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Incorrecta | nacional@ladiaria.com.uy

Viernes 02 • Diciembre • 2016

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Manifestantes en la Plaza Bolívar de Bogotá durante la firma del nuevo tratado de paz. / FOTO JUAN JOSE HORTA, AFP
Manifestantes en la Plaza Bolívar de Bogotá durante la firma del nuevo tratado de paz. / FOTO JUAN JOSE HORTA, AFP

Refugiados colombianos en Uruguay

Camino largo, ningún lugar

Nadie regala su cuerpo a la helada amarilla de una mañana de invierno montevideano porque sí. Nadie que pueda se entrega a que el Hospital Maciel lo mantenga más o menos sano. Nadie es refugiado porque quiera o le guste. Simplemente “toca”. Y “toca” porque “toca”, y además porque esta es la palabra que en su habla cotidiana usan la mayoría de los colombianos para apurar cualquier mal trago, toda obligación molesta, aquella mala sorpresa llena de responsabilidad gravosa o las trompadas con que el destino les astilla de tanto en tanto los dientes. “Toca”.




Extremos

No sé qué me vio. Siempre me pareció alguien muy lejano y ajeno, de la raza de los hermosos de verdad, esos que son hermosos bajo la opinión de cualquiera, esos que sólo pasan las noches con sus pares, los hermosos. Siempre me pareció demasiado. Alguien demasiado bueno, demasiado sabio. Pero esto no se trata de merecer, y ahora busca mi cama todas las noches. Dice que yo soy real y dice que le doy paz. ¡Parece mentira! No puedo negarme a su voz, es lo que más quiero oír. Anoche nos arrullábamos del frío en la parada y sentí otra vez el amor salírseme con el aliento. Era como muchísimos amores mezclados saliendo en busca del centro de su pecho. Algo tan tangible que pensé que podía atrapar un poco adentro de un frasco y conservarlo para siempre como recuerdo o como prueba. Justo cuando me creía incapaz de sentir eso de nuevo, justo cuando me rendía otra vez.