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Nacional | Jueves 14 • Abril • 2016

Miguel Altieri, ayer, en el anexo del Palacio Legislativo. Foto: Federico Gutiérrez

Cambiar la pisada

Legisladores se comprometieron a crear una comisión que elabore un plan nacional de agroecología.

En contraposición al modelo industrial del agronegocio, la producción agroecológica tiende a utilizar los productos con los que cuenta el predio y a prescindir de insumos externos; cuida la tierra y el agua, el trabajo, las semillas y la alimentación; e incluso logra producir más alimentos por hectárea que el modelo que lo cerca. Sobre todo eso habló ayer el chileno Miguel Altieri, profesor de Agroecología en la Universidad de California (Berkeley, Estados Unidos), que vino a dar una serie de conferencias en la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República y ayer disertó en el anexo del Palacio Legislativo.

La actividad de ayer fue organizada por la Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecología, la Red de Agroecología del Uruguay y la Red de Semillas Nativas y Criollas del Uruguay: las tres organizaciones que impulsan la creación de un plan nacional de agroecología. A fin de año la Red de Agroecología y la de Semillas entregaron cerca de 4.000 firmas al presidente de la República en apoyo a un pedido de la implementación del plan. A la demanda social se suma lo que prometió el programa de gobierno del Frente Amplio (FA), que habla de “implementar un Plan Nacional para la promoción de la Agroecología y la Agricultura Orgánica”, además de los problemas de cuencas que son fuentes de agua potable, como la del río Santa Lucía, la Laguna del Sauce y la Laguna del Cisne. José Puigdevall, productor que habló en nombre de las dos redes organizadoras, expresó que el proceso hacia un plan de agroecología va en avance, que la Red de Semillas nuclea a más de 400 productores y que la Red de Agroecología a más de 200, y añadió que los problemas con las cuencas de agua aceleraron ese proceso.

“Entre tantos problemas que tenemos en Uruguay, este es un tema importante y trascendente”, dijo el vicepresidente de la República, Raúl Sendic, que acompañó la actividad, que fue apoyada por la presidencia del Senado. Sendic se remontó a la historia del Homo sapiens y a la supremacía que logró sobre la Tierra, y manifestó la importancia de “que podamos apoyar a todas las herramientas que nos ayuden a ser menos peligrosos con la naturaleza y con el planeta”, y puntualizó que esta es una de ellas. Sostuvo que una política de agroecología “requiere que podamos prever todo: acceso al agua, a la tierra, a sistemas de financiamiento, a la tecnología, respaldos, porque estas cosas no nacen por generación espontánea, sino que requieren un fuerte padrinazgo del Estado y de la sociedad”.

Choque de paradigmas

Altieri saludó la iniciativa que se está gestando y dijo que, después de Brasil, Uruguay sería el segundo país en contar con un plan de agroecología, “el único camino para dar en plenitud el derecho a la alimentación”. Consideró que no puede coexistir el modelo del agronegocio con el agroecológico, y que hay un choque de paradigmas, porque se trata de dos modelos que tienen lógicas muy diferentes. Dijo que la agricultura industrial o convencional es la dominante y que es responsable de 25% a 30% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Lamentó que la biosfera se haya vuelto “homogénea genéticamente” porque tres especies -maíz, arroz y trigo- dominan más de 50% del área agrícola, a pesar de que “como humanidad nos podríamos estar alimentando de 150.000 especies”.

Según Altieri, la producción industrial es más vulnerable al cambio climático. En cambio, planteó que la alternativa agroecológica ofrece menor dependencia del petróleo y de las variaciones climáticas, porque la diversidad y la combinación de cultivos permiten una mayor cobertura del suelo y mejor retención del agua. Planteó “desafiar el derecho de la propiedad privada como algo absoluto e inviolable” y reivindicó la función social de la tierra.

Detalló un estudio inglés que calculó los costos que externaliza la agricultura industrial y que son pagos por la sociedad (para bajarlo a Uruguay mencionó que es la población la que financia las estrategias para mejorar la calidad del agua potable). Altieri había recogido la información del país; mencionó la proliferación de monocultivos, el modelo agroexportador, la concentración de la tierra, la desaparición de 40% de los agricultores familiares en los últimos diez años -1.200 por año- y el impacto que genera en las comunidades rurales.

Dejó en claro que “el sistema industrial alimentario solamente produce 30% de los alimentos que consume la humanidad, a pesar de que usa 70%, 80% de la tierra”; mencionó datos de la producción de campesinos, que en menos tierra que el modelo agroindustrial produce 51% de las hortalizas que come la población chilena, o el caso de Brasil, donde la agricultura familiar, con 24% de la tierra, da empleo a tres veces más personas que el agronegocio y produce 87% de la yuca, 70% de los frijoles, 46% maíz y 50% de las aves de corral en ese país. Subrayó que “después de seis décadas de enormes olas de ciencia agrícola e inversión en desarrollo tecnológico, la revolución verde no solucionó los problemas del hambre y la pobreza, y el costo social y ecológico fue tan grande que superó los beneficios que mucha gente dice que tuvo”.

Altieri reafirmó que el Estado tiene que dar incentivos a la producción agroecológica, oportunidades de mercado, de investigación, y proteger esa forma de producción contra los “precios predatorios” de los mercados globales. Recordó que el impulso “no tiene que venir de arriba”, sino que tiene que haber participación de la comunidad en la planificación y en la implementación del plan que se está gestando.

Por último, enumeró que es necesario garantizar alimentos sanos para toda la población; aumentar los ingresos de los pequeños productores y de los sectores consumidores más pobres; y adoptar estrategias productivas que garanticen alimentos para las futuras generaciones.

En construcción

Leonardo de León, senador del FA, resumió que varios legisladores -en la sala estaban, además, Nelson Larzábal, Andrés Berterreche, José Querejeta y Macarena Gelman- estaban trabajando en crear una comisión honoraria “que pueda laudar una propuesta de un plan nacional de producción con bases agroecológicas” y articular entre los diferentes organismos del Poder Ejecutivo para que se implemente el plan que incluirá también a la agricultura urbana y suburbana, comentó. Habló de que en esa comisión participarán representantes de la sociedad civil y de organismos del Estado, como los ministerios de Ganadería, Agricultura y Pesca, de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente, de Desarrollo Social, el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria y el Instituto Nacional de Colonización. Dijo que el objetivo es implementar políticas “en un período de corto plazo”, para que “no quede como un tema marginal”, y concluyó: “Hay una riqueza enorme en Uruguay en relación a la agroecología, la agricultura orgánica, los productores convencionales que desarrollan muchas prácticas agrecológicas”.

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