La campaña de la Banda Oriental en el siglo XVIII es un tema que, a nivel de la historiografía, requiere todavía mayor investigación. Desde las obras clásicas de Pablo Blanco Acevedo y Juan E Pivel Devoto hasta el esfuerzo desplegado en la década de 1960 por el equipo de Lucía Sala de Tourón, Julio Rodríguez y Nelson de la Torre, pasando por los aportes recientes de María I Moraes, el interés por el tema ha resultado escaso. Los trabajos de Arturo A Bentancur, destacado referente en los estudios del pasado colonial, se han centrado especialmente en lo comercial y urbano.

En la década de 1990 el historiador argentino Jorge Gelman renovó los estudios rurales sobre la Banda Oriental colonial. Su libro Campesinos y estancieros, donde explora los vínculos entre estos sectores en la región de Colonia (que comprende a los actuales departamentos de Colonia y Soriano), aporta nuevas miradas sobre la campaña oriental en el siglo XVIII. Autores como Fabricio Prado y Paulo Possamai han abordado en los últimos años las relaciones, cordiales o conflictivas, entre españoles y portugueses en la Banda Oriental. Con todo, el tópico sigue abierto a nuevas indagaciones.

También resulta menester agradecer al recordado profesor Omar Moreira que haya señalado en sus trabajos históricos, y en conversaciones personales, esta particular característica regional.

En este artículo, tomando en cuenta ambas perspectivas (la historia del mundo rural colonial y los vínculos entre hispanos y lusos), pretendemos hacer un aporte empleando documentación inédita del período. El texto que utilizaremos como base del análisis se titula Filiaciones de los Extranjeros que habitan en el Partido del Rosario, comprehendiendo [sic] San Juan, Riachuelo, Sauce Colla y Piedra Redonda, con noticia de las mujeres, e hijos, Haciendas, y modo que tienen de vivir. Compuesto de 15 páginas, se encuentra fechado en el Real de San Carlos el 11 de mayo de 1771 y firmado por Nicolás de Elorduy, siendo remitido a las autoridades de Buenos Aires. En el informe se declara el origen de los extranjeros, su estado civil (solteros o casados), el número de hijos, las explotaciones productivas y, finalmente, si eran buenos o malos súbditos de la corona española.

El Partido del Rosario, en ese momento, dependía administrativamente del Real de San Carlos, fundado en 1761 por Pedro de Cevallos para contener el avance portugués desde la Colonia del Sacramento. En la segunda mitad del siglo XVIII comenzaron a establecerse pobladores en lo que sería el pueblo de Rosario, constituido formalmente en 1775 (aunque en pleito con los estancieros linderos), merced a las gestiones de Benito Herosa, mayordomo ecónomo del partido y vecino de Costas del Rosario y Cufré.

Historias de vida

En el documento se señala la trayectoria de 26 sujetos: 24 portugueses y otros dos de diverso origen (Malta, Génova). De los 24 portugueses 11 eran nacidos en Portugal, siete en Brasil y cinco en Colonia del Sacramento. De uno de ellos no se tienen noticias sobre su nacimiento (aunque puede presumirse un origen americano). Casi se equiparan, por tanto, los portugueses de ultramar con los americanos. Las edades de las 26 personas oscilan entre los 20 y los 60 años, teniendo la mayoría unos 30 años (11), siguiéndoles los de 20 (cinco) y los de 50 años (cinco).

Entre las ocupaciones se destacan los agricultores, unos 13 (siendo uno, además, carpintero), y seis ganaderos (siendo asimismo comerciante uno de ellos). En el Río de la Plata tardocolonial, la ganadería convive con la agricultura, figurando numerosos campesinos con cría de animales vacunos, ovinos y equinos (y viceversa, algunos estancieros con cultivos en sus tierras). Los agricultores incluidos en el documento poseen, en su mayoría, animales, aunque estos no son numerosos. Los campesinos, según rasgos constantes de la época, conjugaban las dos actividades para poder sustentarse.

Entre los ganaderos, tres tienen 1.000 o menos animales y los otros tres unos 2.000 o más, habiendo un estanciero con un stock que ronda entre los 4.000 o 5.000 vacunos. Estos últimos, con 2.000 o más cabezas, son hacendados importantes para la zona.

Las tierras ocupadas por estos productores comprenden unas 12 pertenecientes al rey y unas cinco que habían sido de la Compañía de Jesús (tierras de la Calera de las Huérfanas). Sobre esta ocupación irregular cabe comentar que los sectores humildes no sólo ocupaban latifundios ajenos de propiedad privada, sino también terrenos baldíos y realengos.

Casados son 17, teniendo un promedio de entre dos y cuatro hijos, ocho son solteros y uno es viudo. Puede señalarse que seis pasaron por Buenos Aires (donde podían regularizar su situación con el gobernador de turno) antes de radicarse en la Banda Oriental; cinco fueron prisioneros de las campañas de Pedro de Cevallos (en Rio Grande do Sul y Colonia); y dos habían sido soldados desertores. Su inserción en el ámbito español fue diversa.

Discriminadas por edades, repasemos algunas de estas historias personales resaltando, sobre todo, los juicios acerca de los “modos de vida”. Uno de ellos fue Thomás Rodríguez (26 años), natural de Colonia del Sacramento. Hacía 16 años que había dejado la ciudad. Resídía en el Partido del Rosario, próximo al “río” (arroyo) Colla, en tierras del rey, y poseía algunos animales (vacas, lanares y 150 yeguas y caballos), con “lo que se mantiene”. Estaba casado y tenía un hijo.

Dos zapateros pertenecen a este sector etario: Pedro Gómez (27), originario de Rio Grande, y Matheo Joseph de Sousa (23), natural de las Islas Terceras en Portugal. El primero fue prisionero de Cevallos y el segundo desertó del ejército. Ambos tuvieron un pasaje por Buenos Aires antes de afincarse en la Banda Oriental. Al momento de la encuesta estaban trabajando en la casa del maestro zapatero Pedro Muñoz. Eran solteros.

Estos hombres jóvenes, casados tres de ellos, desempeñaban en su mayoría oficios no vinculados con la tierra. Para este grupo se abrían diferentes posibilidades laborales, circunstancia que evidencia un mundo rural mucho más diversificado del que suele pensarse.

Entre los portugueses, dado que muchos se dedicaban a las tareas agropecuarias, es dable suponer que su móvil para acogerse a la corona española consistió en la búsqueda de tierras. Colonia del Sacramento, después del sitio de 1735-1737 y sobre todo de la fundación del Real de San Carlos (1761), quedó con un espacio rural en extremo limitado. A aquellos que desearan continuar o iniciarse en las explotaciones agrarias no les quedaba otra opción que pasarse a filas españolas, donde la tierra, especialmente en la Banda Oriental, aún resultaba abundante.

Agricultores y estancieros

Reseñemos las actividades de los hombres próximos a los 30 años. Juan Barbosa (30 años), natural del arroyo San Francisco en Brasil, fue hecho prisionero por Cevallos en el puerto de la Angostura, remitido a Buenos Aires y de allí a Mendoza. Regresó a la primera y con licencia del gobernador “Francisco Bucarely” (Francisco de Paula Bucarelli) viajó a la Banda Oriental. Allí se casó con Theresa de los Reyes Batalla, portuguesa nacida en Colonia del Sacramento. Estaba establecido en el arroyo San Juan, en tierras que fueron de los Regulares de la Compañía de Jesús, dedicándose a los sembrados. La familia tenía dos hijas. Sobre su conducta se afirma: “Es cierto vive de su trabajo, y no ha dado motivo para que se pueda pensar mal de él”.

Manuel Correa (32 años), nacido en Oporto (Portugal), había llegado a Río de Janeiro 15 años antes y se trasladó a la plaza de la Colonia y luego al Partido del Rosario. Era casado con Rita Batalla, hija de un portugués que moraba en Las Víboras. El matrimonio tenía dos hijos. Vivía en Riachuelo, en tierras del rey. Es “de oficio carpintero, y cultiva la tierra”. De 34 años, Joseph Antonio Araújo procedía de las “Minas Generales Ciudad de Mariana”. Desde Rio Grande llegó al Partido en 1753, manteniéndose conchabado con varios sujetos. En 1760 se desposó con Petrona Guzmán y tuvieron dos hijos. Estaba instalado en el río Rosario, en tierras del rey, y poseía una hacienda de 400 a 500 vacunos, 200 lanares, 500 o 600 yeguas y 30 a 40 caballos “para su uso.” “Al presente se porta bien”, aseguraba el informe.

Antonio Rodríguez, portugués nacido en la isla de Fayal, tenía 30 años. Hacía unos 14 que había venido desde Portugal a Colonia del Sacramento en el navío El Santiago. A los seis meses abandonó la plaza y se mudó al Partido del Rosario. Casado con Lucía Velázquez, hija de Juan Rodríguez, portugués, tenía un hijo y tres hijas. Habitaba en el río Rosario, en tierras del rey, con algunas vacas lecheras y una docena de caballos, manteniéndose especialmente de “cultivar la tierra”. Al parecer no estaba bien visto en el paraje, pues se afirma: “Es perjudicial según me he informado”.

Estos son algunos de los hombres que componen el grupo etario de los 30 a los 40 años. En su gran parte agricultores, su situación, como trasciende de los testimonios, era precaria. Varios de origen americano (sobre todo de la Colonia del Sacramento), estaban casados con mujeres descendientes de portugueses. De esta manera instrumentaron redes familiares, conservando sus lazos culturales, para insertarse en el medio de adopción hispano. Este hecho delata, a su vez, la fluida integración de la comunidad lusitana en la Banda Oriental y el Partido del Rosario.

En la franja de edades entre los 40 y los 60 años figuran algunos importantes hacendados.

Otro conjunto es integrado por los que se declaran agricultores. Cabe recordar que después de la segunda reconstrucción portuguesa de Colonia del Sacramento, bajo la gobernación de Gómez Barbosa, llegaron en 1718 unos 60 matrimonios agricultores de Tras os Montes. Desde la corona se consideraba a esta población como la más adecuada para colonizar la campaña. Como puede verse en el informe, siguieron arribando personas de esta provincia a América en épocas posteriores.

Precaria es la situación de Juan de Acosta (42 años), nacido en Colonia del Sacramento. Moraba en el Partido del Rosario hacía ocho años, en compañía de Pedro de León, hijo del cabo de dragones León. Era soltero y no tenía bienes. Se sostenía “cultivando la tierra que es del Rey, y está establecido en la costa del Riachuelo”. Apunta De Elorduy: “Este lo remitiré á Buen.s Ayres en primera ocasión”.

En los estratos de edades entre los 40 y los 60 años, si bien figuran sujetos con una situación bien consolidada (poseyendo varios esclavos), en otros casos se evidencia un panorama irregular. La antigua radicación no era entonces sinónimo de éxito.

A manera de conclusión, puede afirmarse que la franja etaria predominante está constituida por hombres de entre 30 y 40 años, en su mayor parte agricultores (aunque con pequeñas explotaciones ganaderas). Los jóvenes que rondan los 20 años logran incorporarse al Partido gracias a sus oficios, los cuales serían requeridos al aumentar la población en la región de Colonia en los tramos finales del siglo XVIII. Los extranjeros mayores de 40 años, insistimos, alcanzaron en ciertos casos positivos éxitos en la actividad ganadera. Con todo, la muestra de 26 sujetos revela un friso de época variado y complejo, pudiéndose visualizar un mundo rural lejos de los habituales esquemas (estancia ganadera y población nómade–gauchos). La historiografía agraria colonial, siendo puntera la producida en Argentina, hace tiempo que recala en el tornasol ofrecido por el entramado colonial.

En relación al actual departamento de Colonia y a la región del Rosario o el Colla, el documento analizado trasluce una rica dinámica social que anticipa la que se produciría en el siglo XIX con la colonización de suizos y valdenses. Desde la etapa colonial la zona, en su carácter de frontera, estuvo abierta a la penetración extranjera. Variable de larga duración, sin duda, que hasta el presente continúa operando.