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Fuera de sección | Miércoles 01 • Junio • 2016

Parto universitario

Imagínese una mujer joven, con estudios terciarios de posgrado y un trabajo en la universidad. Cursa un embarazo deseado y bienvenido, que ya está en el séptimo mes. Todos los estudios salieron bien, la panza crece y crece. Ella está aprendiendo a respirar, toma clase de parto con su compañero y piensan juntos cómo será ese hermoso encuentro con la vida nueva. La alegría de ellos tres es la alegría de su afectos, y es la alegría de un nuevo nacimiento en un país envejecido y con baja natalidad, que trata de avanzar en políticas de cuidados, en regulaciones para mejorar la licencias maternales y paternales desde la equidad de género.

Pero paremos con tanta dulzura. Ahora piense en la siguiente escena. La mujer es docente interina de la Universidad de la República (UR), por ende, tiene un contrato a término, con un plazo máximo de 1 año. Otro dato, la mujer es docente- desde hace varios años- del Servicio Central de Extensión y Actividades en el Medio (SCEAM), el mismo servicio que, dado el proceso de la actual reestructura aprobada por el Consejo Directivo Central (CDC), establece el 31 de julio como fecha límite para la renovación de la totalidad de los cargos docentes interinos. Por lo tanto los plazos habituales de recontratación se han visto afectados y acortados para todos los docentes y también para ella.

Considere también, que en el marco de esa resolución los actuales docentes que pretendan continuar desarrollando sus actividades en el SCEAM deberán concursar en una serie de llamados que se encuentran en curso. En algunos casos -como el de esta docente- deberá concursar por el mismo cargo que se desempeñaba, con igual carga horaria y tareas. Entonces ella, entrando en su licencia prenatal, deberá preparar méritos, escribir un trabajo y defenderlo públicamente, mientras espera las contracciones. No parece ser muy sensato. Pero sigamos un poco más.

Ante este contexto, desde el gremio hicieron llegar un pedido a la sectorial, respaldado por la red de género de la UR. El pasado 29 de marzo de 2016 la Comisión Sectorial de Extensión y Actividades en el Medio (CSEAM) se aprobó por unanimidad -incluyendo el voto favorable del Prorector de Extensión y Relaciones con el Medio- la renovación del cargo de la docente en cuestión hasta el 31 de octubre de 2016, previendo mantener la fuente laboral de la docente durante su licencia maternal y atendiendo al contexto del cargo. Parece sensato garantizar a una mujer con un recién nacido la seguridad social, la cobertura médica y el salario correspondiente para alimentarse, calefaccionar una casa, comprar pañales, ropa y todo el largo etcétera que implica recibir a un/a bebé.

Sin embargo, el día martes 31 de mayo de 2016 el tema fue tratado por el Consejo Delegado Académico. Varias autoridades universitarias se manifestaron contrarias a extender el plazo de contratación de la docente y se votó (4 en 7), aprobar su recontratación sólo hasta el 31 de julio, dos semanas después de la fecha esperada de parto. El rector, en su voto argumentó, entre otras cosas, que el personal de grados bajos, esto es, docentes jóvenes en formación, es en mayoría femenino y no podemos hacer ahora excepciones personales. Porque excepciones son también una hepatitis, un divorcio o vaya a saber usted que más. Tampoco acompañó la medida de prórroga del cargo, el representante por el Orden de Egresados, consideró que hay cosas más graves que un embarazo. Tampoco acompañaron algunos delegados de las áreas. No se hizo lugar al pedido, alegando que postergar el vencimiento del cargo va contra un valor intrínseco de la institución, usando la siempre útil para parecer democráticos y serios, Ley Orgánica de la Universidad. Por su parte, el Decano Álvaro Rico, el delegado estudiantil y la delegada docente, argumentaron su acuerdo por considerar la situación, pese a ser una excepción, señalando que la universidad debe atender a la situaciones de maternidad, separpandolas de las de enfermedad y que eventualmente con la resolución se sientan precedentes positivos para la casa de estudios en materia de derechos laborales para las mujeres.

Una vez más se usan aspectos de forma (que un órgano como el CDA no puede contravenir una resolución del CDC, que se sientan precedentes, que no se pueden hacer excepciones), para temas que son de contenido. Y lamentablemente, una vez más, la universidad no garantiza los derechos conquistados por las mujeres en las leyes y en las calles. Esta resolución no hace más que dejar en evidencia que estamos en una institución que no garantiza una maternidad libre con mínimas condiciones de trabajo que permitan desarrollar la doble tarea de madres académicas. Resoluciones como ésta perpetúan las injusticias e inequidades a las que las mujeres todavía estamos expuestas.

Algunos numeritos que ilustran la urgente necesidad de derribar esos muros imaginarios que no le permiten a la única Universidad pública del país avanzar hacia la construcción de un institución respetuosa de los derechos humanos de todos y todos. La UR cuenta con 10799 docentes según el censo 2015, que incluye un porcentaje significativo de docentes con estudios de posgrado (61%). Pero lo que resulta realmente alarmante es una de las razones estructurales de un sinfín de injusticias que encuadran el caso particular que denunciamos hoy. La masa docente se encuentra concentrada en los grados 1 y 2, representando el 63,2%. En cuanto a la participación de las mujeres en la carrera docente, es del 53%, siendo en su mayoría grados 1 (56%) y 2 (58,9%), mientras que grado 5 las mujeres representan el 34,1%. La mayor parte de las mujeres en grados 1 y 2, menores de 40 años (dato relacionado a la mediana por edad), que eligen la maternidad, cursan o cursarán embarazos durante ese período. Con estos datos podemos ver la imperiosa necesidad de no sólo marcar precedentes sino de generar reglamentaciones que garanticen condiciones de igualdad a la hora de construir conjuntamente proyectos vitales de reproducción con los académicos.

Aunque se nos diga que hay que parir más, en muchos casos la maternidad lejos de ser un disfrute es una complicación. Aunque nos quieran explicar que la universidad es tan democrática y de avanzada, los techos de cristal existen y las desigualdades permanecen, en una institución pública de producción de conocimiento que mantiene los privilegios ostentados por un sector particular de la sociedad. Costará caro admitirlo, pero sigue siendo una Universidad que se maneja desde una lógica masculina.

Se precisan niños para amanecer, pero mientras se siga diciendo que un embarazo es una excepcionalidad similar a la de una hepatitis o un divorcio, más se precisa luchar para generar antes las condiciones para maternar.