Preparación de la murga La Mojigata para el desfile de carnaval, el jueves, en el club El Faro. Foto: Pablo Albarenga

Ya sabe lo que quiere

Ensayo al aire libre, los micrófonos acomodados en línea, la acústica preparada, murguistas y público. El viernes de tardecita, la diaria fue al Faro de Ingeniería, donde ensaya la murga La Mojigata. Era el último ensayo antes de girar por los tablados el fin de semana; el último antes de subir al Teatro de Verano hoy, a última hora, para cerrar la primera jornada del concurso de carnaval.

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**–Otra vez a a las canchas, y el bolillero los larga el primer día. Se corre el telón y ¿qué pasa ahí?** Laura Almada (LA): -No es una novedad para La Mojigata ir el primer día. Se vive con un poco de nervios. Puede pasar cualquier cosa. Este año estamos bastante nerviosos por la vuelta; sumale a eso el poco rodaje de los tablados. Pero te pone feliz. No creo ser capaz de salir en otro lug...
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–Otra vez a a las canchas, y el bolillero los larga el primer día. Se corre el telón y ¿qué pasa ahí?

Laura Almada (LA): -No es una novedad para La Mojigata ir el primer día. Se vive con un poco de nervios. Puede pasar cualquier cosa. Este año estamos bastante nerviosos por la vuelta; sumale a eso el poco rodaje de los tablados. Pero te pone feliz. No creo ser capaz de salir en otro lugar que no sea La Mojigata. Es mi lugar en el mundo, más que un coro, más que un grupo. Sí me ha pasado -porque mido los espectáculos- de preguntarme si me gustaría cantarlos o no, de decir “cómo me gustaría cantar eso”. Pero es una cosa puntual. Sólo saldría acá.

Mateo Magnone (MM): -Mi último carnaval es el de la mayoría de La Mojigata, el de 2012. Todo este proceso ha estado muy cargado de emociones desde que surgió la invitación, en realidad, a lo que en aquel momento era una probable vuelta de la murga. Más allá de lo que me suceda, para mí lo más importante es que La Mojigata vuelva al carnaval, que esta voz vuelva a estar. Por cosas que hemos vivido en estos meses, con la gente y en las redes sociales, cosas de demanda y de espera, obviamente es una carga de responsabilidad particular.

–¿Cómo viven la expectativa que generan? Da la sensación de que es mucha.

LA: -Ahora que tomó forma, estoy mucho más tranquila que al principio. Seguimos siendo La Mojigata. Ese era el miedo grande: en su momento me pregunté si después de cinco años seríamos capaces de utilizar el mismo lenguaje, la misma forma de decir las cosas.

MM: -Eso que le pasa a ella desde adentro me pasa a mí. Es La Mojigata que conocemos. No vine a una cosa que fuera nueva.

LA: -Lo que dice Mateo está bueno. Siento, como vieja de la murga, que los nuevos se acoplaron y parece que hubieran estado siempre. Eso es fantástico. Es una tranquilidad y una alegría enorme.

–¿Se puede decir que el lenguaje está en el ADN? Porque cinco años pueden ser mucho tiempo para decir igual.

LA: -Capaz que sí. El equipo creativo es el mismo, y la forma de trabajar se mantiene. Eso es un plus.

–¿Qué va a haber arriba de las tablas?

MM: -El espectáculo tiene una cuestión medio interactiva con la gente mediante una herramienta que son las encuestas. Si la murga es la voz del pueblo y las encuestas, de alguna manera, también son la voz del pueblo, entonces la murga va a empezar a hacer encuestas sobre diversas cuestiones que tendrán que ver con la sociedad, el carnaval, lo público y lo privado. Siempre con el humor particular de la murga. Después pasa a un cuadro sobre las pérdidas de los valores, sobre todo por esa frase instalada en determinado sector de la sociedad de que “se perdieron los valores”, frase que siempre se larga pero que queda ahí y nunca se va a fondo en el tema. Jugamos con esa cuestión dicotómica en todo el espectáculo. Luego vamos con lo público y lo privado, con un contraste parecido que se mantiene hasta el final.

–¿En qué maduró la murga desde aquel tiempo hasta ahora?

LA: -Hay más hijos. Los que eran chicos están más grandes. Digamos que algunas cosas en el modo de funcionar cambiaron. Sigue siendo una murga cooperativa, que hace las cosas colectivamente, pero no tanto en asamblea como antes, una cosa que terminó siendo agotadora. Era muy bueno, pero cansaba pila. Me parece que este año logramos cambiarlo; es un claro signo de madurez. Hacer más confianza en un grupo que está de alguna manera dirigiendo, una especie de comisión directiva que toma decisiones más prácticas, pero a su vez esas decisiones están abiertas para conversar sobre ellas. La posibilidad de incidir está, pero no es aquella cotidiana de que hasta el grosor del pincel se discuta.

–¿Cómo surgió la financiación que plantean este año?

MM: -Por una necesidad de pensar cosas nuevas para financiarse, porque el panorama y las posibilidades que se tenían en la dinámica habitual de carnaval en cuanto a lo económico no nos estaban dando y no nos iban a dar. Visualizamos eso. Fijate que hace cinco años que la murga no sale, y hay ciertas dinámicas que si no estás todo el tiempo saliendo se pierden.

LA: -Eso sumado a que La Mojigata es una murga, no sé si “polémica” es la palabra, pero que nunca sabés cómo va a estar hasta que la ves. No es una murga que vos veas que con el cuadro que tiene va a andar, o un título que tiene nombres o tradición que vos sabés que van a andar. Nosotros tenemos eso de que hay gente a la que le gusta mucho y gente a la que no le gusta nada.

MM: -También hay una cuestión opcional de la murga en cuanto a lo que ofrecen o proponen los patrocinadores. Es como un “gracias, pero no” a lo que no nos gusta. Esta cuestión del financiamiento colectivo te da cierta independencia. No es nueva, capaz que en carnaval sí, pero seguramente antes existía de otra manera: en los clubes de barrio funcionaba mucho más comunitario: puerta, rifas, etcétera. No tiene mucha ciencia. Más allá de la necesidad, hay una cuestión hasta ideológica. La recepción que tuvo fue buena. En cuanto a lo competitivo, eso descomprime. Fijate que la competencia ya existe en cuanto a lo artístico, encima sumarle lo económico entre conjuntos me parece que ya es algo bastante nefasto.

–No es la primera vez que hacen algo distinto al resto. Fueron la primera murga que pasó de la movida joven al carnaval mayor, y también fueron referentes en tener mujeres arriba del escenario.

LA: -Hay una anécdota muy graciosa. Cuando en el 2000 ganamos uno de los primeros premios de Murga Joven se empezó a correr la idea de que teníamos que salir en carnaval, como si antes no saliéramos. “Ustedes, chiquilines, tienen que salir”, nos decían. Y un carnavalero famoso, que no viene al caso citarlo, dijo: “Ustedes tienen que sacar las minas y tienen que salir en carnaval”. Por suerte no le hicieron caso y ahora doy entrevistas.

MM: -Todo es una gran forma de romper con aquello de que “esto no es murga” o, peor, “esto es una murga”.

LA: -Me pasa que en el concurso reconozco cabezas de murga joven; para mí La Gran Siete tiene una cabeza así, más allá de que sonoramente suene a otra cosa, y hay murgas que son jóvenes que tienen un estilo bien de murga tradicional. Todo se fue dando. Y andar en esas vueltas está buenísimo.

MM: -Me parece que ahora hay una diversidad tal vez mayor que antes en cuanto a estilos, algo que, en principio, está excelente. Después hay que ver cómo se llevan a la práctica. Está bueno desprenderse de esa cuestión rígida de ser de una forma o de otra, o de cantar tal y cual. Es mejor que cada murga nazca o sea a su forma, y no casarse.

LA: -Tengo una sensación que se relaciona con lo que me pasó en 2005, que fue un año medio rebuscado de La Mojigata, en el que despertamos amores y odios, y nos fue particularmente bien con el público argentino. Capaz que soy muy ingenua o es una respuesta que me resulta conveniente, pero me parece que es porque ellos no lo ven con el preconcepto de “lo que tiene que ser una murga”.

–¿Cómo está la murga en el imaginario colectivo cultural del Uruguay?

MM: -Notoriamente, a diferencia, de años atrás, lo que pasa con las murgas es que lo que antes era un fenómeno súper montevideano hoy se ha expandido muchísimo. En el interior cada vez hay más murgas en lugares que antes eran impensados, lo mismo en Argentina. No creo que sea uno de los géneros más escuchados. Tiene la particularidad de que en determinado momento del año sucede algo muy fuerte, que es el carnaval. En el año no sé muy bien si pasa, aunque es verdad que se canta más seguido. A veces vivimos como en una burbuja y creemos que a todo el mundo le gusta, pero no es así.

–¿El sentido es hacer reír y desafiar determinadas estructuras de poder? ¿Son otros sentidos? ¿Tiene sentido esta pregunta?

MM: -Criticar y hacer reír son los dos verbos establecidos. Pero no me gusta la idea de pedirle a la murga que diga tal o cual cosa. La murga es un hecho artístico como otros. A veces se le pide demasiado a la murga, y creo que de esa forma se la aísla aun más de lo que ya está. Se la debería dejar medio tranquila, demandarle lo mínimo y saber que va a cumplir su rol particular. Antes había menos medios de comunicación y la murga jugaba un papel importante en cuanto a comunicar, pero hoy es distinto: nunca te va a dar una novedad, ya sabés lo que pasó. Hay gente que le pide a la murga que critique más al gobierno o al Frente Amplio, desde lugares conservadores y también desde la izquierda. Y me parece que en realidad hay que tener cuidado con eso. Hay que dejar que la murga diga lo que quiera. Hay formas de criticar que no necesariamente son al grito de “bo, Sendic, sos un chanta porque tal cosa”. Hay formas más inteligentes de decir, con otros caminos artísticos y letrísticos, en los que, seguramente, estés siendo mucho más crítico que si te largás de lleno a una palabra. Hay que hacer la búsqueda, aunque a veces es muy difícil.

–Cierta parte de la sociedad, tal vez la misma que pide por los valores perdidos, define toda teoría con un “y si no saben ni lo que quieren”. ¿Ustedes saben lo que quieren?

MM: -Yo vengo porque me pagan. Ponelo si querés. Si no, tengo que decir que vengo porque me gusta, porque es una murga que quiero y respeto mucho, y porque sé que quiero estar acá en este momento de mi vida.

LA: -Yo sí vengo porque me pagan.

Somos todos

La murga decidió elaborar para este año un sistema de financiación colectiva para afrontar los costos del carnaval, tal vez más conocido por su nombre en inglés: crowdfunding. La idea es que, más allá del apoyo que La Mojigata tendrá de pymes, sindicatos y colaboradores, cualquier espectador pueda contribuir a la causa. Hay cinco categorías de contribución. En la primera se puede dar cualquier cantidad de dinero hasta 499 pesos y el beneficio será las gracias con palmadita en la espalda. A quienes aporten 500 pesos se les dará una entrada gratis para la futura grabación del disco; a los que pongan 1.000, entrada más disco; para quienes colaboren con 1.500 habrá dos entradas, el disco y una remera; mientras que para quienes den 2.000 pesos o más la retribución será de dos entradas para la grabación, el disco, dos entradas para la presentación del disco, una remera 2017 y otra de edición especial. La recepción de apoyo o consultas se pueden hacer en los ensayos, en los tablados donde actúe la murga, mediante depósito bancario o en redes de cobranza, en todos los casos comunicándose previamente con lamojigata2017@gmail.com o al 099566589.

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