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Cultura | Miércoles 22 • Junio • 2016

Al rescate

Mañana se firma el convenio para digitalizar el acervo sonoro y audiovisual del archivo de Zitarrosa.

A fines de 2014, la viuda y las hijas de Alfredo Zitarrosa entregaron a la Intendencia de Montevideo el archivo del artista, mediante un contrato de préstamo por diez años. En 2015, ese archivo, que incluye cintas de audio, videos, ensayos, cartas, fotografías e incluso un tucán embalsamado, quedó bajo custodia compartida del Centro de Investigación, Documentación y Difusión de las Artes Escénicas (CIDDAE) del teatro Solís, la Universidad de la República (Udelar) y el Archivo General de la Nación (AGN), abocados a su preservación y rescate.

Mañana a las 11.00, en la sala Alba Roballo del Ministerio de Educación y Cultura (MEC), se firmará el convenio interinstitucional para llegar a la digitalización de ese acervo, que está en diversos formatos. El MEC transferirá para ello 3.000.000 de pesos al AGN. Daniela Bouret, directora del teatro Solís, dijo a la diaria que una parte considerable del material se encuentra en mal estado de conservación, y que por eso es urgente comenzar su rescate antes de digitalizarlo.

En una nota que publicó el semanario Brecha en marzo, Moriana Zitarrosa -una de las hijas de Alfredo- explicó que las cajas del archivo “contienen de todo”: “Correspondencia enviada y recibida, audio en cintas de carrete abierto y en casetes, objetos personales, recortes de prensa -papá era sumamente minucioso en eso, recuerdo que cuando estábamos en México tenía una secretaria que se encargaba de recopilar esa información-, hay garabatos, películas familiares en súper 8, hay intentos de canciones -él escribía en todos lados, se le ocurría una idea, agarraba una servilleta, la dejaba por ahí y después la retomaba para seguir armando una canción-, textos, poesía, anotaciones que después se transformarían, o no, en canciones”.

También explicó cómo este material puede llegar a iluminar nuevas facetas del cantor: “Papá leyó todo lo que había en esa biblioteca, cientos de libros de las más diversas temáticas: libros de plantas, de animales, de arqueología, hasta de robótica. Todo le interesaba, y anotaba comentarios en los márgenes. De modo que papá ordenaba todo de manera obsesiva, las carpetas, todas iguales, del mismo tamaño, todas con el lomo pintado”.

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