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Cultura | Miércoles 10 • Agosto • 2016

Rodolfo Palacios. Foto: s/d de Autor

Río rojo, río bravo, río imputado

Hoy comienza el IV Encuentro Internacional de Novela Policial.

Hace un tiempo que en los festivales de literatura sobre crímenes la presencia de escritores se complementa con la de especialistas como abogados, detectives, criminólogos, periodistas y ex delincuentes, para debatir sobre corrupción, mentiras oficiales, escándalos y modos de abordar las noticias policiales.

Este año, el Encuentro Internacional de Novela Policial (que se realizará hoy y mañana en el Centro Cultural de España, y el viernes y el sábado en el Museo Zorrilla), también conocido como la Semana Negra, llega a su cuarta edición, y entre los numerosos invitados la gran apuesta fuera de los practicantes del género es el marplatense Rodolfo Palacios, que se ha convertido, sin estridencias, en la estrella de los periodistas policiales argentinos. Ha entrevistado, con una insistencia obsesiva, a varios de los principales criminales de su país (si dejamos de lado a los responsables de terrorismo de Estado y de graves crisis socioeconómicas), como Yiya Murano, asesina y estafadora; Carlos Robledo Puch, asesino serial que, antes de cumplir 20 años, fue condenado por 11 homicidios, 17 robos y una violación; y El Gordo Valor, famoso asaltante de bancos y carros blindados. Además, trabajó como columnista y editor de varias publicaciones, participó como asesor en la exitosa serie de televisión Historia de un clan, sobre la familia Puccio, y ha publicado una serie de libros en los que retrata a delincuentes desde la intimidad.

Con una maestría envidiable, este cronista urde la historia de los hechos sin ocultar -ni olvidar- el alma. Palacios no juzga ni enaltece a los violadores de la ley, más bien comparte lo que dicen, lo que piensan y lo que hacen. Se detiene en gestos y silencios, en arrebatos imprevistos y derivaciones que terminan en confidencias impensadas. Esto se puede rastrear en Conchita Barreda, el hombre que no amaba a las mujeres (2012, con una edición de Planeta en 2016), sobre un odontólogo que a principios de los años 90 mató a todas las mujeres de su familia; o Sin armas ni rencores, el robo al banco Río contado por sus autores (2014), acerca de ese delito cometido en enero de 2006 que, según varios expertos internacionales, fue uno de los cuatro robos más espectaculares de la historia. Al leerlo, es preciso luchar contra cierta admiración técnica, no por el autor sino por los ladrones, que constituiría apología del delito, porque la ejecución fue genial: más de 300 policías rodearon la manzana del banco Río porque una banda de asaltantes había tomado 23 rehenes, y cuando, horas después, las fuerzas de seguridad especiales decidieron irrumpir en la sede de la institución financiera, sólo se encontraron con las víctimas. Recién de noche se reveló el misterio, y la banda de desconocidos dejó perplejos a los criminólogos cuando estos descubrieron que, en realidad, parte de los integrantes del grupo había fingido un robo exprés para distraer la atención policial, mientras otros vaciaban las cajas de seguridad del subsuelo. Escaparon con 19 millones de dólares y 80 kilos de joyas, y dejaron en la bóveda un recordado mensaje: “En barrrio de ricachones, sin armas ni rencores, es sólo plata y no amores”. El libro de Palacios recopila entrevistas con los seis integrantes de aquella banda, entre ellos el uruguayo Luis Mario Vitette, que llegó a estudiar teatro para burlar a las fuerzas del orden.

Esta edición de la Semana Negra incluye dos propuestas de talleres. El propio Palacios ofrecerá uno de crónica social y policial (viernes y sábado de 14.00 a 17.00, en el museo Zorrilla), donde se propondrá trabajar historias a partir de tres elementos básicos del periodismo de investigación, los documentos, el territorio y las personas. De este modo, plantea buscar formas de hacer ese tipo de periodismo fuera de la redacción. “Pensar la crónica roja como un mero relato de sucesos es ver sólo una parte -dice, al explicar la actividad-. Como escribió una vez Eduardo Galeano, 'leyendo las páginas policiales y sociales de los diarios se aprende más sobre las contradicciones sociales que en las páginas sindicales o políticas'. En lo policial también está lo social”.

El otro taller (hoy y mañana, también en el Zorrilla de 14.00 a 17.00), a cargo de la historiadora y docente Mariana Amieva, se titula “El cine negro como estilo”. En este caso, la propuesta será aproximarse a ciertas películas destacadas de ese género cinematográfico, pero justamente a partir de un abordaje alejado de las definiciones de género, desde el que se las pueda considerar como ámbitos de ruptura. Amieva adelantó a la diaria que el primer día se ajustará un corpus del llamado “cine negro”, no para trazar un mapa sino para identificar temáticas vinculadas con estilos y formas de representación. Mañana, a partir de esa referencia, se rastrearán las huellas de ese cine en otras producciones contemporáneas, para “pensar al cine negro como un estilo que trasciende al género. A partir de encontrar algunos elementos que plantean ciertas rupturas en la formulación más clásica, nos preguntamos cómo se dan y cuáles son algunos de esos tópicos frente a los estilos característicos, para después ver cómo esos elementos vuelven a ser tomados, citados, parodiados en otros cines”.

Así, se propone trabajar no sólo sobre películas clásicas de detectives -como El largo adiós (1973), de Robert Altman sobre el libro del mismo nombre de Raymond Chandler, o El beso mortal (1955), de Robert Aldrich, también sobre una novela homónima, en este caso de Mickey Spillane-, porque más que la intriga y la resolución del conflicto la idea es observar también, entre otras cosas, todo el entramado sexual-amoroso que se establece en los films. El segundo día se dedicará a encontrar las huellas de ese estilo en el cine documental contemporáneo, el Nuevo Cine Argentino -que se vincule al cine documental-, y otras referencias más obvias, como el director estadounidense David Lynch o series de televisión contemporáneas.

Para recordar

Siguiendo con los invitados extranjeros, desde España llega Juan Madrid, exitoso escritor, periodista y guionista que ya lleva 40 libros publicados, entre novelas y recopilaciones de cuentos, y es considerado uno de los máximos exponentes de la “nueva novela negra” o de la novela urbana europea. También su compatriota y detective privado Rafael Guerrero, que además es docente universitario, escritor, criminólogo, director de seguridad, y máster en servicios de inteligencia, y que desde 1992 cuenta con su propia agencia de investigación privada. Guerrero conversará con Mercedes Rosende y Gonzalo Cammarota sobre cómo resulta eso de escribir novelas policiales, y va a participar en una mesa junto al escritor uruguayo Hugo Fontana (para más datos, el programa se encuentra disponible en www.semananegra.uy/web/programa/). Por su parte, el escritor y ensayista catalán Eloy Fernández Porta -ganador en 2010 del premio Anagrama- conversará sobre cine neo-noir.

Hoy habrá una charla en homenaje a los 30 años de la muerte de Jorge Luis Borges a cargo del escritor uruguayo Juan Grompone, quien hablará sobre la relación del argentino con la literatura policial (a la que se acercó de una forma peculiar en varios cuentos, en la que incursionó expresamente mediante obras en coautoría con su amigo Adolfo Bioy Casares, y de la que fue, junto con este, un notable difusor, desde la dirección de la legendaria colección de novelas El Séptimo Círculo, lanzada en 1945). Además, dos fotógrafos, Lucía Surroca y nuestro compañero de la diaria Santiago Mazzarovich, reflexionarán sobre cómo registrar imágenes en escenarios de hechos violentos. Mañana, el docente e investigador Pablo Rocca coordinará una mesa sobre crimen, periodismo y ficción, y dos horas después se encontrarán Sergio Israel, Leonardo Haberkorn y Raúl Ronzoni para hablar sobre el abordaje de los crímenes en el periodismo.

Entre otras variadas actividades, habrá oportunidades de conocer al escritor portugués João Tordo (hoy) y al joven abogado y escritor argentino Alberto Sarlo, conocido por estar al frente de una editorial fundada en una unidad carcelaria, donde dirige talleres literarios. En suma, una abundante oferta, ideal para los lectores adictos a la adrenalina y la astucia, pero no dirigida solamente a ellos.


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