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Decirlo todo

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Decirlo todo | Consignas de barrabrava

Las plumas no son alas

Hace unos días atravesaba 18 de Julio con la cabeza quién sabe en qué planes o qué vacío. De pronto, un muchacho que pedaleaba su bicicleta y llevaba a una muchacha sentada en el manillar me enrostró un asunto que vengo masticando, con una mínima frase inscrita en amarillo, con caligrafía de antaño, en la parte de atrás de su remera azul: “Alergia a las plumas”. En principio, mi desconocimiento de los asuntos futbolísticos hizo que decodificara esa frase como un símbolo que se me incrustó en la boca del estómago y me hizo tragar saliva con gusto a mierda; el símbolo filtraba de forma perfecta la herida que mi cuerpo acusaba. Era evidente para mí que el tipo casi se había tatuado en su cuerpo (es la hipérbole de la metáfora) el odio profundo a los emplumados, los gays, las maricas, los putos. Sufrí el golpe duro en la mandíbula de un supuesto machito ignorante y agresivo. Más que asco o molestia, sentí miedo.


La celebración de la nostalgia

Cliché con ritos

No sé si es por ósmosis ritual y cultural o estupidez propia que voy a escribir la palabra que sigue: nostalgia. Lo cierto es que estoy escribiendo un 24 de agosto y esa fiesta que los uruguayos festejan se me cuela en el cerebro y me hace pensar todo el día en imágenes, interpelaciones, pavadas por decir. La nostalgia es el verdadero sentido innato de esta cultura. Es Maracaná, la educación pública, aquellos años en los que fuimos jóvenes y, si no bellos, al menos vigorosos.


Decirlo todo - Locura en el ómnibus

El hombre mate

El ómnibus va repleto. Cada uno en un mundo: el que se ve por la ventanilla; el que está fuera del libro que se lleva entre las manos; el denunciado por la mirada perdida o fija en un punto de la existencia o de la cena; el pragmático, ese que se toma fuerte del pasamanos para no caer sobre otro cuerpo aunque mira de reojo, sabiendo que los otros existen y deseando que no existieran, vigilando tenazmente al que está a cinco centímetros del asiento que puede quedar vacío porque la mujer empieza a acomodar su cartera y se arregla el saco mientras ponemos en juego el impulso animal: ganar ese asiento.


Nueva sección | Decirlo todo

Pobre amor

Hay una inquietud que me acucia desde hace años. ¿Por qué los escribas hablamos tan poco del amor? No el amor filantrópico, ni el de los hijos ni ese por el prójimo o la sociedad. Hablo de ese otro amor directo, carnal, ese que nos ocupa en secreto y nos rapta o vacía, ese que no se disfraza con preguntas a expertos y que hace que los escribas esquivemos un terreno fértil e ingrato, una zona del ser que nos cautiva o nos pone en el abismo. Yo también voy a recurrir a otros para decir lo que quiero. “Abismarse” es la primera entrada de los "Fragmentos de un discurso amoroso", de Roland Barthes, un capricho de definiciones alfabéticas que rodean al amor.