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Cultura | Jueves 28 • Abril • 2016

Así que pasen 80 años

Debate en torno al legado de Federico García Lorca.

Una vez más, Federico García Lorca está envuelto en una tormenta. El 19 de agosto de este año se conmemorará una nueva fecha del fusilamiento del poeta y dramaturgo, en el camino que va de Víznar a Alfacar, por parte de las fuerzas franquistas, que lo acusaban de ser espía de la Unión Soviética, de estar en contacto con los comunistas de ese país por radio, de haber sido secretario del político socialista Fernando de los Ríos y de ser homosexual, como recogió el historiador irlandés Ian Gibson. Pero no será un aniversario más, porque se cumplirán los 80 años necesarios, según la legislación de España, para que los derechos de autor correspondientes a su obra pasen al dominio público. Hace pocos días, el archivo de García Lorca fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC), lo cual impide su venta al extranjero, y entre el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte español y la Fundación García Lorca ha estallado una guerra.

Los descendientes del artista y las autoridades se enfrentan en torno a la decisión de qué destino tendrá el legado del poeta de Fuente Vaqueros, que, según anuncios anteriores, iba a ser puesto en valor en un centro construido exclusivamente con esa finalidad, en Granada (donde nació y fue detenido antes de su asesinato), pero aún continúa archivado en Madrid.

Según explican los medios españoles, el último episodio de ese enfrentamiento se produjo esta semana, cuando el secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle, decidió calificar como BIC el archivo, que incluye miles de cartas, manuscritos, dibujos, partituras, fotografías, libros y revistas. Estos podrían haber terminado, de no mediar la intervención estatal, en el Harry Ransom Center de la estadounidense Universidad de Texas, especialista en pagar cuantiosas sumas por la memoria de grandes escritores (y que, sin ir más lejos, hace poco desembolsó nada menos que 2,2 millones de dólares por los papeles de Gabriel García Márquez, a los que atesora junto con materiales de Jorge Luis Borges, William Faulkner, Ernest Hemingway y Virginia Woolf, entre otros). Se dice que Laura García Lorca, sobrina de Federico, su albacea y presidenta de la fundación, tenía esos planes debido a que la institución que lleva el nombre del escritor tiene una enorme deuda acumulada, que se estima en unos diez o 12 millones de euros, pero ella niega que esos rumores sean verdad.

“La Fundación ha trabajado incansablemente y con la mayor discreción desde el año 2002 para que la construcción y programación del Centro Federico García Lorca en Granada, proyecto impulsado por ella, pudiera albergar el legado de Federico García Lorca en las condiciones mínimas de respeto intelectual y artístico que este autor merece”, sostuvo en un comunicado la institución presidida por Laura. La construcción, originada en un convenio de 2007 que según la fundación ha sido violado por las autoridades, es monumental y tuvo un costo previsto de 27 millones de euros, pero diversas circunstancias, entre las cuales estuvo, por supuesto, la crisis económica española, retrasaron el momento en que el centro cultural se pondría en funcionamiento, y en la actualidad la firma constructora reclama una deuda de tres millones de euros al consorcio responsable de contratarla, del cual la propia fundación es parte. No es el único reclamo de cuentas por pagar, y además no está claro qué sucedió con 4,4 millones de euros donados para la obra por el gobierno noruego.

“Las actuaciones al margen de la Fundación de algunas administraciones integradas en el consorcio han hecho imposible el traslado de los fondos, porque desvirtúan la integridad” del legado del artista, asegura el mismo comunicado. Algo tendrá esto que ver con que Laura García Lorca haya presentado el año pasado una denuncia contra el secretario de la institución, Juan Tomás Martín, por apropiación indebida, pero, de todos modos, la comunicación pública concluye diciendo que el legado de Federico “ha estado y está en buenas manos, en las de sus propietarios, y no ha corrido ninguno de los riesgos que señala el señor Lassalle, quien parece querer proteger tal legado de la familia del poeta y de la Fundación”.


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