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Dínamo | Martes 12 • Julio • 2016

¿Tiene futuro la reforma de la salud sin mayor protagonismo social?

La construcción del Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS) incorporó la participación social como una estrategia clave ya desde sus definiciones programáticas. Es más, el programa aprobado por el congreso “Hugo Rodríguez” del Frente Amplio en diciembre 2003, luego convalidado por el voto ciudadano, es sustancialmente similar al levantado por la Federación Uruguaya de la Salud (FUS) en su congreso de mayo 2003. La Comisión de Programa de la FUS estuvo entre las usinas de pensamiento que dieron forma concreta a una aspiración programática de larga data.

La participación social en la definición de las políticas de salud y el control social de la gestión quedaron en el diseño del SNIS. Hubo dos referencias históricas: las múltiples experiencias de participación comunitaria en la base y el rol de las fuerzas sociales en la conducción del Banco de Previsión Social. Se estableció la participación de trabajadores y usuarios en la Junta Nacional de Salud (Junasa), las Juntas Departamentales de Salud (Judesas), el directorio de la Administración de los Servicios de Salud del Estado y los Consejos Consultivos por efector. La creación del movimiento de usuarios de la salud se apoyó en las comisiones de salud de los consejos vecinales en Montevideo, con asambleas abiertas en los barrios de la capital y las ciudades del interior.

Desde 2006 se fue creando un nuevo actor en el campo de la salud: los usuarios organizados. Pelearon por su espacio y sus derechos, apoyaron y cuestionaron políticas del gobierno, defendieron la profundización del SNIS. También hubo divisiones y llegó a haber tres movimientos, aunque esa no es la situación actual. La creación del Movimiento en Defensa de la Salud de los Uruguayos se tradujo en una amplia movilización que juntó más de 56.000 firmas por una plataforma común.

La actitud del gobierno y en particular del Ministerio de Salud Pública (MSP) fue de apoyo claro desde el comienzo, con vaivenes en los distintos períodos. La Intendencia de Montevideo, desde la División Salud, y los alcaldes capitalinos apoyaron fuertemente la organización de los usuarios. En cuanto al MSP, cabe señalar críticamente que en varios momentos centró la participación en las representaciones en Junasa y Judesas, en lugar de hacerlo en el vínculo con la población. Poner el énfasis en los cargos indujo a la competencia por ellos, en lugar de jerarquizar las acciones colectivas por la salud.

Hoy, órganos de dirección como la Junasa y las Judesas conducen poco. Los consejos consultivos son muchas veces ignorados por las direcciones institucionales. Dice el movimiento de usuarios: “No es aceptable que haya, como sucede hoy, departamentos o instituciones sin funcionamiento de estos organismos, o con una periodicidad menor a seis reuniones anuales, sin diagnósticos ni planes locales aprobados”. Las organizaciones de usuarios resintieron la falta de claridad en la hoja de ruta del SNIS y los escasos avances en el cambio del modelo de atención.

Esta concepción de la salud, que inspira el SNIS, pone el énfasis en el involucramiento de la comunidad para enfrentar los problemas de salud y sus determinantes. Al mismo tiempo, es una estrategia de transformación en un sistema donde el poder económico y simbólico están fuertemente concentrados. Si tomamos de Pierre Bourdieu el concepto de “campo”, podremos analizar la salud desde sus agentes, poderes, estructuras, prácticas contrapuestas y sistemas de alianzas.

Cuando la derecha ataca la participación social en salud, sabe lo que hace. Cuando desde la izquierda se la subestima, ignora o boicotea, cuando desde la academia se la omite como objeto de análisis, se está cometiendo un error serio.

Hoy, desde las fuerzas sociales, se promueve incrementar la participación de la sociedad en las políticas de salud. Se reivindican instancias democráticas, como asambleas de salud convocadas desde redes de salud, para definir problemas prioritarios, líneas de acción y rendición de cuentas. El SNIS necesita una estructura organizativa más horizontal, más cercana a la población, con más protagonismo social de los trabajadores, los usuarios y la comunidad. A>Pablo Anzalone.