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Internacional | Martes 14 • Junio • 2016

Personas frente a un monumento para las víctimas del tiroteo en la discoteca gay Pulse, ayer, en Orlando, Estados Unidos. Foto: Joe Raedle, Afp

Diferencias irreconciliables

Las reacciones al ataque del domingo en Orlando enfrentan a Clinton y a Trump.

La matanza en un boliche gay de Estados Unidos, cometida por un ciudadano estadounidense de origen afgano que se proclamó “leal” al grupo jihadista Estado Islámico (EI), profundizó las diferencias en política exterior y medidas contra el terrorismo entre los candidatos a la presidencia de ese país, Hillary Clinton y Donald Trump.

El ataque en Orlando entró en la campaña presidencial, a cinco meses para las elecciones. El republicano Trump insistió ayer, en varias entrevistas, en la necesidad de mejorar los servicios de inteligencia del país para detectar a los “enfermos de odio” y a quienes nacieron en Estados Unidos y se “radicalizaron”, como parece haber sido el caso del autor del ataque armado del domingo, Omar Mateen. También dijo que la comunidad musulmana debe hacer más para facilitar información sobre sus integrantes. “Créanme, la comunidad conoce a las personas que tienen el potencial de explotar”, dijo el empresario a la CNN. En otra entrevista, con la cadena ABC, el republicano reiteró su propuesta para prohibir la entrada al país de personas “que vienen de Siria” y “de diferentes partes del mundo” con “esa filosofía”.

Trump fue criticado por sus detractores por “felicitarse” a sí mismo en Twitter, después del ataque del domingo, por haber alertado en diciembre, cuando un tiroteo similar ocurrió en San Bernardino (California), que un hecho de ese tipo volvería a ocurrir “tarde o temprano” si no se prohibía la entrada de musulmanes al país. Por otro lado, en diálogo con Fox News, el multimillonario dijo que Estados Unidos necesita incrementar la “respuesta militar” contra EI, incluso si eso significa multiplicar los bombardeos. El domingo, el candidato, que fue acusado de xenófobo durante toda la campaña, llegó a pedirle a su rival demócrata Clinton que abandone la campaña por no haber usado las palabras “islam radical” para referirse a la matanza, un reproche que también le hizo al actual presidente estadounidense, Barack Obama.

Clinton, por su parte, optó por una estrategia que no incluyó en ningún momento a Trump. La ex secretaria de Estado envió un mensaje de solidaridad a la comunidad gay, pidió restringir el acceso a las armas más peligrosas a terroristas y criminales y llamó a la unidad nacional. “Es hora de que todos nos unamos y recordemos a los que han sido asesinados, apoyemos a todos los que están sufriendo y después tratemos de averiguar qué podemos hacer”, dijo la dirigente demócrata en una entrevista con la cadena NBC.

Después, respondió a las críticas de Trump, aunque sin mencionarlo: “Creo que jihadismo radical e islam radical significan lo mismo. Estoy dispuesta a decir cualquiera de los dos términos”. La candidata agregó: “Toda esta charla, demagogia y retórica no van a resolver el problema. Yo no voy a demonizar ni a ser demagoga y declarar la guerra a toda una religión”. En otro tramo de la entrevista, Clinton habló de la necesidad de “restablecer” la “prohibición de las armas de asalto” e instó a un mayor monitoreo de internet, aunque siempre “protegiendo” los “derechos de los musulmanes-estadounidenses”.

Ayer, en su primer discurso público luego del atentado, Clinton consideró que “si alguien está siendo investigado por el FBI no debería poder comprar un arma”, en referencia a Mateen, que fue vigilado hace tres años por la inteligencia estadounidense, pero el seguimiento no continuó por “falta de pruebas”.

Trump tenía previsto para ayer un discurso en New Hampshire que sería dedicado a “revelar” algunos “secretos” de los Clinton, pero lo reorientó para centrarse exclusivamente en la inmigración y el terrorismo. Allí afirmó: “Suspenderé la inmigración de áreas del mundo donde hay una historia probada de terrorismo”. A su entender, Mateen pudo cometer el ataque porque “se permitió a su familia venir” desde Afganistán a Estados Unidos.

Clinton, en cambio, canceló un acto que iba a celebrar mañana en la ciudad de Wisconsin y que iba a ser su primera aparición en la campaña junto a Obama, que la semana pasada le declaró públicamente su respaldo.

Después de una reunión que mantuvo ayer con el equipo de seguridad nacional, Obama aseguró que no existen pruebas de que el ataque en la discoteca de Orlando estuviera “dirigido” por extremistas, organizado desde el exterior o que haya formado parte de un plan terrorista de mayor escala. Mateen, un estadounidense de origen afgano, “estaba inspirado por información extremista que encontró en internet”, dijo Obama. Agregó que, más allá de la “lucha contra EI y otras organizaciones extremistas en el extranjero”, uno de los retos “más grandes” que tiene que enfrentar el país es el “fácil acceso” a la “propaganda que les llega a individuos que terminan motivados para entrar en acción”. También condenó que “armas muy poderosas”, como las empleadas por Mateen en la madrugada del domingo, sigan siendo “accesibles” en el país. “Lo fácil que sea o no obtener este tipo de armas marcará la diferencia en este tipo de casos. No importa la motivación”, insistió el presidente.

A pesar de que las autoridades reiteran en que no hay evidencia que muestre conexiones entre Mateen y EI, ese grupo jihadista volvió a atribuirse el ataque, esta vez mediante su emisora de radio Al Bayan. Pero Mir Seddique, el padre del atacante, negó ayer que su hijo estuviera “radicalizado”. Dijo al diario The Washington Post: “Creo que simplemente quería presumir. Radicalismo, no, no. Ni siquiera tiene barba. No creo que la religión o el islam tuviesen nada que ver con esto”. Explicó que su hijo pasó por su casa el día anterior a la matanza y que no mostraba signos de estar “nervioso o enojado”.

La Justicia investiga si alguien ayudó a Mateen a cometer el ataque. Según informó la agencia de noticias Reuters, el fiscal de Florida, Lee Bentley, dijo que los peritos judiciales que analizan el caso creen que no hubo cómplices y consideran que no existe una amenaza actual para la población.

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