Pisco o café con leche

Mi gente llegó a estas lides con el corazón abierto. Las mujeres y los hombres que nos trajeron a este mundo soñaban con miserias menos dolorosas y, casi con la mano en nuestra carne, nos abrieron la fisura por la que nos entra el mundo a nosotros, sus nacidos en democracia. La madre de mi madre decía que había pobres honrados y pobres porque querían. La mía, que no se atreve a clasificarlos, sabe que el camino hasta pobre no es uno ni dos; sabe que poco tiene que ver con la actitud o la honra de ellos, sino con la negligencia y el privilegio de otras, como ella. Hace unos meses la oí jactándose de feminista como si no lo hubiera sido toda su puta vida.

¿No les parece mucho?

Se acusa al feminismo de hacer catarsis y no propuestas. Resulta que la legislación vigente para abordar las consecuencias de la violencia machista no ha salido de otro lugar que de la pluma y la articulación de las mujeres políticas, todas ellas feministas o herederas de su lucha. Resulta también que, teniendo un conjunto de leyes “ejemplares” para todo el mundo, en esta materia no hay recursos suficientes para aplicarlas. ¿Tendremos que convertir la batalla del feminismo en una lucha por presupuesto? ¿Quedan dudas de que tenemos un problema de seguridad muchísimo más serio adentro de las casas que afuera? Ante el quinto asesinato consumado de una mujer por parte de su pareja o ex pareja, en lo que va del año, no alcanza con comunicados ni alcanza con sentidos mensajes en las redes sociales.