Ir al contenido

Deporte | Viernes 22 • Julio • 2016

Sofía Enoccson Rito, en el gimnasio Espartacus. Foto: Santiago Mazzarovich

Regreso victorioso

La historia de Sofía, pesista olímpica uruguaya nacida en Suecia tras el exilio de su padre.

Sofía Enocsson Rito, de 30 años, representará a Uruguay en los Juegos Olímpicos en la competencia de halterofilia. Nació en Suecia, pero su padre es uruguayo, y eligió defender a Uruguay desde el año pasado, cuando comenzó a competir internacionalmente. Su padre asegura que para él, la elección de Sofía es el retorno victorioso de los exiliados por medio de sus hijos.

Sofía no habla español, pero luce en su sonrisa la alegría de saber que representará a Uruguay en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. Llegó a Montevideo esta semana, y desde entonces está entrenando en el gimnasio Espartacus, en la Unión. Allí la encontramos, acompañada por su futuro esposo, Johan Eriksson, y por el vicepresidente de la Federación Uruguaya de Pesas (FUP), Gonzalo Remiro.

“Ha sido un gran día. Entrené en doble turno y lo seguiré haciendo hasta mi partida a Río de Janeiro, el viernes 29”, cuenta Sofía, que nació y vivió siempre en Suecia, primero en Estocolmo y ahora en Strängnäs, ciudad ubicada a 60 kilómetros de la capital sueca. Su madre es artista plástica y es quien le da el primer apellido, siguiendo la legislación sueca. Su padre, Julio Rito, es uruguayo y como tantos compatriotas se exilió durante la dictadura en Suecia, donde trabajó durante más de 20 años como fotógrafo. Fue él quien le dio la noticia a Sofía cuando recibió la confirmación de que ella tenía un lugar en Río de Janeiro 2016.

“Estuve representando a Uruguay en el Mundial de Houston, en el Test Event en Río y en el Panamericano de Cartagena”, explica la pesista. Haber participado en al menos dos competencias la hizo elegible para estar en los Juegos Olímpicos cuando, por reasignación de lugares, Uruguay se clasificó. “Les quitaron cupos a ciertos países en los que se detectaron casos de doping”, cuenta Remiro. Además de vicepresidente de la federación es entrenador, y explica que la participación de Sofía en los eventos internacionales fue posible gracias a que ella y su familia pagaron los pasajes para poder viajar. “La federación colaboró, pero ayudó mucho que ella pudiera pagar parte de los costos”, afirma.

En ese aspecto, la historia de Sofía no difiere de las de tantos otros deportistas olímpicos uruguayos. Entrena en doble turno en Suecia, pero tiene un trabajo de medio tiempo como chef en un café. Las horas que invierte y dedica al deporte no son remuneradas, y sólo cuenta con unos pocos patrocinadores como apoyo. El año pasado fue campeona nacional sueca de su categoría (menos de 53 kilos), título que no pudo revalidar en julio de este año porque se estaba preparando para la cita olímpica. Su meta es mejorar sus marcas en los Juegos Olímpicos y seguir dedicándose al deporte de alto rendimiento durante cinco años más. Confiesa que intentará llegar a los Juegos Olímpicos de Tokio de 2020, pese a que todavía falta mucho para eso.

Su padre asegura que Sofía siempre fue una persona tenaz. “A todo lo que ella se dedicó lo hizo cien por ciento, y creo que eso la ha definido toda su vida”, remarca Julio, en comunicación telefónica desde Suecia. “Empezó a estudiar moda y sintió que no le interesaba la competencia que había en ese mundo. Dejó eso y empezó a trabajar en un café. Le gustó y quiso tener el suyo. La ayudamos para que abriera su café, lo abrió y lo llevó adelante muy bien hasta que tuvo contacto con una chica que hacía pesas y la invitó a ver una demostración. Al poco tiempo decidió dedicarse a eso y vendió el café para tener más tiempo disponible”, cuenta. Rito, que tiene otros dos hijos, se muestra algo sorprendido, ya que ni él ni su esposa practican deportes ni les inculcaron a sus hijos la importancia de practicarlos. “Lo único que yo hago es mirar fútbol”, comenta riendo.

La llegada de Sofía a la halterofilia fue casual. En 2012 concurría a un gimnasio donde entrenaba crossfit. Allí conoció el levantamiento olímpico y quedó enganchada con la disciplina. “Quise aprender más y comencé a entrenar y competir por mi club en Suecia”, comenta. Ese club es Allmänna SK, campeón nacional por equipos en 2015 y 2016. “En Suecia el nivel es bastante competitivo, y si bien no es un deporte popular, está creciendo”, dice la olímpica con su inglés cargado de un fuerte acento nórdico. Sus mejores marcas en la categoría de menos de 53 kilos son levantamientos de 68 kilos en arranque y 87 kilos en envión. Su deseo es mejorar esas marcas en Río de Janeiro.

El origen

“La primera vez que vine a Uruguay tenía siete años”, recuerda la deportista. “Amo a este país. Es un país hermoso, con gente hermosa. Tengo familia aquí y la vengo a visitar”, agrega. Fue en el verano de 2015 cuando, en una de sus vacaciones acá, Sofía estaba entrenando y en una charla con el entrenador Guillermo Lorenzo, este le aseguró que con sus marcas podría competir por Uruguay. “Entonces se decidió a sacar el pasaporte y empezó a competir; se metió más de lleno en este deporte”, asegura Julio. Desde entonces, Sofía invierte sus apellidos. Si bien en Suecia es Enocsson Rito, en sus páginas de Facebook, Twitter e Instagram se presenta como Sofía Rito Enocsson, como sería si hubiera nacido en Uruguay.

Para Julio, ex militante de la Resistencia Obrero Estudiantil, “es un orgullo enorme que Sofía represente a Uruguay. Nacida en Suecia, de madre sueca, no habla español, pero optó por defender a Uruguay. Eso demuestra los valores que le hemos inculcado”, afirma.

Hace más de cuatro décadas, Julio Rito dejó el país, perseguido por la dictadura militar. “Viajé a Argentina y fuimos detenidos también. Salimos en 1975 rumbo a Suecia, bajo la protección de Naciones Unidas”, recuerda. En el país nórdico rearmó su vida. Aprendió el idioma, luego estudió economía y ciencia del cine en la Universidad de Estocolmo. Además, durante los últimos 25 años hizo una carrera como fotógrafo. En 1983 conoció a Lotta Enocsson, la madre de Sofía. Dos años después decidieron venir a Uruguay. “Fue inmediatamente después de la reapertura democrática y teníamos la idea de quedarnos en Uruguay”, cuenta Julio. Pese al intento, Rito se encontró con que el país había cambiado mucho, que algunos de sus compañeros estaban desaparecidos, y sintió una desolación muy grande. “Estuvimos tres meses y decidimos regresar a Suecia, por la inseguridad que vimos en un Montevideo gris”, recuerda.

Su retorno al reino europeo fue el punto de inflexión en su vida. “Decidí desempacar la valija que había tenido armada al lado de la puerta durante 11 años y radicarme definitivamente en Suecia”, cuenta el uruguayo. Pese a que añora el dulce de leche y compra los chorizos que hace otro uruguayo que vive en Suecia, Julio ya tiene decidido que no volverá a plantearse el retorno a su país natal. A los 64 años, Julio Rito disfruta de bailar tango social y lo ha hecho en festivales en Varsovia, Budapest y Belgrado. Cuenta que se suele tocar La Cumparsita al final de las milongas y que eso, como uruguayo, lo enorgullece. “Yo a Uruguay lo sigo sintiendo como mi patria. Me gusta viajar allí y lo hago cuando puedo, cada dos o tres años, para disfrutar de la playa y de la gente”, explica. Julio resaltó hace un mes, cuando se conoció la noticia de la clasificación, que Sofía es la primera hija de un exiliado en clasificarse a los Juegos Olímpicos. “Yo creo que es como haber entrado con la bandera en alto en Uruguay. Es decir, nos echaron, nos corrieron, nos encarcelaron, nos torturaron, pero entramos victoriosos por medio de nuestros hijos. Esa es nuestra victoria. Que mi hija sea libre de optar por competir por Uruguay”, afirma.

Sofía Rito competirá en los Juegos Olímpicos y en su pecho llevará la bandera uruguaya. Esa bandera que representa a un país que está a miles de kilómetros del lugar en el que nació y en el que vive. Un país en el que su padre sufrió la persecución política, del que se fue cuando su vida corría peligro y al que, sin embargo, 40 años después, defenderá con orgullo.


Etiquetas