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Alumnos de cuarto año de liceos de San Jose y Florida, ayer en la sala Idea Vilariño de la Torre de las Telecomunicaciones.

Foto: Pablo Nogueira

Hacelo

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Taller con liceales presenta nueva versión del robot Butiá.

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Varios grupos de jóvenes sentados en el piso lo rodeaban, como si se tratara de un ritual. Butiá parecía tener vida propia, y se movía por la magia de la ciencia. En el marco de la 2a Conferencia Internacional de Software Libre y Código Abierto del Uruguay, organizada por Antel, se presentó ayer la versión 2.0 del robot Butiá, en un taller para liceales. Esta versión está creada solamente con materiales reciclados o de bajo costo.

Butiá no es un robot como los que se ven en las películas. Para empezar, es uruguayo, y funciona programándolo desde una ceibalita. Nació de un proyecto de un grupo de jóvenes de la Facultad de Ingeniería (Fing) de la Universidad de la República, y pronto comenzó a dar sus primeros pasos en escuelas de todo el país. Por medio de talleres a escolares y liceales, creció como un robot con fines pedagógicos, ya que sirve para aprender lenguaje de programación, matemática y otras asignaturas. “Uno habla de robots y se imagina un Terminator o un humanoide”, comentó Andrés Aguirre, integrante de Robótica MINA, grupo progenitor de Butiá. Pero en realidad, el requisito para que se considere un robot es que la construcción tenga sensores (como los sentidos humanos) y actuación (como el sistema 
nervioso).

En la parte de control se programa la computadora para que los sensores perciban el ambiente de tal forma que en función de eso la herramienta haga algo, ya sea un movimiento, emitir sonido o encender una luz.

“Si hay algo cerca, el robot dobla y lo esquiva. Si me acerco a él va a hacer algo distinto, el comportamiento del robot no es siempre igual”, aseguró Aguirre. Camila, Jesica y Romina, del liceo de San José y participantes en el taller, estaban entusiasmadas con la experiencia. Consideraron que programar es fácil, mientras que lo más difícil es organizar las órdenes y los tiempos por medio del software.

La programación de Butiá se basa en el manejo del software Tortugarte, que es una herramienta de programación pensada para niños y jóvenes y viene con las ceibalitas.

Inicialmente, el equipo trabajó con la Administración Nacional de Educación Pública para repartir 28 robots en liceos del país. Después de ese proyecto, varios profesores empezaron a preguntarles cómo podían fabricarlo. Aguirre y sus compañeros decidieron pensar un robot que se pueda hacer con materiales uruguayos y que además fueran desechos de otros aparatos electrónicos. Así surgió Butiá 2.0.

Movida

En el taller, cerca de 50 estudiantes de cuarto año de los liceos N° 1 de San José y de Florida interactuaban con los robots, tratando de darles vida propia.

Enseñarles a caminar no costó nada. Mónica, la profesora coordinadora de matemática del liceo de Florida, dijo que “tenía miedo, porque los veía que estaban ahí y no toqueteaban nada, pero después se largaron”, señaló sobre los alumnos, y comentó que una de ellos quería hacer algo diferente a lo que habían dicho los coordinadores: “Eso es lo bueno, probando le encontró la vuelta”.

Hace unos meses, Agustín, de 15 años, quedó entre los 20 adolescentes ganadores del concurso Google Code-in 2012. A su corta edad ya lleva tres años de programador para la fundación Sugar Labs, realizadora de Sugar, sistema operativo implementado en las ceibalitas. Agustín cursó el ciclo básico en la UTU de Rafael Perazza. Allí conoció al docente Flavio Danesse, que le enseñó a programar en Python (un lenguaje específico de programación).

Los creadores de Butiá ya piensan en una nueva versión cuya programación se realice desde dispositivos móviles, como tablets y celulares.

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