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Nacional | Lunes 04 • Abril • 2016

Centro Tiburcio Cachón. Foto: Santiago Mazzarovich

Trayectos conocidos

Usuarios del centro Tiburcio Cachón se oponen al traslado; el Mides mantiene su decisión y promete extender la rehabilitación.

El centro de rehabilitación para personas ciegas y con baja visión Tiburcio Cachón se ubica en Juan José Quesada 3666, en el barrio capitalino Brazo Oriental, muy próximo a General Flores, Bulevar Batlle y Ordóñez, San Martín y Luis Alberto de Herrera. Su ubicación, así como el apego de los usuarios por el centro y por aquellas cuadras por las que comenzaron a dar sus primeros pasos a partir de lo aprendido allí, generan resistencia a su traslado. El Ministerio de Desarrollo Social (Mides) resolvió la mudanza al Instituto Nacional de Ciegos General Artigas, ubicado en Camino Maldonado y Libia, y alega que el cambio mejorará la rehabilitación y permitirá abrir más centros en el interior del país.

El centro Tiburcio Cachón tiene 53 años; atiende a personas mayores de 12 años ciegas o con baja visión. Cuenta con psicólogos, trabajadores sociales y técnicos especializados que mediante un trabajo personalizado enseñan técnicas de orientación y desplazamiento, habilidades de la vida diaria y herramientas de comunicación. La estrategia de rehabilitación se ajusta a cada persona. Su duración depende de cada caso y puede llevar desde algunos meses hasta un par de años. Hoy el centro tiene 40 usuarios y varias personas figuran en lista de espera.

El chalet rodeado de árboles es propiedad de la Liga Antituberculosa. Desde su creación dependió del Ministerio de Salud Pública y en 2009 pasó al Programa Nacional de Discapacidad (Pronadis) del Mides.

En la órbita de Pronadis funciona también el Instituto Nacional de Ciegos General Artigas, que fue creado en 1914 y fue administrado por una asociación civil hasta mediados de la década de 1970, cuando fue intervenido por el Estado. En esa situación estuvo hasta ahora, que la Ley de Presupuesto 2015-2019 dispuso la disolución de la personería jurídica y su transferencia al Pronadis. El predio es de tres hectáreas y media. Allí residen 22 personas de manera permanente y hay una pequeña residencia transitoria para personas del interior del país que cursan la rehabilitación; se brindan cursos de informática, cocina, mimbrería y funciona un call center donde trabajan personas ciegas.

Lo conocido

El cambio no fue bien recibido por los usuarios del centro Tiburcio Cachón; de los 40 que concurren, más de 25 se nuclearon en un grupo que se opone al traslado. Hicieron volantes en los que denuncian que “nos quieren tirar para la periferia de la ciudad” y entienden que el centro se cerrará. Se han contactado con parlamentarios; hasta ahora elaboraron pedidos de informes al Mides sobre el traslado los nacionalistas Luis Lacalle Pou, Carol Aviaga y Martín Lema.

“La decisión del traslado, aparentemente, se debe a que la Liga pidió un alquiler de 140.000 pesos, y el Mides dice que tiene que achicar presupuesto y no lo puede pagar. Yo digo: si 140.0000 pesos es una cifra tan significativa para un gobierno, muchachos, tenemos que salir a matar a los directores de ANCAP y de Pluna, los tenemos que colgar en la Plaza Mayor. Entonces, 140.000 pesos no son significativos para un gobierno, acá hay otros intereses”, planteó en diálogo con la diaria Carlos López, usuario del centro.

La localización es importante para los usuarios debido a la variedad de líneas de ómnibus y a que la instrucción que han recibido hasta ahora se apoya en una maqueta del barrio. López alegó que en la zona “hay cruces con semáforo, estamos rodeados de cuatro avenidas, hay una cantidad de cosas que ya están programadas para que nosotros podamos hacer una rehabilitación”. “En Camino Maldonado y Libia si salís de Camino Maldonado y te metés para adentro son lugares intransitables”, agregó.

Además, critican la falta de técnicos en el centro. “Siguiendo la frase de nuestro ministro de Economía, el instituto Cachón sufrió una desaceleración. Acá había 40 y pico de instructores, mientras que ahora hay nueve o diez; acá había un gimnasio que está abandonado porque ni siquiera traen a un estudiante a hacer pasantías y que nos dé gimnasia. Por nuestra discapacidad tendemos a ser sedentarios; la gimnasia nos hace bien. Físicamente sigue estando el comedor; antes había una cocinera a la que le pagaba ASSE [Administración de los Servicios de Salud del Estado] y que servía algo calentito, un caldo, un café. Pero lo importante no era lo que servía, sino el momento que compartían todos los compañeros; es una función social que nos ayuda mucho. Esa cocinera fue sacada de acá. No hay oculista ni nadie que enseñe Braille”, reclamaron los usuarios, que aseguran que el centro es un referente a nivel latinoamericano.

Lo nuevo

Begoña Grau, directora del Pronadis, explicó a la diaria que se comenzó a pensar en el traslado en mayo de 2015. Reconoció que en la decisión de trasladar el centro Cachón hay un componente económico: la Liga Antituberculosa pidió renovar el contrato y subió el alquiler. “Nosotros dijimos que no vamos a pagar 140.000 pesos de alquiler cuando tenemos un centro que va a ser nuestro y que no tiene ningún costo de alquiler”, comentó.

“¿Que el lugar está más lejos? Sí, si vivo en el Prado probablemente me quede mucho más lejos ir al Artigas, pero si vivo en Punta de Rieles me queda mucho más cerca”, alegó Grau, que recordó que la rehabilitación es para que las personas puedan moverse de forma autónoma y recorrer Montevideo o cualquier lugar. Dijo que comprende el sentimiento de pertenencia de los usuarios con respecto al centro, pero aseguró que el ahorro en alquiler y mantenimiento se enmarca en el objetivo del Pronadis de abrir centros de rehabilitación básica en todos los departamentos el interior del país -hoy sólo existen en nueve departamentos- y reiteró que el Mides tiene que desarrollar políticas de alcance nacional.

Grau reconoció que “uno de los problemas que tenemos es que nos faltan técnicos en orientación y movilidad, en actividades de la vida diaria, que sepan tiflotecnología (informática adaptada a las personas con discapacidad visual), Braille, todo eso lo vamos a tener”. Explicó que “la intención es formar más técnicos para atender más gente” y que el Pronadis está haciendo un llamado a la sociedad civil para que prepare nuevos técnicos bajo la supervisión del programa.

La jerarca aseguró que no se trata de un cierre sino de un traslado, y que en el Instituto Artigas habrá más propuestas. “Vamos a hacer que la mutual de deportistas ciegos pueda tener sus canchas de fútbol dentro del Artigas, hay posibilidades de hacer huerta, queremos reflotar el proyecto de esgrima [que funcionó en el centro Cachón] y estamos buscando un profesor de educación física”, prometió. No habrá oftalmólogo, porque eso está cubierto por el centro de salud de cada usuario o por el Hospital de Ojos.

El Instituto Artigas y el entorno serán reacondicionados. Grau mencionó que se pidió a la Intendencia de Montevideo que instale despertadores, semáforos sonoros y una parada de ómnibus en la entrada por la calle Libia; ya se está acondicionando la vereda. El Mides está trabajando en la puerta por donde entran los autos y está señalizando el camino interno de 150 metros por el que deben caminar los usuarios hasta llegar a la casona. Afirmó que no se manejan fechas límites y que el traslado se hará “cuando todo esté en condiciones”. Agregó que “a las personas que hayan iniciado su rehabilitación en el Cachón las vamos a trasladar al Artigas en camioneta hasta que sean capaces de hacerlo solas. Los inicios nuevos lo harán directamente en el Artigas”.

De cerca

En setiembre u octubre de 2015 varias organizaciones de discapacidad visual recibieron la comunicación del Pronadis del traslado del centro Cachón, contaron a la diaria Gabriel Soto y Hugo D’Avenia, presidente y vicepresidente de la Unión Nacional de Ciegos del Uruguay (UNCU), y en diciembre tuvieron una segunda reunión. Soto informó que en esa ocasión muchos de los participantes manifestaron su desacuerdo con la decisión. UNCU entiende que se trata de una decisión que ya está tomada y valora que se haya dado a las organizaciones la oportunidad de hacer el seguimiento. Ellas fueron las que pidieron varias de las reformas que están proyectadas. “Hay que insistir en que tengamos el centro Cachón en la plaza Independencia, en la calle Quesada o en el Instituto Artigas, pero que dentro de ese instituto funcione la rehabilitación y que no tengamos que esperar tres meses para que nos llamen para la entrevista y después nos digan que estamos en la lista de espera”, plantearon.

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