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Nacional | Lunes 04 • Julio • 2016

Desde la grieta

Con adolescentes presos en la Colonia Berro, hacedores de canciones.

¿Cómo no apegarse al efecto enajenador del golpe inmediato si lo constante es el infortunio? ¿Cómo cuidarse cuando se busca “ganar” pero se arriesga la libertad y la vida en cada jugada? Cuando da igual perder cualquiera de las dos. Gurises que tienen más calle y granos que años saben lo que es no tener más (ni menos) que a sí mismos. Estar encerrados y escuchar música al mango, para evitar pensarse; lavar ropa que ya está limpia, para distraerse; pegar caladas hondas al pucho, para calmarse, y, cuando no alcanza, agarrar a patadas el DVD, a trompadas al primero que se cruce; esperar el día de la afeitada para cortarse los brazos. Algunos de los gurises de la Colonia Berro saben qué es expeler “el bardo” en versos. Sobrevivir en una canción.

Hay 23 recluidos en el centro Granja, de régimen “semiabierto”; cuatro tuvieron la chance de participar en el taller de narrativa y expresión creativa del programa Nexo del Servicio Paz y Justicia, dirigido por Carolina Samudio y Martín Francia. Allí surgió la idea de escribir una canción; la posibilidad de pronunciarse entre el tiroteo mediático que los describe, pero no los escucha. Compusieron “La vida en la calle”, un rap que narra la historia de Tony, un personaje creado a partir de sus propias experiencias de vida. La idea se materializó con la ayuda de Alain Saez, rapero de Portadores del Hip Hop, que llevó su equipo de grabación hasta la Berro.

En el proceso de creación, Kaser MC, de 17 años, F. CRRO, de 18 años, y B. CRRO, de 17 años (nombres artísticos), tres de los cuatro gurises creadores, llegaron a la conclusión de que más que “discriminación” lo que sufren es “racismo”. Hablaron con la diaria y explicaron que la “raza” de Tony es la del pibito pobre pero con la panza llena que “se colgó en la gilada” de robar; que nació y creció cargando la misma mochila de esperanzas y exigencias que los de su generación, pero le tocó plantar jeta en los pasillos del barrio y caminar entre chorros, narcos y abuelitas. Con el peso a cuestas, además, del desprecio y la buchoneada generalizada de los que no entienden que a veces vivir es eso: morir, “perder” o “ganar”. Y que da igual.

“La vida en la calle” deja en claro que estos gurises no culpan “al ambiente” por “caer en la gilada”, pero reconocen que aunque las “oportunidades” para estudiar y “hacerla bien” están, también están las otras, y eso influye. “En una cuadra está la UTU, en la otra el liceo, en la otra la escuela, pero en medio tenés cuatro bocas y a los pibes fumando pipa y borrachos todo el día en la esquina. ¿Qué querés?”, comenta uno. Andan en la vueltita, se enganchan y caen “por giles”. “Ponele que había cosas que estaban caras y que tu madre no te las podía comprar, y vos te las querías comprar sí o sí”, dice uno. “Hay otros pibes que viven en un ranchito, se cagan de hambre todo el día y bueno, hay que robar pa’ comer. Si no tenés nada pa’ hacer, ¿cómo vas a ir a estudiar si pasás hambre? Vos pensás: o me rescato un laburo o tengo que salir a robar”, dice otro. El tercero en discordia aclaró: “Si hay mucha gilada, tarde o temprano te terminás colgando. Yo quería saber lo que era salir a robar con los pibes”. Los tres coinciden en que “jamás” pensaron que iban a terminar haciendo las cosas que hicieron, “yendo re duro por los ranchitos a una boca a comprar merca, con una plata que conseguí por vender una cosa mía. Me fisuré y vendí una computadora... Tremenda computadora por 200 pesos. Yo no esperaba eso de mí a los 14 años; para mí ahora es normal, aunque sepa que esté mal”. Otro de los gurises cuenta que antes de que le “cambiara la cabeza”, estudiaba, jugaba al fútbol y hacía boxeo, y agarraba alguna changuita en la esquina de casa para sumar al puchero. Después se rescató una moto y empezó a apartarse de la rutina: “Quería pasar todo el día en moto, quería salir a conocer afuera del barrio”. Así fue conociendo a más gurises y “ta, me empecé a enganchar en la gilada”.

Jamás pensaron, tampoco, que un día iban a ser autores de una canción.

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La vida en la calle

Tony en el barrio delincuentes conocía / miraba correteadas choques con la Policía / muchas cosas él veía y sabía que lo tentaban / todos sus amigos plata fácil facturaban / El pibe se criaba el niño desapareció / ya era un adolescente en la movida se enganchó / mucha yuyería pintaba en los días de calma / sólo se cuidaba porque se compró un arma / Se pasa en una esquina consumiendo marihuana / le tiraban los trabajos porque Tony se mandaba / sin duda mucha plata muchas cosas facturaba / su tío era muy pobre pero nada le faltaba / En días movidos le pintaba soledad / Tony se preguntaba por qué no está su mamá / lamentablemente al padre nunca conoció / su tío le contaba que él un día se marchó / Cuando a su madre embarazó y responsable no se hizo / Todas sus ilusiones le quedaron por el piso / Pasaron unos meses y Tony se encuentra preso / solitario sin familia en la cárcel va aprendiendo / Códigos lo están haciendo muchas cartas está escribiendo / le relata al pobre tío que lo piensa todo el tiempo / ya casi sin aliento por su vida está luchando / cumpliendo una condena que hoy en día está pagando / Piensa en su futuro y en errores del pasado / malas influencias que la vida le arruinaron / 27 de setiembre Tony sale del Comcar / nuevas metas nueva vida que trata de comenzar / Han pasado varios años pero el barrio no ha cambiado / la droga y las mujeres nuevamente lo tentaron / muchas bocas que copó y él solito se mandó / a trafis que le encajó mucha corriente generó / Era el más buscado su cabeza tiene precio / los sicarios que lo buscan por el barrio con desprecio / lo encuentran en una esquina reconocieron su cara / al pecho le apuntan no lo dudan le disparan / Derramando sangre Tony piensa en su tío / no siguió los consejos que siempre supo brindarle / y solito se da cuenta de que ya nada es eterno / porque sabe que hoy día Tony marcha hacia el infierno.

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