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Cultura | Viernes 02 • Septiembre • 2016

Carmen Sandiego. Foto: Federico Gutiérrez

Aún en la joven edad

Carmen Sandiego cumple diez años y lo festeja.

Hace una década, un dúo de veinteañeros tímidos formó un proyecto musical, Carmen Sandiego, radicalmente distinto de cualquier otra cosa que estuviera sonando en las radios o en el under montevideano. Flavio Lira y Leticia Chichi Skrycky, guitarristas y cantantes, se presentaron con un EP -Vida espiritual (2006)-, lleno de canciones pop algo disonantes, melancólicas y de una rara honestidad lírica. En la década que siguió editaron cuatro discos -Ristampa (2008), Nanas (2009), Joven edad (2010) y Ciudad dormitorio (2010)-, en los que desarrollaron ese estilo tanto en lo instrumental como en lo textual, acumulando un catálogo de canciones que fueron de lo confesionalmente sentimental a la más explícita sexualidad que se haya escuchado en estas latitudes, atravesados por un sentido del humor de una ferocidad poco frecuente fuera del punk. Ampliados ahora con Ezequiel Rivero (teclados), Matías Lens (batería) y Lucía Riera (bajo), los Carmen Sandiego se mantuvieron siempre en los márgenes del rock y el pop rioplatenses, pero han generado un culto de seguidores de ambos lados del río. Mañana, sábado, para festejar la década de existencia casi nunca notada por el gran público, Carmen Sandiego se presentará en Pulpo Rojo (Florida y Canelones), con un extenso recital repaso de todos estos años de furia y ternura encapsuladas en canciones pop.

Cuando comenzaron, hace diez años, eran un grupo de culto, hermético y minoritario. Una década después son un grupo de culto, hermético y minoritario. ¿Qué cambió en esta década?

Flavio Lira: -Las panzas crecieron... No sé muy bien cómo responder eso.

Leticia Skrycky: -Pienso que de pronto no nos sentimos tan solos como al comienzo. De hecho al principio éramos dos y ahora somos cinco.

FL: -Eso es verdad. Estábamos infinitamente más incómodos que ahora.

LS: -De alguna manera hemos desarrollado cierta habilidad social. No creo que seamos tan herméticos como antes.

FL: -Bueno, nuestro disco anterior [Ciudad dormitorio] ya era mucho menos hermético. El próximo, no sé...

Ezequiel Rivero: -Estuve escuchando hace poco los primeros discos y estaban re salados. Era todo un bajón, todo re chiquitito. No tiene nada que ver con lo que estamos grabando ahora. Capaz que lo que estamos haciendo ahora es más para adentro que el disco anterior, pero no se compara con lo del principio.

LS: -De pronto, por la forma en que componíamos y tocábamos,era todo más inmediato. Lo cual no es ni bueno ni malo, era una característica. Las canciones se juntaban casi que en la primera tirada y así quedaban. Y eso estaba bueno, porque producíamos mucho.

Decían que al empezar se sentían más solos ¿Ahora se sienten parte de algún estrato musical uruguayo o rioplatense?

FL: -Yo no, porque no siento que tengamos -más allá de alguna amistad o familiaridad- mucho que ver con otras bandas.

LS: -Yo creo que sí tenemos más interlocutores, porque cuando empezamos realmente no conocíamos a nadie. Éramos él y yo. Ahora no sé si me siento parte de una escena o estrato, pero sí sé que hay cierto número de personas alrededor nuestro. Desde Fabrizio [Rossi], que nos está produciendo el disco, a las bandas con las que tocamos.

FL: -Igual siento que al principio éramos unos bichos raros entre nuestros contemporáneos. Todas las bandas de nuestra edad estaban más vinculadas al noise, no les interesaba hacer canciones que tuviesen letras, todo era instrumental y ruido. Una forma de desprecio al formato de canción, que de alguna forma se traducía en un desprecio hacia nosotros. Y que era recíproco, porque yo al menos también tenía un desprecio absoluto hacia el ruido y las no-canciones. Ahora la situación no es tan extrema, pero sigo sintiendo que somos la banda incómoda o amiga “hasta ahí”.

LS: -Yo no sé... hay tantos formatos. Por ejemplo, una banda como Comunismo Internacional, si hubiera empezado a tocar a la vez que nosotros...

Matías Lens: -Habrían sido dos bandas incómodas.

LS: -Bueno, quiero decir que ahora siento que hay más cosas que dialogan.

FL: -Puede ser, en una de esas hay bandas en las que veo algo de mí. No pienso en eso demasiado, pero existen bandas que me parece que eran inimaginables en el momento en que salimos.

¿No creen que ha variado un poco esa especie de enfrentamiento, rechazo o distancia? No hablo sólo de lo musical.

ML: -Yo creo que hay cosas que no hacemos y que nunca vamos a hacer, porque no encajamos en algunos lugares comunes.

FL: -Nunca vamos a ser una banda que lleve minitas...

LS: -La puta madre....

FL: -Y lo peor es que tampoco vamos a ser una banda que lleve putos. Estamos en un limbo eterno.

ML: -No nos sentimos cómodos en el concepto del mundo del rock. Nos parece un chiste. Con el tiempo nos fuimos permitiendo tener un poco más de volumen, pero siempre en canciones que tienen un sentido del humor.

Pero entre la hostilidad de Joven edad y el pop “amable” de Ciudad dormitorio hay un proceso, una tendencia a suavizar las letras y la música, un cambio de actitud...

FL: -Creo que eso surgió de armarnos como banda y darnos cuenta del intercambio con el público.

LS: -Al tocar con más energía generás una especie de comunidad donde antes había más que nada ira. Debe ser por contar con la base rítmica heterosexual de Ezequiel y Matías.

ML: -Más allá de la música, el núcleo compositivo de Carmen Sandiego siempre fueron Flavio y Leticia, y creo que ese cambio tiene que ver más que nada con la relación entre ellos dos. En la época de Vida espiritual o Nanas de pronto tenían una relación recontra claustrofóbica. Me los imagino en el cuarto fumando y diciendo “está todo mal”, y de pronto nos incorporamos nosotros dos y la cosa se abrió, entró a haber otra dinámica.

FL: -Igual creo que nunca fuimos una banda obtusa. Siempre eran canciones, siempre tenían letras y estribillos, siempre había una estructura fuerte. Las letras podían ser más o menos incómodas, los timbres más o menos disonantes, pero seguían siendo melodías y canciones. En mi mente nunca fuimos una banda obtusa, impenetrable y dura.

En esa dinámica compositiva entre vos y Leticia, al menos en los primeros discos, había una cosa de “policía bueno y policía malo”: vos hacías las canciones más agresivas y amargas, y ella las más alegres y pop.

FL: -Me parece que siempre hubo un equilibrio, que nunca fue “sólo odio” o “sólo palomez”. Ya en nuestro primer disco, no me parece que una canción como “El caracol” fuera muy oscura. Era sobre timidez y amor. Siempre nos interesó que hubiera cierto equilibrio. Que hubiera siempre un costado horrible y triste en todo -porque siempre es divertido cantar cosas horribles con una melodía pop-, y una corriente de humor más o menos subterránea para contrarrestar ese lamento insufrible. Y generar un instante de incomodidad y rareza a partir de eso. Esas son las tres cosas que me interesan. Si están más o menos presentes depende del disco y de la intención del disco. Con Joven edad sabíamos que queríamos hacer un disco sobre sexo, con Ciudad dormitorio ya era sobre llegar a los 30, entrar a Facebook a ver a tus ex compañeros de liceo, querer matarte... y eso.

Hay algunas de tus letras que parecen estar buscando un choque, pero no desde el punto de vista contestatario, sino tan sólo desde lo que es habitualmente inaceptable en canción.

FL: -Bueno, en una canción como “Calefactor”, para mí el desafío era ver cuán obsceno podía ser en tres minutos y medio. Son como juegos que me pongo yo. Pienso en Pau [O’Bianchi], que dice que es como un canal de las musas; es su idea sobre el arte, yo no funciono de esa forma. Necesito trabajar con personajes más o menos basados en algo que me pasó o vi, aunque en el momento en que lo escribo ya se vuelve una ficción. Ponerme desafíos tipo “¿cómo hago una canción basada en esta película horrible con Mark Wahlberg que vi?” y hago eso. “¿Cómo hago una canción que parta de un concepto asqueroso, como “Eructo de semen”, y sin embargo sea una canción de amor?”, y eso es lo que hago. No lo pienso en términos de “inaceptable” o de límites del discurso, sino de lo que me divierte hacer con esos tres minutos.

LS: -En la música, y no sólo en la letra, también intentamos movernos entre dos polos. En lo ambiguo entre lo convencional y lo innovador.

Ustedes ponen un gran énfasis en lo sexual en las canciones -para ser específicos, en lo homoerótico-, pero al mismo tiempo no tienen nada de programático identitario o representativo de alguna reivindicación.

LS: -No respondemos a ninguna plataforma más allá de nosotros mismos, y creo que esa es una de las razones por las que casi todo nuestro público es heterosexual, lo cual es rarísimo para mí, pero me gusta. Me parece raro que no haya empatía, pero lo entiendo, porque no hacemos música para bailar, ni de cantautora uruguaya candombera. Pero obviamente tenemos un discurso.

FL: -Creo que de la misma forma en que no vamos a hacer una canción sobre la ley de caducidad, más allá de la postura que tengamos al respecto, tampoco vamos a hacer una canción que diga “yo soy torta y...”.

LS: -Porque no sos torta.

FL: -Bueno, Chichi nunca la va a hacer, porque no queremos algo que intente tener una fuerza político-demagoga.

LS: -Pero lo que hacemos siempre es político, el discurso está desde que te parás ahí adelante a tocar. Pero sé que no respondo a una plataforma concreta o partidaria. Mi postura sobre las identidades y las diferencias ha variado mucho, está siempre mutando e intento que siga mutando, porque cuando te convertiste se vuelve un problema. No lo tengo claro, y por eso está esa cosa ahí, medio indefinida. No somos una banda “arcoíris”, pero somos los que somos. Y en la banda estamos los que somos desviados y los que van por la vía del Señor.

FL: -Yo canto canciones desde un punto de vista homosexual porque me daría infinita vergüenza cantar desde el punto de vista de un varón hetero. Primero, porque no me genera ningún tipo de interés, pero además, cuando empezamos y no estábamos tan afuera del clóset, a mí me daba mucha vergüenza ocultar mi sexualidad en lo que hacía. Y eso quedó traducido en las canciones. Al mismo tiempo, no sé si eso se lo preguntarías a...

Pero es interesante cómo pasaron de un discurso implícito a uno explícito, que no se volvió la definición identitaria de Carmen Sandiego, pero es uno de sus distintivos.

FL: -Somos muy inspectores y autocríticos de nosotros mismos, y por eso tenemos canciones tan distintas. No somos una banda de género en ningún aspecto, no hacemos lo que hacen las cantautoras lesbianas ni Kevin Royk, aunque nos guste más lo que hace Kevin Royk.

Tanto en las canciones como en tu charla cotidiana o tus intervenciones en las redes, a vos te gusta tantear los límites de lo que la gente tolera, te gusta revolver.

FL: -Me parece que es cómico ir a ese punto. Nunca está mal ir ahí, y siempre demuestra quién tiene sentido del humor y quién no. Es una especie de estrategia. Y también es una estrategia mía de distanciamiento constante, no lo voy a negar. Una especie de arma de defensa que tengo.

Siempre han trabajado en forma completamente independiente, pero tampoco han hecho bandera de eso.

ER: -Es que no hay discurso en general. En nada.

FL: -Al saber que lo que hacíamos no era mayoritario en ningún sentido, y como vivir de la música no entraba en nuestros planes, fue “bueno, hagamos esto en la forma en que se nos va dando”. Que es fabricar los discos por nuestra cuenta, hacer un delivery de ellos, ponerlos en internet con descarga gratuita para que los escuchen en otros países...

LS: -Es lo que se adapta mejor a lo que hacemos, y nos permite contactar con otras personas en una autogestión que nos es productiva. Pero no es sólo porque me convenga, también me siento cómoda haciéndolo de esa manera.

Pero tampoco es una cuestión de principios anticomerciales.

FL: -No, no nos desvivimos por que una canción nuestra aparezca en la radio, pero tampoco nos parecería algo horrible.

LS: -Somos muy poco estrategas. No estamos haciendo una carrera en Argentina, y tampoco acá. Nunca tratamos de vincularnos con esto o lo otro. No vamos a ser más que esto, nunca vamos a superar las 150 personas en un toque. Pero si no son siempre las mismas, yo feliz.

FL: -Lo divertido es tener 150 personas acá, otras 150 en Argentina y otro tanto en Chile. Generar un público pequeño pero completamente involucrado.

LS: -Tampoco hacemos campaña de lo bueno que es tener un público selecto y pequeño. Es lo que sucedió. No está ni bien ni mal. Uruguay es en algunos sentidos muy mezquino y opresivo, porque el techo lo conocés y no hay un camino para llegar seguro, sólo recetas de supervivencia. A mí no me molesta, no soy grandilocuente en relación con eso. Las ambiciones están en las canciones, no en el paratexto. No lo digo desde un lugar bajonero-yorugua, es que nunca busqué vivir de la música. No dice en mi pasaporte que sea música. No tengo un oficio, tengo una banda, hacemos canciones y estoy en paz con esa realidad. No estoy empantanada en una letanía, pero sé que no voy a construir un imperio.

FL: -Y al fin y al cabo, de la forma en que nos manejamos no nos ha ido tan mal, y hemos hecho cosas increíbles que nunca me hubiera imaginado cuando arrancamos. No puedo quejarme de nada.

Cuando los entrevisté por primera vez, hace diez años, eran tan tímidos que apenas levantaban la mirada de la mesa y contestaban con monosílabos. En ese aspecto sin duda han cambiado. ¿Hay algo que les gustaría decir ahora y que en aquel momento no habrían podido?

FL: -Somos mejores que todos los otros. Basta.

LS: -Son todos putos.