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Cultura | Jueves 15 • Septiembre • 2016

Shahzad Ismaily, Ches Smith y Marc Ribot.

Marc Ribot se presenta mañana en La Trastienda

Los músicos “de sesión”, instrumentistas profesionales a los que se contrata específicamente para tocar en determinadas grabaciones, suelen destacarse por su versatilidad y su virtuosismo, pero no necesariamente por su originalidad individual, ya que su talento, en teoría, está subordinado a la personalidad del artista que los contrata. Este no es el caso del guitarrista estadounidense Marc Ribot, quien a pesar de haberse destacado sobre todo como sesionista, ha dejado su impronta en los cerca de 200 discos en los que ha participado como acompañante (y también, por supuesto, en los más de 20 que ha editado como solista o líder de banda), con un estilo ecléctico y variado pero a la vez inconfundible. La lista de músicos en cuyos discos ha participado (cuya enumeración completa ocuparía una nota más larga que esta) incluye a artistas tan distintos entre sí como Laurie Anderson, The Black Keys, Cibo Matto, Elvis Costello, Aterciopelados, Marianne Faithfull, Marisa Monte, Mike Patton, Robert Plant, Caetano Veloso, John Zorn y Andrés Calamaro. Sin embargo, el nombre de Ribot está ligado esencialmente al de Tom Waits, con quien colaboró por primera vez en el ya clásico disco Rain Dogs (1985), que lo dio a conocer en gran escala. De hecho, el guitarrista participaría luego en otros siete discos de Waits, convirtiéndose en el músico más conocido e idiosincrático entre las decenas de instrumentistas notables que han trabajado con ese bardo de voz aguardentosa.

Pero cuando un público más amplio lo descubrió en este disco, Ribot ya llevaba más de una década transitando el siempre inquieto ambiente musical neoyorquino. Nacido en Nueva Jersey, en una familia de músicos, comenzó su carrera en un momento a fines de los años 70 en el que -por lo menos en Nueva York- las barreras entre el jazz, el rock, la música culta de vanguardia y el punk se hicieron permeables en la búsqueda de nuevas sonoridades y exploraciones tímbricas. Partícipe en la escena del jazz, colaboró con músicos como John Lurie y Arto Lindsay, que buscaban ampliar el espectro de influencias de ese género y aproximarse a otros, volviéndose parte del movimiento tan influyente como impopular que luego fue conocido como No Wave -del que saldrían formaciones como Sonic Youth o The Swans-, y que reunía en los mismos escenarios a músicos de amplia formación técnica con auténticos vándalos y artistas extranjeros que aportaban las sonoridades de sus países de origen.

Ribot fue, por lo tanto, una elección ideal como colaborador de Tom Waits, quien justamente estaba intentando alejarse de su repertorio de baladista de jazz y blues para experimentar, simultáneamente, con armonías más inesperadas y con lo que en Estados Unidos se denomina world music (es decir, cualquier género que allí les parezca exótico).

Convertido ya en un nombre caliente en el ámbito de los sesionistas mas buscados, Ribot -que había estudiado el trabajo de compositores como el guitarrista haitiano Frank Casseus y el cubano Arsenio Rodríguez- comenzó una carrera como solista en la que combinó su escuela disonante de la No Wave con el trabajo de esos artistas caribeños. Esto desembocó en el que sería uno de sus proyectos más conocidos, Los Cubanos Postizos, banda con la que editó en 1998 el disco The Prosthetic Cubans, que se ganaría la admiración de la crítica con su combinación de ritmos latinos (contiene varias versiones de temas del mencionado Rodríguez) y la electricidad siempre cortante de su guitarra. Poco tiempo después se presentaría por primera, y hasta ahora única, vez en Montevideo, en un recordado concierto en El Ciudadano.

Hoy en día Ribot divide su tiempo entre su trabajo en solitario y dos bandas: una de ellas llamada Marc Ribot Trío, dedicada a hacer versiones del soul de Filadelfia, y el trío Ceramic Dog, con el que se presentará mañana en La Trastienda. Ceramic Dog está compuesto además por el bajista y percusionista Shahzad Ismaily y el baterista Ches Smith, ambos también integrantes del grupo experimental Secret Chiefs 3, liderado por el brillante y excéntrico multiinstrumentista Trey Spruance (Mr Bungle, Faith No More). Aunque se la presenta como una formación de raíces eminentemente jazzeras, Ceramic Dog es tal vez el más eléctrico y rockero de los proyectos llevados adelante por Ribot, y su propuesta, más bien difícil de clasificar, es tan virtuosa como enérgica.

Siendo un músico que vive, o vivía, principalmente de su trabajo en grabaciones de otros, Ribot se enfrascó el año pasado en una apasionante y acalorada polémica con el productor y guitarrista Steve Albini -una de las voces más influyentes y originales del rock independiente estadounidense desde hace más de dos décadas- acerca del acceso gratuito a la música grabada y el fin del concepto de copyright en este terreno; Albini considera que esto es algo bueno e inevitable y Ribot lo ha refutado con gran energía. No hay nada de lo que extrañarse en ello, ya que es uno de los principales activistas de la Contents Creation Coalition (Coalición de Creadores de Contenidos), una organización formada por diversos músicos cuyo objetivo es lograr que los compositores tengan control de la difusión de sus trabajos en internet y participación en los beneficios económicos que esta genera. Tan elocuente como vehemente, Ribot consiguió rebatir muchos de los argumentos esgrimidos por Albini, y su intercambio -conocido por medio de varias cartas abiertas fácilmente encontrables en la red- es una de las discusiones más interesantes que se han dado sobre el tema, llevada adelante, además, por dos músicos a los que no se puede acusar de comercialismo o de falta de integridad artística.

La velada de mañana se propone, entonces, como una oportunidad de lujo para disfrutar de una música distinta y poco convencional, ejecutada por un virtuoso que poco se adapta al concepto mismo de virtuosismo; y una cita obligada para los amantes de la guitarra eléctrica.