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Bar el Submarino Amarillo en La Habana. Foto: Yamil Lage, AFP.

Todavía no osan decir su nombre

La Revolución Cubana fue una radical transformación positiva en cuanto a los derechos de la mujer. Sin embargo, otros temas relacionados con género y sexualidad fueron relegados o sufrieron un verdadero retroceso luego de 1959. Por supuesto, es ridículo exigir la perfección a cualquier proceso sociopolítico. Pero también es absurdo mantener una pose apologética a ultranza, invisibilizando decisiones que tuvieron una repercusión negativa en miles de personas. Recordarlo significa la posibilidad de repensar lo sucedido y llevar a cabo acciones que permitan cambiar resultados que aún perduran, o evitar errores parecidos.
La Habana, el 17 de enero. / Foto: Yamil Lage.

Racismo, estructura y dependencia en Cuba

La crítica social es relativamente fácil. Sólo requiere cierto ejercicio de observación inconforme, que se desarrolle con el tiempo y un ideal de sociedad más o menos cohesionado, suerte de deber ser que sirva como rasero de evaluación. Ya tenemos la receta: podemos sentarnos a cotorrear, cual típicas comadres insatisfechas, y encontrarlo todo mal o deficiente. Lo difícil es proponer alternativas de cambio; viables, además. Aun más complicado es que la propuesta sea escuchada y, casi inalcanzable, que sea implementada. Mas adelantando un pie se comienza una caminata de miles de kilómetros, ¿no? Por tanto: ¿qué hacer con el racismo en Cuba? Quizás piensen que falta una introducción. El punto de comienzo real debería ser: ¿qué se hace con el racismo en Cuba? La respuesta es triste. No se hace mucho, o más bien, se lo deja reproducir acríticamente.