans pueden tener una patología, “tal como ocurre con cualquier persona de la población en general; es decir, una patología orgánica, mental o de cualquier órbita. Pero, en principio, nuestro equipo no entiende que, por el hecho de ser una persona trans, ya tiene una patología asignada”.

Márquez entiende que “lo natural y antinatural queda muy difuso” y es muy difícil para los profesionales de la salud “hablar desde el punto de vista ético” y pararse “en el lugar de lo natural o antinatural”. El especialista aseguró que, en los cuatro años de experiencia, no hubo ningún caso de arrepentimiento en personas que hayan recibido un tratamiento con hormonas. El proyecto prevé la posibilidad de que menores de 18 años accedan a tratamientos con la autorización de un responsable legal, o incluso por la sola voluntad de la persona si cuenta con el visto bueno de un equipo médico.

Con relación a los efectos adversos de la hormonización, tanto para feminización como para masculinización, “lo más frecuente tiene que ver con la esfera genital” y cómo la persona “utiliza sus órganos sexuales”. Aseguró que “la mayoría de las trabajadoras sexuales trans son insertivas, o sea que utilizan el pene en las relaciones sexuales, entonces si les realizamos un tratamiento de feminización, su pene no va a tener más erecciones y eso va a repercutir directamente en el trabajo sexual”. “Por tanto, es sumamente importante explicarles a esas trabajadoras sexuales que uno de los efectos de la hormonización es que su pene no va a tener más erecciones y seguramente eso repercuta en su vida diaria”, lo que hace que muchas resuelvan no hacer el tratamiento, explicó.

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