Roberto Garcés Marrero - la diaria:
Bar el Submarino Amarillo en La Habana. Foto: Yamil Lage, AFP.

Todavía no osan decir su nombre

La Revolución Cubana fue una radical transformación positiva en cuanto a los derechos de la mujer. Sin embargo, otros temas relacionados con género y sexualidad fueron relegados o sufrieron un verdadero retroceso luego de 1959. Por supuesto, es ridículo exigir la perfección a cualquier proceso sociopolítico. Pero también es absurdo mantener una pose apologética a ultranza, invisibilizando decisiones que tuvieron una repercusión negativa en miles de personas. Recordarlo significa la posibilidad de repensar lo sucedido y llevar a cabo acciones que permitan cambiar resultados que aún perduran, o evitar errores parecidos.
La Habana, el 17 de enero. / Foto: Yamil Lage.

Racismo, estructura y dependencia en Cuba

La crítica social es relativamente fácil. Sólo requiere cierto ejercicio de observación inconforme, que se desarrolle con el tiempo y un ideal de sociedad más o menos cohesionado, suerte de deber ser que sirva como rasero de evaluación. Ya tenemos la receta: podemos sentarnos a cotorrear, cual típicas comadres insatisfechas, y encontrarlo todo mal o deficiente. Lo difícil es proponer alternativas de cambio; viables, además. Aun más complicado es que la propuesta sea escuchada y, casi inalcanzable, que sea implementada. Mas adelantando un pie se comienza una caminata de miles de kilómetros, ¿no? Por tanto: ¿qué hacer con el racismo en Cuba? Quizás piensen que falta una introducción. El punto de comienzo real debería ser: ¿qué se hace con el racismo en Cuba? La respuesta es triste. No se hace mucho, o más bien, se lo deja reproducir acríticamente.

Las que salvan de “adelantar la raza”

En Cuba se establece una franca asociación entre palidez, facciones caucásicas, pelo lacio y estatus alto. Para muchos cubanos el sol ubicuo es un problema, no tanto por el efecto envejecedor de los rayos ultravioletas, sino porque no quieren “ponerse prietos”, es decir, que se les oscurezca la piel. Sin embargo, quizá más de las tres cuartas partes de la población tienen ascendencia africana.