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Cultura | Viernes 18 • Marzo • 2016

Gustavo Antuña y Pedro Dalton, de Buenos Muchachos. Foto: Santiago Mazzarovich

Para calmar tu sed

Con Pedro Dalton y Gustavo Antuña, de Buenos Muchachos.

Como quien no quiere la cosa, pasaron 25 años desde que Pedro Dalton (voz) y Gustavo Topo Antuña (guitarra) se encerraron en un garaje de Malvín para matar el aburrimiento dominguero tocando canciones. Así se plantó la semilla de Buenos Muchachos, que el viernes 8 de abril presentará en el Teatro de Verano Nidal, su séptimo disco.

-Con Nidal volvieron al sonido clásico del grupo.

Pedro Dalton (PD):-Sí, fue una búsqueda. O no. En realidad, también es casual. Siempre hacíamos maquetas y luego el disco. Para éste, nos juntamos en Playa Verde con el Topo, el Negro [José Nozar] y Marcelo [Fernández], y tratamos de tirar una especie de maqueta, pero grabada al aire; ahí se cagó la maqueta. Entonces dijimos: “Hay que ensayar todos juntos, para grabar todos juntos”. Ésa fue la diferencia. Tiene algo de Aire rico [1999], donde hay cosas que iban a ser maquetas y terminaron siendo canciones

Gustavo Antuña (GA): -Éramos siete músicos tocando sus instrumentos, intentando hacerlo lo más despojado y libre posible; por eso el trabajo fue mucho más de ensayo. Siempre ensayamos antes de grabar, pero después estamos más libres porque sobregrabamos 27 guitarras y 14.000 bajos.

-En “A mi manera” es la primera vez que escribís una letra explícitamente basada en una persona.

PD: -Es la primera vez que intento escribir una historia. Siempre digo que Bob Dylan, Leonard Cohen, Tom Waits, Nick Cave y [Joaquín] Sabina te cuentan historias, como si estuvieras leyendo un libro. Lo vengo intentando desde Aire rico y nunca lo lograba. Ésta es la primera vez que siento que sí. Agarré un personaje real y lo llevé para ese lado.

-¿Por qué te inspiraste en la abogada trans Michelle Suárez?

PD: -Esa canción era de Se pule la colmena [2011]. La había hecho Marcelo y, cuando empecé a escribir la letra, me pareció que se prestaba para relatar una historia. Pero como no lo lograba les pedí que la dejaran afuera. En un momento escribí sobre un abogado que un día llegaba a su casa, se desvestía, se vestía de mujer y se iba a la mierda; chau, Justicia. Pero era una historia inventada, no tenía mucho sustento. Después leí una entrevista de la diaria con Michelle Suárez, que es abogada, y ta: tiene contundencia y es una historia más linda para relatar.

GA: -Cuando empezamos a pensar en este disco, habíamos imaginado diez canciones con diez personajes diferentes, armadas a partir de los personajes, pero no llegamos a eso. Un personaje era ese abogado que se vestía de mujer.

-Si bien hay atmósferas sonoras oscuras, algunas letras tienen luz. En ese terreno hay un cambio.

PD: -Hay pila de luz. “Uno con uno, mismo”, por ejemplo. Fue una búsqueda. La banda está más luminosa. Es re fácil decir “puta”, “pija”, “concha”, “mierda”, “¡estoy cabreado!”, “¡ANCAP, la puta que te parió!”. Eso lo hace cualquiera. La idea fue mandar un mensaje por nuestro lado.

GA: -Grabar un disco siempre genera tensión, pero éste fue distinto: en el estudio estábamos realmente cómodos. Nos llevó siete discos llegar a este lugar.

-Pero la letra de “Repente” es oscura: le cantás a la muerte.

PD: -Ésa sí. Bueno, loco, un día me levanto Ramones, otro día Beethoven, otro Chopin, Jaime Roos o Fernando Cabrera. Así es la vida. Si te levantás Ramones todos los días, estás en un problema. O si te levantás todos los días Beethoven...

-Entre las luminosas está “Se hizo bosque ese desierto”: “Soy un niño, / yo no sé qué es perder. / Mi pasado es corto, / el futuro ya veré qué es”.

PD: -Es una letra de recuperación; la canción que elegí para hablar de cómo estaba.

-La recuperación fue como volver a la niñez.

PD: -Sí, en realidad me hice amigo de muchas cosas: de levantarme de mañana, de hacer nada, de no sentirme culpable y de todos mis errores.

-En Nidal también escribiste letras con partes en inglés. ¿Seguís sin dominar el idioma?

PD: -Claro que sí, y va a ser así hasta el fin de mis días. Las meto en inglés por fonética, porque el rock es en inglés. Es como que le digas a un anglosajón que componga una milonga de Zitarrosa en inglés. Se le va a complicar.

GA: -Cuando empezamos a tocar, antes de que los temas se crearan hacía balbuceos melódicos, improvisando en spanglish. Eso de repente te tira una idea, es un disparador para ver por dónde puede ir la letra.

PD: -[Canta] And in the rain, the cat, the swing, the damned and the road... Sale de la nada. I see you...

-Siempre le encontrás la vuelta...

PD: -La música no para, bo. Es el ocho acostado, de verdad. El universo se expande, ¿dónde termina? No tenemos ni puta idea. La música, tampoco. Dicen que empezó como una forma de comunicación, para informar que iba a llover dentro de cinco días, por ejemplo. Pero para mí es mentira. El espíritu humano necesitaba salir por ese lado.

-Me parece que estás cantando mejor que antes. ¿Has trabajado la voz?

PD: -Eso es un problema auditivo que empieza a pintar a partir de que hacés crítica de discos. Sacate los auriculares, bajá el volumen y vas a ver. En realidad, sí, bajé la cantidad de cigarrillos y de alcohol. Y aparte, desde Amanecer búho [2004], Fernando Ulivi me pasó un montón de piques. Son cosas que no me olvido. Además, me acuesto y me levanto temprano; eso ayuda.

-Eso para el imaginario colectivo no tiene nada que ver con el rock...

GA: -Ya pasamos esa etapa...

PD: -Es que nosotros no somos rock, somos música; algo mucho más grande.

-Pero es un lindo mensaje: se puede bajar la cantidad de cigarrillos y de alcohol, y seguir tocando.

PD: -Por ejemplo, tocar temprano es fundamental para nosotros y para el público. A la una de la mañana, en un boliche apretado, donde hace muchísimo calor, si venís tomando whisky desde las nueve de la noche, llegás a un estado... Si hago eso, vamos a estar encantados de vivir una parafernalia alucinante. Hoy en día no hacemos eso, porque no nos da el cuerpo, y aparte, porque no está bueno. No queremos transmitir bardo, sino música. Lo mejor es tocar a las nueve de la noche: estamos todos de cara y la pasamos bomba.

GA: -Aprendimos a festejar después. Antes, en cada show pasaba de todo...

-¿Qué fue lo peor que pasó?

GA: -Tenemos recuerdos de tocar en un estado que no estaba bueno. Pero éramos jóvenes, las cosas pasan, la emoción te lleva. Éramos así y estuvo buenísimo en aquel momento. Con los años, te vas dando cuenta de que también está bueno hacer las cosas claro y de otra manera; buscar otro enfoque. Creo que todo lo que tuvimos en nuestra carrera estuvo bueno. Porque cuando empezás a tocar, tomar alcohol ayuda mucho para desinhibirte. Yo era muy tímido y, la verdad, chupar unos whiskies me ayudaba; lo que pasa es que a veces no eran tres, sino 17, y ta, ya es otra cosa. Hoy es el whiskiecito que ayuda a desinhibirte. Después del show cada uno se maneja con su vida y su cuerpo. Pero nuestro arte lo estamos haciendo mucho más maduro, por decirlo de algún modo.

PD: -Hubo noches oscuras, pero lo bueno fue que aprendimos un montón de cosas. A pasar por ahí y decidir por qué no. Está bueno pasar por ahí si podés zafar... Es como cuando empezó la ola del rock nacional y todos podían comprarse un equipo y una guitarra Fender: eso te lo deseo, que no tengas que dar una batalla como nosotros para comprarte una Fender; pero si tu idea es tocar en un Pilsen Rock o participar en un concurso para ganarte un equipo, matate. La idea de la música es sólo música. No pasés por desbundarte para entender lo que es un desbundado. No es necesario; no vale la pena. Cuando hacés arte, cuanto más lucidez le puedas aportar, mejor te van a salir las cosas. Mirá a todos los que siguieron de largo pensando que eran jóvenes: marcharon...

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