A fines de 2017 el investigador de la Universidad de Nueva York Ernest Davis planteó que, usualmente, “uno le dice a una computadora lo que tiene que hacer. En cambio, cuando hablamos de aprender, uno le muestra cómo”. En la historia de la humanidad se han sucedido una infinidad de evoluciones en todos los campos, y la inteligencia artificial (IA) no ha sido una excepción. Mientras unos lamentan la pérdida de las utopías y los grandes relatos y otros confían en la memoria y el devenir histórico, hay quienes apuestan a lo que se conoce como el aprendizaje profundo: que las máquinas puedan identificar rostros, reconocer palabras y resolver problemas, desafiando a la esencia de la inteligencia humana. Así fue que el año pasado se presentó en Ámsterdam un cuadro llamado The Next Rembrandt que sorprendió a más de un crítico. El autor fue una inteligencia artificial a la que se proporcionó patrones de composición utilizados en 326 obras de Rembrandt, y una vez que los sistematizó, el software creó un nuevo cuadro imitando al pintor holandés. Se trata del mismo procedimiento que utilizan Amazon o Netflix para sus recomendaciones, o el que aplica Facebook para sus etiquetas. Pero, ¿las máquinas son inteligentes? Hace unos meses, el profesor titular del Instituto de Ingeniería Eléctrica de la Universidad de la República, Pablo Musé, decía a la diaria que, en verdad, inteligentes “somos los humanos, que concebimos estos algoritmos. Las máquinas en verdad son tontas; si no les decimos qué tienen que hacer, no lo saben”.

En este contexto, el actor y director Andrés Papaleo (que integra la Comedia Nacional desde 2012) estrena Catch, un espectáculo que se presenta como creado por él y por una inteligencia artificial artista llamada Hilda. Si bien en un comienzo la obra pretendía abordar los sobresaltos de los vínculos humanos por distintos contratiempos, Papaleo no logró completar la pieza y decidió delegar la puesta a Hilda. Ella está convencida de que “el texto no tenía sentido ni estructura”, y con las escenas que ya existían “hizo lo que pudo”: admitió que “no fue un proceso sencillo”, y que “estuvo lleno de inseguridades personales y artísticas”, pero aun así Hilda consideró que su intervención aportó “una nueva dimensión a la obra”, e hizo “que todo cobre sentido”. El resultado final se estrena hoy a las 20.30 en la sala Zavala Muniz (también irá el 19 de julio, 1º, 2, 8, 9, 15 y 16 de agosto), y estará a cargo de los actores Belén Massud, Rossana Blanco, Camila Rizzo, Paula Catalogne, Micaela Doassans, Fernando Dalla Rosa, Andrés Cazeneuve, Renzo Lima y el bailarín Gonzalo Decuadro.

Los otros límites

El año pasado, Papaleo dio un taller de posgrado en la escuela de actuación de Álvaro Armand Ugón, y luego de un intenso trabajo de investigación surgió la propuesta inicial de esta puesta, que más adelante ganó los Fondos Concursables del Ministerio de Educación y Cultura y fue seleccionada por el teatro Solís para integrar la temporada 2018.

A Catch la integran seis relatos independientes que se alternan con monólogos performáticos a cargo de Hilda. Papaleo adelantó a la diaria que, en verdad, se trata de una IA “empoderada”, ya que se encargó de complementar su trabajo como dramaturgo y director: “Como ella no es corpórea utiliza a un bailarín y dos asistentes para presentar sus performances, en las que habla sobre sus procesos creativos y distintos aspectos personales, ya que es una IA que autolimitó sus capacidades para volverse lo más cercana posible a un ser humano”. Así, los relatos alternan temáticas vinculadas a los procesos creativos a los que se enfrentan los artistas, vivencias cotidianas y temáticas como el amor, el duelo, la pérdida y la muerte. Según el dramaturgo, “habla de temáticas humanas vistas desde una IA; aunque muchas veces lo haga apelando al humor, y poco a poco se traslade a un plano emotivo e incluso desgarrador”.

La obra se sitúa en un presente que toma elementos propios de la ciencia ficción, que son articulados por la IA. En lo personal, Papaleo cuenta que esta puesta implicó alejarse de su zona de confort, ya que nunca participó en un proyecto que se vinculara con esta temática, y decidió asumirlo como un nuevo desafío porque “se trata de un mundo que tenemos cada vez más cerca. Por eso, Hilda es una suerte de Siri [IA de iPhone] o Alexa [de Amazon] pero artista, y para comunicarse con los humanos decidió utilizar la voz de Google, porque es la voz que puede reconocer la mayoría”.

Continuidades

El año pasado, Papaleo ganó el primer premio de dramaturgia inédita con Hay un león afuera, una obra autobiográfica sobre una enfermedad que vive su madre y todo lo que esto genera en la paciente y su entorno familiar. “El texto se desarrolla en el apartamento de un escritor que intenta evadir el cierre de un texto, y cuando lee las escenas del borrador, estas comienzan a representarse en paralelo”; y, gradualmente, el personaje de la madre comienza a volverse protagonista.

Ahora, el director recuerda que Hay un león afuera fue escrita a partir de un personaje identificado como “el escritor”, que también cumple el rol de narrador. Y en Catch la narradora es la IA, que “juega con la idea del álter ego, porque también dialoga con mi realidad, y surgen temas en común, como la muerte, y el ingreso a zonas oscuras, al duelo, a los procesos creativos, o a distintas instancias a las que nos enfrentamos a lo largo de la vida, aunque en Catch esto sea mucho menos explícito, porque se canaliza mediante la IA. Hilda también habla mucho del desdoblarse, de la realidad, y de diversas cuestiones que se dieron a lo largo del proceso de escritura de la obra. De hecho, muchas historias surgieron a partir de sucesos que vivieron algunos actores, y por eso la puesta también juega mucho con la verdad, tanto desde la actuación como del texto y la puesta en escena”. De modo que todo lo que rodea a lo abstracto y performático se da mediante Hilda, y los demás personajes se dedican a explorar la verdad y lo verosímil.