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Richard Porta y Santiago García, ayer, tras el primer gol de Nacional ante Cerro en el Parque Central.  · Foto: Victoria Rodríguez

Se Porta bien

Ayer en el Parque Central hubo sol, canguros, banderas y goles. Sin embargo, apenas una centena de hinchas villeros estuvieron presentes en el espectáculo, seguramente por temor a episodios violentos, que no hubo.
Gastón Ramírez, el sábado, tras convertir el segundo gol de Peñarol ante Rampla Juniors, en el estadio Centenario · Foto: Javier Calvelo

Armas y rosas

La zurda de Egidio le da de lleno a la bola que rebota aturdida por los cánticos aurinegros en el talud de la Amsterdam. Hace 10 minutos que empezó el partido y Peñarol todavía no ha inquietado el arco rival. El planteo de Rampla es sencillo: la orden del general fue meterse en la cueva, trancar bien las cerraduras y esperar los ataques del adversario atrincherados detrás de la puerta de la mitad de la cancha. Cuando al comienzo, en un par de oportunidades, los hombres de Del Capellán pasaron el mediocampo buscando evitar la asfixia, la respuesta inmediata mirasol fue casi letal.

Pizarrón mojado

Apenas pasé el empalme de Rocha y enfilé rumbo al mar, la voz de Gonzalo Delgado gorgojeó en la radio que La Paloma era un diluvio. Nunca había llegado a La Paloma un 26 de diciembre. Igual que siempre, mejor que nunca. La neblina ocultaba la punta del forúnculo arquitectónico de 15 pisos que emerge en el centro. En la próxima cuadra una nueva tienda de ropa, exclusiva para ellas y vestida de madera. Pocos autos, poca gente. Y el faro-reloj-de-sol en el mismo lugar, esperando visitas.