Dicen que son “apolíticos” y que no tienen vínculos partidarios. Aseguran que lo único que buscan es que termine la violencia desatada en las calles de Francia luego de las protestas que comenzaron el 17 de noviembre y que no haya más cortes de rutas, porque la democracia “se defiende en las urnas”. Son partidarios del diálogo entre el gobierno y los “chalecos amarillos” y, por eso, respaldan el “gran debate nacional” que el presidente francés, Emmanuel Macron, inició el 15 de enero. Ese que consiste en realizar asambleas en estos dos meses para que la ciudadanía haga llegar al gobierno sus ideas para reformar la república.

Se hacen llamar “pañuelos rojos” (“foulards rouges”) y eran más de 55.000 hace una semana, según el conteo de inscripciones publicado en su página web. Se embanderan bajo el lema “En defensa de las libertades ciudadanas”. El movimiento surgió el 26 de noviembre de 2018 –nueve días después de la primera manifestación de los chalecos amarillos– como una organización en defensa de “la república” y el “estado de derecho”. Nació como respuesta a las protestas que, según consideran los impulsores del movimiento, no respetan las “reglas básicas de convivencia”, han causado daños de todo tipo y han dejado a los franceses en una posición de “rehenes”. Sus integrantes aclaran que no se oponen a las manifestaciones en sí, porque el derecho a protestar está consagrado en la Constitución francesa, pero sí al escenario “de excesos, agresiones y delitos” que instalaron los chalecos amarillos.

También denuncian la difusión de “noticias falsas y sus "consecuencias nefastas para el orden público”, de acuerdo con el manifiesto publicado en su página web. Además, han alertado al Consejo Superior Audiovisual francés de “la politización del movimiento de los chalecos amarillos” y la necesidad de que se les “reduzca el tiempo para hablar” en radio y televisión.

Los pañuelos rojos midieron por primera vez su nivel de adhesión el 27 de enero, cuando salieron a las calles de París para reclamar el “fin de las violencias” y el “respeto a las instituciones democráticas”. La protesta reunió a unas 10.500 personas –según estimaciones de la Policía parisina– que se identificaron con pañuelos, bufandas y otros distintivos de color rojo. En sus carteles, los participantes mostraban consignas como “detengan la violencia”, “saquen las manos de mi república” o “nosotros también somos el pueblo”. La marcha contó con el apoyo de Stop. Maintenant, Ça Suffit (“Basta. Ya es suficiente”), un colectivo liderado por Laurent Soulié, declarado simpatizante del partido de gobierno, La República en Marcha.

Pero Soulié no fue el único presente en la movilización vinculado al oficialismo. A pesar de que los pañuelos rojos niegan haberse constituido para apoyar a Macron e intentan desmarcarse de todo vínculo partidario, 15 diputados y seis senadores de La República en Marcha participaron en la manifestación aunque a título personal, según informó el diario Le Monde.

La primera protesta de los pañuelos rojos tuvo lugar un día después de la protagonizada por los chalecos amarillos por undécimo sábado consecutivo y que, según el Ministerio del Interior, reunió a cerca de 70.000 personas. Ese día, en la Plaza de la Bastilla, algunos grupos se enfrentaron a la Policía y uno de los líderes del movimiento, Jerôme Rodrigues, fue herido en un ojo por una bala de goma.

Este incidente llevó a que sindicatos y participantes de las protestas solicitaran a la Justicia que ordenara a las fuerzas de seguridad prohibir o suspender el uso de las armas que disparan balas de goma. Denunciaron que esos proyectiles dejaron varios heridos de gravedad en las últimas marchas. Sin embargo, la Justicia francesa respaldó el uso de estas armas en un comunicado en el que destacó que su uso está “estrictamente definido por el código de la seguridad”, ya que es “necesario para el mantenimiento del orden público, dadas las circunstancias”. También argumentó que es “proporcional a los disturbios que pretende cesar”.

Esta decisión agudizó el descontento de los chalecos amarillos, que el sábado, en la marcha número 12, se manifestaron especialmente contra la violencia policial. Una vez más, la manifestación en la capital francesa estuvo marcada por altercados entre manifestantes y funcionarios de la Policía, que lanzaron gases lacrimógenos y balas de goma en la Plaza de la República. La jornada terminó 30 detenciones y un joven resultó herido por una bala de goma, según denunció un sindicato estudiantil.

Mientras tanto, Macron renueva las propuestas para responder a las demandas de los chalecos amarillos en el marco del gran debate nacional. El semanario Le Journal de Dimanche informó ayer que el presidente francés tiene intenciones de convocar un referéndum acerca del funcionamiento de las instituciones, una de las principales reivindicaciones del movimiento, que la semana que viene cumplirá tres meses de existencia. Más tarde la ministra de Asuntos Europeos, Nathalie Loiseau, dijo al canal RTL que la medida todavía no está confirmada. En principio, y siempre según el semanario, la consulta se celebraría el 26 de mayo, el mismo día de las elecciones europeas.