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Cultura | Lunes 18 • Julio • 2016

Obra de Carlos Nine.

El mago

Carlos Nine (1944-2016)

“Porque Carlos Nine -ya lo hemos escrito- es de lo que no hay. Ni acá ni en otro lado”, anotaba Juan Sasturain a comienzo de este año, cuando Nine había sido invitado por la Feria del Libro de Buenos Aires para presentar Informe visual de Buenos Aires, y se disponía a ofrecer una charla junto con sus colegas y amigos Daniel Santoro y Lolo Amengual, en la que recorrió varios de los temas que le interesaban, como las artes gráficas, la pasión por Racing, el rechazo a la crítica de arte endogámica y un rabioso compromiso político. El sábado, a los 72 años, falleció este argentino que fue dibujante de cómics, guionista, realizador de cine de animación, pintor, escritor y escultor, que se convirtió en una de las grandes plumas que ilustraron la historia argentina. Con una mirada mordaz y un estilo inconfundible, en el que realidad y ficción se amalgaman con un magnetismo indescriptible, Nine ilustró revistas argentinas (entre ellas Humor y Fierro), europeas y estadounidenses. También colaboró con diarios y revistas como Clarín, La Nación, Le Monde, Sur The New Yorker y The New York Times. Alternó o cruzó la escritura y el dibujo en combinaciones diversas, en un despliegue técnico impresionante. Con una impronta que cruzaba el posimpresionismo y el simbolismo -a veces, incluso, el surrealismo-, la trayectoria de Nine sumó publicaciones soberbias, como Keko el mago, Fantahgas o Gesta Dei. El año pasado ilustró para el periódico argentino Página 12 una serie de fascículos coleccionables de Crimen y castigo, de Fiódor Dostoievski.

Cuando le tocó definir su propio estilo fue contundente: al sitio Cuadritos, periodismo de historieta le dijo: “¿Viste que siempre hay una especie de lucha falsa entre lo abstracto y lo figurativo? Bueno, mi idea es que todo es abstracto. Que lo figurativo es una alusión a una realidad, pero que tampoco hay una realidad. Por lo tanto, toda la pintura es abstracta. Si tenés eso claro y no sos un tipo primitivo, ya no te preocupás más por la nariz y esas cosas. Vos hacés formas. No tenés tanta presión para hacer una nariz ‘como tiene que ser’, porque nunca la vas a poder hacer. Son dibujos y son abstractos. Entonces, podés deformar, agrandar, achicar. Que es lo que hacen todos los pintores. Eso te quita toda responsabilidad en torno al realismo, pero no te la quita en torno a la verosimilitud, que es otro problema. Yo deformo todo, pero lo que hago es creíble porque obedece a las leyes de luz y sombra, como un clásico. Yo estoy pintando un bicho pero lo ilumino como Velázquez, Caravaggio, entonces eso da una sensación de incomodidad, porque lo deformado parece que tiene peso, ropa, seda”.

Para el ilustrador uruguayo Fermín Hontou (Ombú) , se trata de uno de los dibujantes “más grandes del mundo”. Ombú dijo a la diaria que sus dibujos siempre estarán presentes, porque Nine desplegó una mirada y una creatividad “casi únicas”. En 2003, Hontou y Luis Tunda Prada organizaron la primera exposición de Nine en Montevideo (en la sala Carlos Federico Sáez, del Ministerio de Transporte y Obras Públicas). “Cuando fui a su casa me dio una carpeta con originales que había seleccionado, sobre todo de sus primeras épocas”, que cruzaban tintas, acuarelas, pasteles, “y también un procedimiento muy raro que él utilizaba: el trabajo con cartón que luego fotografiaba. Armaba maquetas casi planas con cartones cortados y rayados, con los que lograba texturas muy raras. Y es que él, además del dibujo, era un maestro de la textura. Ahí me traje la carpeta -con miedo a que se hundiera el buque-, y junto con Tunda y su amigo Lolo Amengual, montamos todo”, contó.

Ombú se ríe cuando recuerda que después de un mes, cuando ya estaba por bajar la exposición, Nine viajó a Montevideo. Terminaron caminando por el Cementerio Central, “con el que se copó muchísimo, sobre todo con las lápidas y esas cosas, y más que nada por la mezcla de decadencia y arte temprano. Y se quejaba de que se había olvidado de la cámara. Teníamos una charla a las 14.30 a la que terminamos llegando tarde. Ahí estábamos muchos admiradores suyos, como Renzo Vayra. Y en el encuentro explicó cómo hacía sus dibujos”. En cuanto a su formación, señala Hontou, en lo académico estuvo ligado a la escuela de bellas artes Prilidiano Pueyrredón, y paralelamente lo influyeron algunos dibujantes de principio de siglo -que también Hermenegildo Sábat reivindica-, como José María Cao Luaces, Manuel Mayol, Mario Zavattaro y Málaga Grenet, que integraron la primera época de la revista argentina Caras y Caretas, además de dibujantes de otros países como Lyonel Feininger -pintor e historietista pionero germano-estadounidense-. “Nine siempre reivindicaba que su formación surgía de esto. Y también otras cosas más, como dibujos de su hijo cuando era niño. Muchos le decían al hijo que dibujaba igual que su padre, pero Nine respondía que no, que era él el que copiaba. El tema es que Nine, a los dibujos toscos de un niño, les sumaba una terminación de artista sabio. Eso generaba algo raro en sus ilustraciones. Una mezcla de enfoque extraño en sus perspectivas y, al mismo tiempo, una técnica depurada”, que conformaban “una obra única”.

Recuerda que, cuando lo visitó por primera vez, Nine se había presentado a concursos europeos y asiáticos, y enseguida lo habían llamado. “En su última época hizo unos álbumes exquisitos para ediciones francesas o chinas. Por ejemplo, versiones de los cuentos clásicos de los hermanos Grimm, para que fueran acompañados de textos en chino. Era realmente excepcional”. También destaca, como muchos, sus obras para portadas de la revista argentina Humor, y rememora que lo vio por primera vez en 1986, en una convención de la historieta argentina. El artista uruguayo afirma: “Nunca llegás a su nivel de creatividad. Es invaluable cómo él tiraba líneas para buscar una forma y después, dentro de esa forma, buscaba qué podía hacer. Con respecto a las caricaturas, decía que no le gustaban. Y si bien hizo muchas en revistas y semanarios -como El Periodista-, y fue un gran caricaturista, era algo que no le interesaba tanto como generar imágenes nuevas. Nos contaba que prefería hacer Alicia en el país de las maravillas que hacer una caricatura”. Hontou remarcó que Gesta Dei, editado en francés y español, es una joya para los dibujantes, porque muestra un camino de búsqueda. En el libro Humor. Nacimiento, auge y caída de una revista que superó apenas la mediocridad general, de Diego Igal (2013), uno descubre que Nine se llevaba muy mal con Andrés Cascioli, fundador y director de aquella revista legendaria, que le quedó debiendo, como a muchos otros, bastante dinero. En Humor ilustró, entre otras notas, las “Leyendas del Ángel Gris”, de Alejandro Dolina (“los dos sintonizamos la misma vena de la melancolía, del peronista de barrio, de cierto desencanto”, dijo a Igal), e hizo dibujos de portada desde junio de 1984 (había empezado en la publicación de ciencia ficción El Péndulo y en Humi, * ambas de la misma editorial La Urraca). Nine nunca fue un hombre de medias tintas. Por ejemplo, en octubre de 1985 las autoridades municipales dispusieron la “exhibición limitada” de una portada suya para Humor en la que “mostraba a un obispo con la mujer que representa a la República en la falda, a la que le cose la zona vaginal”, recuerda Igal. Hace muy pocos años, en su cuenta de Facebook, dijo que esa revista fue un “artefacto liberal”, y en declaraciones para el libro de Igal sostuvo que “Humor* fue una construcción publicitaria”, surgida de analizar las posibilidades de un producto, ubicarlo en el lugar adecuado y potenciarlo para que se desarrollara en el público consumidor, debido a que quienes la dirigían, “Cascioli, [Oscar] Blotta y [Tomás] Sanz, eran publicitarios, y estos tienen en la cabeza públicos consumidores”. También opinaba que, durante las presidencias de Carlos Menem, de algún modo, “en la revista se obvió la tragedia del crimen social que cometía” el gobierno, porque los chistes “legalizaban la frivolidad” del presidente y su entorno.

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