Mariano Rajoy y parte de la bancada del Partido Popular, ayer, cuando se trataba la moción de censura al primer ministro español en la Cámara de Diputados. AFP

Hundido

El Congreso de España aprobó la moción de censura contra Mariano Rajoy, que dejó de ser presidente; Pedro Sánchez, del PSOE, es el nuevo mandatario.

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Siete años después de llegar a La Moncloa y en la mitad de lo que es su segundo mandato presidencial, Mariano Rajoy tendrá que armar las valijas y retirarse con la cabeza gacha. El Congreso de España votó esta mañana la moción de censura contra Rajoy, impulsada la semana pasada por el secretario general del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Pedro Sánchez, que se propuso como candidato a sustituirlo. El líder socialista presentó la iniciativa después de que el 24 de mayo la Audiencia Nacional dio a conocer la sentencia condenatoria del llamado “caso Gürtel”, la red de corrupción que involucra al gobernante Partido Popular (PP).

El día anterior, Rajoy no tenía dudas de que culminaría su legislatura y lograría cierta estabilidad en su gobierno, porque había logrado aprobar la ley de presupuesto después de una dura pulseada con los partidos opositores. Pero la sentencia de la Audiencia Nacional cambió todo. El tribunal condenó al ex tesorero del PP Luis Bárcenas a una pena de 33 años de cárcel y concluyó que esa organización política se financió durante años con una “caja B” que mantenía al margen de sus cuentas oficiales. Y no sólo eso: los magistrados también aseguraron en el fallo que las pruebas sobre esas irregularidades eran tan “contundentes” que los testimonios de los miembros del PP que declararon a la Justicia, incluido Rajoy, no fueron lo “suficientemente verosímiles”.

Esto desató una lluvia de críticas al mandatario provenientes de diversos sectores políticos y sociales, que cuestionaron la credibilidad de su testimonio en el juicio y su capacidad para seguir dirigiendo el país. La sentencia influyó tanto en la pérdida de confianza de la clase política hacia Rajoy que molestó incluso a organizaciones políticas que antes habían apoyado al mandatario, como el partido de derecha Ciudadanos.

Después de que se conociera la sentencia, el líder del PSOE anunció que presentaría la moción de censura. Lo hizo en el momento indicado: el indignómetro contra el PP estaba en su punto más alto. Por eso no le fue tan difícil conseguir apoyos.

Todo dicho

Los diputados españoles debatieron sobre la moción de censura durante la jornada de ayer en una sesión en la que ninguno de los partidos, excepto el PP, explicitó su apoyo a Rajoy.

El líder del PP –que luego de hacer su exposición se retiró del recinto parlamentario– aseguró que la moción no es más que una estrategia de los socialistas para llegar al poder. A la vez, sin referirse en ningún momento a Gürtel, enumeró casos de corrupción que salpican al PSOE, con el propósito de desacreditar sus denuncias contra el PP. Durante el resto de su intervención se centró en dibujar a un Sánchez sin credibilidad, imprevisible e inexperto.

Pero incluso las formaciones más críticas con Sánchez confirmaron que hoy apoyarían la iniciativa únicamente para desalojar al líder del PP de la presidencia. El secretario general del izquierdista Podemos confirmó el apoyo al socialista, pero le pidió a cambio que forme “un gobierno amplio” que incluya a su partido y que reconozca que “España es plurinacional”. Por eso le exigió que inicie un “diálogo institucional” con los nacionalistas vascos y los independentistas catalanes presentes en el Congreso.

Estos dos grupos se negaban a apoyar al candidato del PSOE, pero terminaron confirmando que votarían la moción para sacar al PP del gobierno. “Nuestro sí a Sánchez es un no a Rajoy”, ilustró el portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya en el Congreso, Joan Tardà, quien advirtió a Sánchez que deberá asumir “responsabilidades” respecto de la situación catalana.

“No ha sido una decisión fácil”, reconoció por su parte el vocero del Partido Nacionalista Vasco (PNV), Aitor Esteban, quien explicó que si su formación apoyaba al PP sería acusada de “encubrir la corrupción”, pero que si no lo hacía sería señalada como “irresponsable y provocadora de inestabilidad”. Esteban agregó algo que ayer se repitió varias veces: “La sentencia sobre el caso Gürtel supuso un antes y un después”.

La decisión del PNV –que hasta ayer era incierta– alivió a los socialistas y confirmó la caída de Rajoy: sin los votos de sus cinco diputados, la moción de censura no podía salir adelante porque Sánchez no hubiera alcanzado los 176 votos necesarios. La votacíon final fue de 180 votos a favor, 161 en contra y una abstención.

Por su parte, el titular de Ciudadanos, Albert Rivera, ratificó su rechazo a la moción de censura pero propuso a Rajoy que presente su dimisión para terminar el mandato “de forma ordenada”. “No queremos un gobierno zombi por la corrupción, pero tampoco un gobierno Frankenstein con los que quieren liquidar España”, agregó Rivera, en referencia, primero, al PP y, luego, al PSOE.

Sánchez, a su turno, intentó contemplar todas las exigencias. Por eso, se mostró dispuesto a gobernar con el presupuesto del PP –“por responsabilidad de Estado”, dijo– y abrir un diálogo con el nuevo gobierno catalán de Joaquim Torra. Después, prometió encabezar “un gobierno socialista, paritario, europeísta, garante de la estabilidad presupuestaria y económica, cumplidor con sus deberes europeos”.

Más adelante en su intervención, el líder del PSOE incluso le dio la oportunidad a Rajoy de frenar la moción, dando un paso atrás: “Le voy a hacer una pregunta, señor Rajoy: ¿está usted dispuesto a dimitir? Dimita, señor Rajoy, y todo esto habrá terminado”. Sin embargo, esa opción fue descartada por la secretaria general del PP y ministra de Defensa española, María Dolores de Cospedal.

La propuesta de los socialistas es establecer un gobierno temporal hasta convocar a nuevas elecciones, cuando haya cierta estabilidad, en una fecha que Sánchez todavía no se animó a estimar.

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