Quique Kierszenbaum - la diaria:
Mezquita de Al Nuri tras la liberación de Mosul, Irak. Foto: archivo de Mikel Ayestaran

Perseguidor del Estado Islámico

El periodista de guerra español Mikel Ayestaran reportea desde las zonas abandonadas por el Estado Islámico en Siria e Irak. Aquí dialoga con el uruguayo Quique Kierszenbaum, también experto en los conflictos de Oriente Medio.
Detenidos africanos se manifiestan contra las condiciones del centro de detención Holot, 17 de febrero de 2014.

Vivir en el limbo

La vida de los solicitantes de asilo africanos en Israel
El minarete de la mezquita en la Plaza del Pesebre se refleja en un crucifijo de oro durante la procesión de Nochebuena, en 2002, en la ciudad de Belén (Cisjordania). Millones de cristianos de todo el mundo celebran el nacimiento de Jesucristo, quien según la tradición bíblica, nació allí. Hoy Belén es predominantemente musulmana.

La tierra de los creyentes

Jerusalén es la ciudad sagrada del cristianismo, el judaísmo y el islamismo. Radicado en la región desde hace décadas, el fotógrafo Quique Kierszenbaum registró los ritos de las tres religiones del libro.
Desde el pueblo Nebi Salah se ven las nuevas construcciones del asentamiento judío Halamish, septiembre de 2010. Foto: Quique Kierszenbaum

El patio trasero

Esta semana se cumplieron 50 años de la ocupación israelí de Palestina. Una historia de muros, vallas y puestos fronterizos, pautada por la desidia de la comunidad internacional y un proceso de paz que sigue colapsado.

El día que nos quemaron la casa

La semana pasada jugaba con mi hijo en la relativa tranquilidad de un fin de semana otoñal en Jerusalén, hasta que una placa en la televisión hizo añicos la paz familiar. La noticia: había sido quemada la escuela Mano a Mano, a la que concurre Guil, mi hijo de 12 años, y en la que trabaja mi señora, Sharon. Unos siete u ocho minutos nos separan de la escuela; en segundos estaba en la calle apurando el paso camino al colegio. En casa quedaron Sharon y Guil, en estado de shock.

Secuestrados

El martes, camino al cementerio de Modi'in, miles de israelíes acompañaban los cuerpos de los tres jóvenes secuestrados y asesinados. Más tarde, al llegar a la plaza Zion, grupos de decenas de personas, en su mayoría jóvenes, cargaban pancartas y cantaban "muerte a los árabes" mientras marchaban camino a la ciudad vieja de Jerusalén. No era una manifestación, eran grupos de personas que coreaban sin cesar, una y otra vez, esas palabras cargadas de odio. Unos entraban en negocios, buscando trabajadores palestinos, otros simplemente no paraban de cantar. Me llené de preocupación y de dolor. En las calles de Jerusalén las masas pedían venganza, querían revancha. Daba miedo.