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Nacional | Lunes 14 • Marzo • 2016

Inauguración de las cooperativas de viviendas Castalia y Cuareim, el sábado en el Barrio Sur. Foto: Santiago Mazzarovich

Flor nueva de barrio viejo

Inauguración de dos cooperativas de viviendas en Barrio Sur, que se transforma intentando preservar su identidad.

En pleno corazón del Barrio Sur, en el predio donde se ubicaba un ex corralón de la Intendencia de Montevideo (IM), se inauguraron el sábado dos nuevas cooperativas de vivienda: Castalia y Cuareim. Estos dos complejos se integran a cinco cooperativas inauguradas en los últimos años y a dos que están en construcción: en total son 350 viviendas que revitalizan un área que estaba depreciada y que, con cimientos cooperativos, se integran a uno de los barrios característicos de la ciudad.

Las historias de Castalia y Cuareim sirven de muestra del arduo trabajo del movimiento cooperativo y del largo esfuerzo que significa tener la casa propia. Ambos colectivos se conformaron en 1999. El periplo fue largo y por el camino fueron quedando integrantes que trabajaron por años pero que debieron abandonar el proyecto; a ellos les agradecieron el sábado los actuales moradores.

Cada una de las dos cooperativas tiene 47 viviendas (de dos, tres y cuatro dormitorios) y un salón de usos múltiples. Pertenecen a la Federación de Cooperativas de Vivienda por Ahorro Previo (Fecovi), que, al igual que la Federación Uruguaya de Cooperativas de Viviendas por Ayuda Mutua (FUCVAM), accede a la cartera de tierras del Estado y a préstamos del Fondo Nacional de Vivienda para la construcción y el pago del terreno, que compran a un costo inferior que el del mercado. A diferencia de los participantes de FUCVAM, los de Fecovi no aportan horas de trabajo sino el equivalente en dinero, previamente ahorrado. Tanto Castalia como Cuareim son viviendas de usuarios, en donde la propiedad es colectiva. “La cooperativa es la dueña de todo; nosotros tenemos partes sociales, que no podemos vender ni alquilar. Si querés irte, la cooperativa te devuelve la plata que pusiste”, explicó Alfredo Monetti, integrante de Castalia. La diferencia no es menor, y tanto Monetti como Soledad Jiménez, presidenta de la comisión directiva de Cuareim, hicieron énfasis en esa condición cuando leyeron sus discursos, porque significa “anteponer el interés común al interés individual”.

Planificación urbana

El predio fue vendido por la IM a las federaciones de cooperativas en 2003 para la construcción de viviendas, en concordancia con el Plan Especial de Ordenación y Recuperación Urbana del Barrio Sur, aprobado por la comuna en esos años, con el fin de “recuperar y reafirmar las características propias del Barrio Sur protegiendo su acervo cultural, arquitectónico y urbanístico”. Entre los objetivos específicos del plan, está el de “defender y profundizar el carácter residencial del barrio, estimulando la redensificación del área y la recuperación del patrimonio edificado con destino a vivienda”, y “promover el reequilibrio social y urbano de los distintos sectores socioeconómicos que lo integran”. Consultado por _la diaria_, Raúl Vallés, arquitecto y miembro de Hacer-Desur, instituto de asesoría técnica de Cuareim y Castalia, señaló el marco dado por el plan especial para el Barrio Sur “que define que todo este suelo sea asignado a la vivienda social” y que “el sistema cooperativo se encarga de llevar adelante eso”. “Lo que eran viejos corralones municipales, una zona prácticamente abandonada, hoy son 350 familias en el sistema cooperativo, en régimen de propiedad colectiva, con vista al mar, o a nuestro río. Hay un esfuerzo de la sociedad, porque los sectores que por sí mismos no tendrían posibilidad de acceder al suelo en este lugar de la ciudad hoy lo pueden hacer”, valoró. Agregó que se trata de “gente que se propone insertarse en el barrio desde una matriz del habitar colectivo, y eso es muy importante, porque todo lo que es la lucha por la vivienda, el debate, la discusión, se traslada a la gestión del propio barrio”.

La demolición de los galpones municipales fue entre 2010 y 2011. En 2012 las cooperativas accedieron al préstamo y en marzo de 2013 comenzó la obra, que culminó en diciembre de 2015.

Pero antes tuvieron un largo camino, en parte porque a partir de la crisis de 2002 los proyectos arquitectónicos no eran aprobados por el Banco Hipotecario del Uruguay (BHU), una situación que se extendió por cuatro años en el caso de Castalia, relató Patricia Beyga, presidenta de la comisión directiva. Jiménez pasó factura por los “trámites y más trámites” que debieron hacer ante el BHU, el Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente (MVOTMA) y la Agencia Nacional de Vivienda (ANV). “Que este momento sea un reconocimiento a la gente que se organiza; no le debemos nada a nadie, nadie nos hizo favores, estamos hablando de derechos”, expresó Jiménez, y pidió a las autoridades “que mantengan la coherencia, que faciliten las cosas a los [cooperativistas] que vienen y que cooperen”. Entre las autoridades estaban Eneida de León, titular del MVOTMA, la directora nacional de Vivienda, Lucía Etcheverry, y el presidente de la ANV, Francisco Beltrame.

Gerardo Fernández, secretario general de Fecovi, destacó que ésta “es una excelente herramienta para proveer de vivienda a los sectores trabajadores de ingresos medios y bajos”, y si bien dijo que tenía unos cuantos reclamos para enumerar, reconoció que nunca en la historia de Fecovi habían tenido 11 cooperativas en formación, diez en construcción y cuatro recién inauguradas.

“No tienen que darle las gracias a nadie del gobierno, a nadie de afuera, porque el esfuerzo es todo de ustedes”, expresó la ministra cuando pasó al frente, y manifestó “el compromiso del gobierno de seguir apoyando el cooperativismo a lo largo y a lo ancho del país, porque es el futuro para mejorar nuestra sociedad, nuestra convivencia y, sobre todo, la solidaridad con los vecinos”. Etcheverry reconoció la demora y sostuvo que la política “basada en fomentar las relaciones de cooperación” recién se empezó “a transitar a partir de 2005; lo demás fue un esfuerzo permanente del cooperativo por pelearla y demostrar que era posible”. “Vamos a hacer lo posible para que estas experiencias sigan creciendo y se repliquen también en el interior del país, donde las cooperativas de ahorro previo deben crecer”, añadió, y subrayó que “hay 6.200 familias en obra en todo el país: nunca jamás hubo esa cantidad de gente bajo la producción cooperativa”.

Zulma Perdomo, integrante de Fecovi, entregó a Mariano Arana, edil y ex intendente de Montevideo, una placa en reconocimiento por haber autorizado el uso del espacio para la construcción de las viviendas. El homenajeado narró que conocía el barrio “desde que era muy chiquilín” porque allí vivía una tía suya que “era lavandera, de aquellas que lavaban a mano, una gallega petisita, toda vestida de negro y que andaba con aquel atavío, una sábana blanca” en la cabeza. “Conocí la solidaridad de la gente que vivió en el conventillo Mediomundo, una barbaridad que lo haya tirado la dictadura. No había cooperativas pero había solidaridad; esa gente fue la que contribuyó a transformar las cooperativas en esta realidad de hoy, y ustedes han contribuido a transformar estas preciosas construcciones. Ustedes están generando ciudad, no sé si se dan cuenta”, transmitió al auditorio, y refiriéndose a Perdomo, dijo que “Fecovi nos corría, nos perseguía y tenía razón”.

Ganancia colectiva

Durante toda la obra las cooperativas se reunieron en La Casa del Vecino al Sur, ubicada en la zona. Los nuevos habitantes buscaron la integración y estos años se fueron sumando a las fiestas por el Día del Niño y a las actividades durante el Día del Patrimonio. Ese hacer colectivo se reflejó ayer, porque los puestos de venta de tortas fritas, choripanes y bebidas los compartieron las nueve cooperativas, la Casa del Vecino al Sur y el club de baby fútbol de la zona, Sur 2000.

Sobre las 18.00 estaba pronta para freír las tortas Ivonne Quegles, que nació hace 45 años en el conventillo Mediomundo y desde hace diez años vive en la cooperativa Atahualpa Cardozo (FUCVAM), la primera en instalarse en la zona; Quegles es, además, la encargada de la Casa del Vecino al Sur, y concejal. Dijo que es “un gran logro” haber podido hacer lugar a todas las cooperativas en el barrio. Comentó que se formó un grupo intercooperativo “que somos todas las cooperativas unidas, las de ayuda mutua y las de ahorro previo: lo bueno es que somos una”.

Los locatarios reciben de a poco a los nuevos habitantes. Quegles reflexionó: “Al principio uno es medio celoso, a mí no me pasa pero a mis hijos sí, dicen ‘ay, más gente nueva al barrio’. Yo no tengo ese recelo, al contrario, me parece que está buenísimo que venga gente nueva, con ideas y ganas nuevas. Está bueno por el sentido que tiene el cooperativismo, vienen con esa cabeza de cooperar con actividades y proyectos. Pienso que vamos a tener más espacios verdes recreativos, más lugares para la educación, creemos que van a crecer los negocios en la zona, el trabajo”, enumeró. Ahora arranca esta nueva etapa.

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