Juan Grompone. Foto: Pablo Nogueira

El materialista

Juan Grompone y un nuevo volumen de La danza de Shiva.

El ingeniero industrial y especialista en informática Juan Grompone es un personaje multifacético: miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y de la Academia Nacional de Letras, ha escrito desde artículos de epistemología hasta novelas. Su creación más ambiciosa es la colección de libros La danza de Shiva, en la que desarrolla una historia materialista de la humanidad aplicando métodos cuantitativos. El tercer tomo de la saga acaba de editarse: trata sobre el nacimiento de las sociedades de clases. En palabras de su autor, se ocupa de las sociedades “sin propiedad privada, sin gobierno y sin dinero, usualmente dejadas de lado por las historias demasiado ocupadas por los héroes, las batallas y los reyes”. Con la excusa de este libro, Grompone recibió a la diaria para conversar de casi todo.

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S>-¿Por qué estudiar la historia desde el punto de vista materialista? -Para mí no hay otro punto de vista. Hay que retomar el origen: somos animales, mamíferos, de modo que dependemos de alimentarnos, de podernos vestir y de tener un lugar donde habitar confortablemente sin que nos ataque la naturaleza u otras cosas. Por eso la historia material es el comienzo; la filosofía, la religión y las...
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-¿Por qué estudiar la historia desde el punto de vista materialista?

-Para mí no hay otro punto de vista. Hay que retomar el origen: somos animales, mamíferos, de modo que dependemos de alimentarnos, de podernos vestir y de tener un lugar donde habitar confortablemente sin que nos ataque la naturaleza u otras cosas. Por eso la historia material es el comienzo; la filosofía, la religión y las costumbres, el final. Para que existan filósofos, artistas o pintores tienen que comer todos los días y vivir en un ambiente apto. “El espíritu de los pueblos”, “la cultura”, no son tangibles; son un resultado, no son una cosa que mueve sino que es movida.

-En el libro habla de lo que la literatura socialista clásica denominaba “comunismo primitivo”, cuando el ser humano “tenía naturalmente, libertad, igualdad y fraternidad”.

-Pensemos en los chimpancés, la especie más próxima a los seres humanos. ¿Alguien oyó hablar alguna vez de una guerra entre chimpancés? ¿Partidos políticos de chimpancés? ¿Explotación de un chimpancé por otro? Eso no existía. Nosotros somos chimpancés un poco evolucionados, tenemos que pensar en eso. La idea del “buen salvaje”, de [Jean-Jacques] Rousseau, es absolutamente clara. Él la pensó simplemente por los pueblos que se descubrieron en Oceanía; y conocida la evolución de las especies, es innegable que es así. También es innegable que después nos empezamos a matar. La idea de Rousseau y la de “guerra continua”, de [Thomas] Hobbes, ambas son ciertas, pero son momentos distintos. En el momento en que el hombre tiene la capacidad de matar a un semejante y de organizarse, y descubre que puede sacar ventaja de otros: ahí nacen las clases.

-Entonces volver a tener aquellas tres facultades parece una utopía...

-Lo que pasa es que vivimos en un mundo de recursos escasos. No todas las personas pueden tener igual disponibilidad de bienes materiales. Pero vamos hacia un mundo de abundancia. Es clarísimo lo que sucede en las sociedades desarrolladas: la población se estabiliza, se logra hacer una sociedad pacífica; todos se alimentan, tienen luz eléctrica, heladera, etcétera. Llevan una vida relativamente simple y sencilla. Ese mundo que empieza a ser distinto existe. Suiza, por ejemplo, es un país que tiene cientos de siglos de paz, no tuvo una guerra en los últimos 700 años, porque es un país de abundancia, rico. No es una utopía. La producción capitalista se expande por el mundo y, en contra de lo que normalmente se dice, trae prosperidad, abundancia de bienes materiales. El crecimiento histórico del capitalismo es de 3% anual en promedio, y el crecimiento de la población, en este momento, es de menos de 1,5%, por eso el capitalismo va a cubrir la faz del planeta. Hay pruebas: Rusia tuvo que convertirse al capitalismo, China también.

-¿Al revés de lo que pensaba Thomas Malthus?

-Exactamente. Nadie puede negar que China hoy es más próspero que hace 50 años: la gente vive mejor, tiene más bienes materiales, teléfonos celulares, automóviles, ciudades de mejor calidad...

-Pero en el tema de la libertad hay restricciones...

-Pero eso va a venir. Es una consecuencia. Después de que la gente come, tiene luz eléctrica y celulares, se puede sentar a pensar. Es la mejor demostración de que primero comer y luego pensar.

-Usted fue asesor del Plan Ceibal en los inicios. ¿Cómo tomó que las pruebas PISA no evalúen la inclusión digital?

-En primer lugar, la prueba PISA empezó siendo sólo de lengua y matemáticas, después de dos pruebas descubrieron que había que agregar ciencias. Pienso que lo van a ir agregando de a poco. El tema es que la inclusión digital es una cosa obvia en Uruguay, donde se hizo un esfuerzo brutal con el Plan Ceibal. Pero no es tan obvia en los países desarrollados, porque no hay nada parecido. En esos países la inclusión digital está librada a la “mano invisible”. Tienen un gran poder adquisitivo, y la computadora, que es un electrodoméstico, la puede comprar cualquiera.

-¿Cómo le cayeron los resultados de las pruebas PISA?

-Yo empecé a decir en 2008 -y ésa fue una de las razones por las cuales prácticamente me tuve que ir del Plan Ceibal-: “Miren que esto no va a producir ningún cambio en el lenguaje, ni en la matemática, ni en la ciencia. Esto es inclusión digital y no otra cosa. Cuando vengan las pruebas PISA van a demostrar que no cambió nada y, entonces, todo el mundo va a decir ‘el Plan Ceibal no sirve para nada’. Hay que empezar a decir desde ya que no va a cambiar nada”. Y eso le caía muy mal a todo el mundo. Yo esperaba eso, que las pruebas PISA no mostraran nada nuevo, porque no medían sobre lo que actuaba el Plan Ceibal: la inclusión digital.

-¿Cuál cree que es el problema de la educación en Uruguay?

-Nuestra educación atrasa, en promedio, 50 años. Porque la educación universitaria no creó los campus. La Universidad tiene que estar en un campus para que haya movilidad y se puedan compartir los estudios; acá, al contrario, se siguen haciendo facultades dispersas por todo Montevideo. En segundo lugar, la noción de “crédito”: no importa mucho lo que se estudia, tiene que haber libertad, lo que importa es que se cumpla una cierta cantidad de estudios. Esto entró tardíamente. Empezó hace muchos años en la Facultad de Ingeniería y se está difundiendo muy lentamente, no todas las facultades tienen el sistema de créditos. Y como consecuencia de esto una persona no puede hacer carreras mixtas. Tengo un libro fantástico, de historia de la cocina, que lo escribió una persona que tiene una licenciatura en Química y una maestría en Literatura inglesa; eso en Uruguay es imposible, impensable. Porque un egresado de la Facultad de Química no es recibido por la Facultad de Humanidades [y Ciencias de la Educación]. Por otro lado, la educación primaria es muy buena, fue diseñada a mitad del siglo XIX por los norteamericanos y fue revolucionaria en Uruguay. Pero, como dice Gonzalo Frasca, fue creada antes de la luz eléctrica, quiere decir que tiene que haber una cantidad de actualizaciones. Y la enseñanza media todavía no puede resolver el dilema de si es la enseñanza final para el ciudadano o la puerta de entrada para la enseñanza terciaria. Sigue sin resolverlo. La enseñanza media es la preparación para el ciudadano, es lo que tiene que tener una persona para vivir en el mundo y para trabajar.

-Volviendo al materialismo, pensemos en la caída de la dictadura desde ese punto de vista, ¿la causa sería económica?

-Por supuesto, los tipos no pudieron remontar una crisis económica brutal que empezó en 1950. El quiebre de “la tablita” fue el elemento más importante en la caída de la dictadura.

-En otras épocas el marxismo era “el cuco”; incluso el Diccionario de la Real Academia Española hasta la década del 70 lo definía como “doctrina de Carlos Marx y sus secuaces...”. ¿Fue culpa de la Unión Soviética?

-La Unión Soviética tuvo bastante culpa, porque lo convirtió en una doctrina, en una religión: “Esto es así y chau”. Lenin hizo una interpretación y “vamos arriba”. Y en muchas cosas es francamente contradictorio con lo que dice Marx. Si no podés aceptar que había cosas que Marx no sabía, que se equivocaba o que no era el mismo de joven que de viejo, entonces, creés que Marx es la Biblia. Ése es el problema: nadie es la Biblia. Por eso uso la palabra “materialista”. El más importante de los pensadores materialistas fue Marx, pero la corriente es materialista.

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