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DecirloTodo

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Apegé | Nos contamos de a pedazos

La percepción de una falta

Rabia, furia, desacato. Decir en nombre nuestro sin pudor o con toda la inteligencia de la que seamos capaces, pero con el corazón y las tripas sobre la mesa; y en el papel escrito que chorrea las verdades propias, el atragantamiento de años o ese dejarles paso a los otros, siempre los otros, los que nos antecedieron, los de luchas más bravías y destinos marcados, construcciones de antaño, caminos trazados. Craso error, es cierto, negar la tradición, la acumulación sabia, el conocimiento construido sobre pilares fuertes, la masa crítica a la que debemos recurrir para no empezar constantemente de cero. Pero algo cala hondo en ese recordatorio y homenaje constante a la historia, a quienes la pergeñaron, la hicieron suya, y también la impusieron.


Decirlo Todo | Pequeñas muertes

Sólo inicios

Abro los ojos y siento un titilar en las córneas que se conecta sutilmente, por un conducto directo, con la boca del estómago. Tapado hasta el cuello y después de dos días completos metido en la cama, una lámina transparente y acuosa me indica que debería dormir una semana más. Es demasiado patético esto de despertar con la tristeza pegada a los párpados, con la garganta acogotada. ¿No podría despertar y ya, sin ninguna sensación trágica, sólo pensando en preparar un desayuno, darme una ducha, elegir una camisa? A veces sólo es el café (el futuro aroma: un futuro de cinco minutos) lo que logra sacarme de la cama. Y siempre es la obligación para con otros, con el mundo. Si de mí dependiera, entraría en un estado indeterminado de sueño por decreto. En perfecto lenguaje leguleyo o bíblico, me daría la orden: “Dormirás”.


Decirlo Todo | Suicidios que crecen

Tantos calibres

Qué difícil sacarle el cuerpo a la realidad, a los datos como dagas, a lo que ya por consabido no queremos decir más, ese asunto irresoluble: la muerte dada por voluntad propia. Nos seguimos matando. Matando a cara de perro, porque sentimos que la vida ya no vale ni un minuto, por desesperación, por angustias de tantos calibres. El asunto ahora no versa en la decisión absoluta sobre el destino de nuestros huesos y la conciencia cierta de que uno no quiere vivir más. Aunque también sobre eso podría decirse. El viejo tema del más radical y manifiesto acto de libertad (le pese a quien le pese y le duela a quien le duela) del que es capaz un individuo. Muerte por mano propia del propio cuerpo. Silencio, respeto.


Percepciones y relatos

Que los cuerdos digan yo

Siento en la madrugada el gemido temeroso de un gato. Ahora, en este momento. Ese gemido o ese grito de celo que salta de una azotea derruida a otra en la Ciudad Vieja. Se hace más intenso a medida que lo escribo, como si ese lamento o pedido de vida o muerte, no lo sé, me quisiera decir algo. Ese gemido que ya sabemos que se parece al de un niño recién nacido abandonado en una volqueta. Un temblor como pocos. No puedo pensar en las miles de fotos e imágenes de gatitos cariñosos o traviesos que aparecen en Facebook y que han devenido en la bondad del hombre que los fotografía y de los animales que son fotografiados. Ese maullar desesperado se parece al más penoso grito de auxilio o al sexo impudoroso de las bestias.


APEGE | Decirlo TODO

Una vida, 8.967,50 pesos

Siempre me asombró cómo a partir de ciertas categorías o clasificaciones, las personas, de pronto, son convertidas en otra cosa. Un niño, un imberbe; un jubilado, un viejito. Para el primero, una laptop; para el segundo una tablet. Una ilusión de realidad o de democracia compensatoria y comprada con un convencimiento sordo acerca de su carácter de integración universal. Todos sabemos de jubilados que van y toman la tablet porque sí, porque de arriba, un rayo. Miles se las dan a los nietos para que jueguen o dejen de hacerles preguntas que ya no tienen ganas de contestar, porque descubrieron que miles no tienen respuestas y que vamos a andar por la vida como un trompo maníaco tras los grandes asuntos que, de tan grandes, se pierden en su destino.


Decirlo Todo | Miles de Adolescencias

Historias máximas

Durante meses una historia o una imagen anda en la cabeza de uno. Por algo te rondan, se presentan cada tanto, golpean la puerta de la conciencia, así parezcan inrrevelantes o más cotidianas que esos adolescentes que fundaron la secuencia: en una parada de ómnibus, alrededor de las diez de la noche, en la calle Justicia, cinco o seis varones con una cerveza que gira de boca en boca. Una cerveza comprada a fuerza de monedas, de vaquita. Nada raro. Los adolescentes en este país (seguro que en otros cientos también) beben en la calle una cerveza o un litro de vino compartido desde que yo tengo memoria.


Decirlo Todo

La misma agua

Días escapando y para qué. Así estamos a veces, sacándole el cuerpo a lo que de todas formas vamos a hacer o decir. Retardando el llanto, apretando la lengua, a la espera de que se nos pase. Y no, no funciona, porque si no, todo se queda adentro, comprimido, infectando la tripa. Hace unas semanas me mudé a la Ciudad Vieja, sobre la Aduana, y no he podido despegarme de las ventanas.


Decirlo Todo / APEGE

Abogado del diablo

La ilusión perpetua de rearmarse, reinventarse. Cada tanto ese sentimiento, ese deseo, viene y nos cincha de los pelos bajo el paradigma de la reconversión, y más ahora que el devenir y lo no fijo cuentan con áreas académicas enteras, con bibliotecas, teóricos y militantes, con discursos que han dejado a lo quieto en una vergonzante actitud de vida. Pero también estar en movimiento perpetuo, en construcción (deconstrucción, dirán los acusados), en un word in progress emocional, genera un estrés que a veces sólo la teoría soporta.


Decirlo Todo | Apegé

El miedo al tránsito

Estoy en el préambulo de un viaje. No es el gran viaje de mi vida, apenas cruzo el río y voy a Buenos Aires, pero todo viaje altera, siempre. Porque no queremos hacerlo, porque es lo que más queremos, porque al fin de cuentas armamos bolso o valija y nos trasladamos más allá del recorrido cotidiano, intervenimos el espacio y el tiempo; un barco nos transporta y algo, más allá del cuerpo y los huesos, también se mueve.


Decirlo Todo | Apegé

La vieja no está en la cueva

No hice nada por nadie. No arrimé una lata de arvejas, un kilo de arroz o un pantalón que ya no uso a algún centro de ayuda, no puse tres pesos en ninguna cuenta bancaria, no me moví de mi casa, donde estaba protegido de las furias del cielo que arrasaron con medio país o por lo menos un departamento entero. Tampoco posteé fotos en Facebook ni dije “qué horrible, hagan algo”. No subí esa hermosa canción de Sylvia Meyer sobre Juana de Arco, “Bajo una lluvia fría”, ni me regodeé en la tormenta y el agua copiosa que todo lo llevan y todo lo curan, esas expresiones poéticas que más bien hubiesen resultado impúdicas o de insensibilidad sarcástica cuando a una viejita se le caía el techo en la cabeza, se le derrumbaba la casa, le entraba agua hasta en el alma. Tuve ese pudor, ese cuidado.


Decirlo todo | Explicarse de otras formas.

Intúyete perdido

Pero detrás de las páginas de los diarios y las teorías donde las cosas confluyen y se ajustan, la percepción se nos escapa. No hablo de sociedades offshore ni de negociados inmundos o políticos y politiquerías. Me refiero más bien a todo lo contrario: esos momentos que pueden durar un minuto, una hora o unas semanas, ese tiempo otro en el que uno anda en el limbo de sí mismo, en el que se confunden la realidad y la ficción, en el que se suspende la atadura perfecta de los acontecimientos externos y sólo se retienen imágenes o cosas escuchadas al pasar, unas distantes de las otras, en principio inconexas, pero que lo persiguen, como si en eso en que uno se detuvo hubiera algo importante que se nos está susurrando, como un secreto ancestral o una epifanía a descubrir.


Decirlo todo | Generaciones políticas

Escriba su novela país

Llegó marzo y esa aseveración por sí misma no dice nada, es de una falta de imaginación absoluta y tremenda que no merece el comienzo de un texto. Pero estos días de marzo llegaron con el alivio del otoño y la promesa del invierno. A algunos nos emocionan los meses o los días, ese nomenclátor que contiene atmósferas: marzo, jueves, otoño. Ése sería el nombre de una novela que transite estos días, los que estamos viviendo: "Marzo, jueves, otoño".


la búsqueda interior

Adentro tuyo, el niño, el pájaro

“Esta semana no tengo nada para decir”, se dice uno, y es una constante que altera los nervios y lo sitúa, hasta el tercer párrafo escrito, al borde de la renuncia, de la seguridad de la sequía, de que finalmente llegó la hora del silencio y de callarlo todo. Cuando eso le suceda, le escribía Rainer Maria Rilke al joven poeta (lo parafraseo o me extiendo en imágenes a partir de sus consejos), indague dentro suyo, hurgue en lo más recóndito de su ser, vaya a su infancia, “esa fuente inagotable”, busque hasta el cansancio, o con la volátil calma de los pájaros que emigran, en la naturaleza.


Decirlo todo | Prostitutas y prostitutos

Reales

De vez en cuando voy a un boliche disfrazado de pub con rockola y pool incluidos, que en verdad es un prostíbulo. Me gusta conversar con las prostitutas, tomar una cerveza acodado en la barra, ver el comportamiento de hombres que a veces van en busca de sexo pago; otras, de cervezas heladas, sin contacto con las mujeres, en busca de un pool tras otro, de una cumbia en la rockola, a la que le sigue otra cumbia en la rockola, otra apuesta en las máquinas tragamonedas, compra de estimulantes varios. Pero más que de ellos o además de ellos, la pregunta siempre versa sobre ellas.


La explotación laboral no reconoce condición

Salarios de cuerpo y mente

Iba a comenzar con una imagen que tengo prendida en la retina hace días, pero a veces ciertos ruidos interfieren cualquier foto nítida. Escribo sentado bajo un techo digno, puedo prender un ventilador, tomar mate, pensar y repensar mis palabras, mientras que detrás de ese ruido molesto, insoportable, que interceptó a mi imagen primaria, ese ruido de perforadora de veredas, pavimento y mentes, hay otro hombre que también trabaja pero sin ventilador ni mate ni más descanso o alejamiento de esa máquina odiosa que los 45 minutos pautados para comer, tirado en la vereda y procurando una sombrita de árbol frondoso, de gentil recodo.


Decirlo todo | Llamadas de auxilio y risa

Urgencias de almas móviles

Tengo un amigo de 33 años, médico pero no de los ricos, que cubre el turno de la noche en una empresa de emergencia móvil. Es médico y no le gusta serlo, y aunque es ético no siente el juramento hipocrático como propio, aspira a ser escritor y escribe muy bien, o aspira a cambiar de vida y de rumbo. Él, porque quiere ser escritor y para salvarse de la afectación enferma que producen ciertas historias trágicas, creo, todo el tiempo pendula entre el chiste, la ironía, la conmoción y la sorpresa.


El precio de la libertad

Pancartas sin carne

Una mujer bufa porque no puede andar, como los hombres, en tetas por la calle. Dice de su cuerpo cosificado, de sus pechos predestinados socialmente al amamantamiento, del machismo, la misoginia, de su falta de libertad. Bufa y reclama por esa desigualdad impuesta por una cultura que a la vez que exhibe el cuerpo de las mujeres como carne barata en pantallas, discursos y carteles, no la deja a ella andar libre de prendas por las avenidas o los parques de la ciudad.


Decirlo todo: año nuevo y verano

Cansados hasta el océano

Un día al menos todo parece detenerse o hacemos como que se detiene. Ese día consensuado socialmente, ya sea por almanaques occidentales o astrales. Ese día que es hoy, la última reunión o todo el 2015, que se va. Se va y no vuelve y el 2016 son sólo 24 horas más, pero se va aunque haya sido bello y nos hayan pasado cosas contundentes, se va con nuestro beneplácito, nuestra bendición; lo dejamos ir porque un año no significa nada y lo significa todo.


Decirlo todo

Paremos de sufrir

No es ninguna novedad que la mayoría de nosotros, por acción u omisión, somos cristianos y que practicamos esa forma de la fe -tan ateos y laicos- disfrazada de encuentro familiar. Festejamos el nacimiento del niño Jesús casi casi que enguyéndolo a él también, cerca de la antropofagia, porque de panes y peces, nada. A pura carne y bebidas calóricas, y a la espera de la gracia para los niños, que ojalá y Dios tatita, el hombre de rojo haya leído con atención la carta, casi un documento a veces convertido en contrato. A eso exactamente quería referirme: los contratos. Principalmente los tácitos, los no firmados, los más difíciles de romper: los lazos longevos de familia.


Apegé - Balances y refugios

Es en diciembre

Por más desprendidos, indiferentes o superados que nos hagamos, por más que sepamos que un día es 2015 y al otro, y ni siquiera, al minuto siguiente, es 2016 -nada, un suspiro-, diciembre tiene vida propia y se impone más allá de sus 31 días.


Por un tipo de aristocracia

Alguna vez José Saramago escribió contra una forma del carnaval estupidizante, ese que acusaba o acusa a los intelectuales de andar lejos del pueblo, profiriendo sus aristocratizantes abstracciones, sus palabras elegantes, su pensamiento erudito. Dijo, con furia y dolor, algo así: ojalá llegue el día que en este país (se refería a Portugal, claro) todos sus habitantes sean intelectuales, que el uso del pensamiento y la inteligencia no sea el privilegio de unos pocos sino el pan nuestro de todos, y cada día.