Batman por Gaiman

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El escritor británico Neil Gaiman debe buena parte de su fama al trabajo que desarrolló como guionista de historietas, aunque su meta siempre fue ser reconocido como autor de literatura. Decía sentirse secretamente frustrado por no ser identificado así durante los años en que escribió _Sandman_, su cómic más famoso, iniciado en 1989. Con el tiempo consiguió llegar al lugar en el que deseaba est...
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El escritor británico Neil Gaiman debe buena parte de su fama al trabajo que desarrolló como guionista de historietas, aunque su meta siempre fue ser reconocido como autor de literatura. Decía sentirse secretamente frustrado por no ser identificado así durante los años en que escribió Sandman, su cómic más famoso, iniciado en 1989. Con el tiempo consiguió llegar al lugar en el que deseaba estar, en especial desde la publicación de la muy elogiada y premiada novela American Gods (2001, adaptada este año a miniserie de televisión), y en los últimos 15 años se ha dedicado a los libros, aunque sus historietas siguen reeditándose, porque se venden como pan caliente. ¿Qué le sucedió al Cruzado de la Capa? va a contramano por el camino que Gaiman recorrió, porque recopila una serie de trabajos historietísticos en orden cronológico inverso, aunque aquí se considerarán yendo del más antiguo al más reciente.

Se trata de cuatro cómics ambientados en el universo de Batman, escritos por Gaiman entre 1989 y 2009. Ese lapso de dos décadas recorre también su evolución, desde el momento en que irrumpió como un joven guionista británico absorbido por la industria estadounidense hasta que se convirtió en una suerte de estrella literaria mundial. Si bien son dos etapas radicalmente distintas en una misma carrera, hay una línea en común entre Pavana, la historia más vieja, y la que le da nombre a este volumen, que es la más reciente.

Lo de que las historias “están ambientadas en el universo de Batman” se señala porque, en rigor, no son cuatro cómics de Batman. Pavana (1989) es la más vieja de las obras reunidas en este volumen, y eso se nota hasta en la puesta en página, con una grilla de nueve viñetas iguales y mucho texto, entre diálogos y narración en off. El dibujante es Mark Buckingham, un artista que hizo algunos episodios de Sandman, y la historia trata sobre la relación entre la villana Hiedra Venenosa y un inspector que le hace una evaluación durante sus primeros días en la cárcel. Batman está presente nada más que en un flashback durante unas pocas viñetas.

En Pecados originales, dibujada por Mike Hofman y Bernie Mireault (se trata de una historia en dos partes), el hombre murciélago aparece solamente en las primeras dos páginas, y la trama se centra en un equipo de televisión que llega a Ciudad Gótica para filmar un especial sobre los villanos. Esa idea de base responde un poco a la libertad que la editorial DC Comics les dio, en aquella época, a Gaiman y otros autores británicos que había contratado para refrescar su universo de superhéroes y antihéroes. Esta historia de 20 páginas transcurre casi sin acción, entre diálogos y algunas escenas más bien excéntricas, como era habitual en las historietas del guionista en esa etapa de su trayectoria. La obra constituye, a su manera, una especie de homenaje a las casi cinco décadas de historia que Batman y sus enemigos acumulaban a esa altura, con guiños y algunos giros inteligentes. La resolución es abrupta y no está a la altura de la trama previa, pero el resto funciona como un buen ejemplo de cómo se puede buscar otros ángulos para presentar a personajes que ya parecían desgastados.

La historia Un mundo en blanco y negro (1996) es otro ejemplo de reinvención o relectura. Dibujada por el también inglés Simon Bisley, justamente en blanco y negro, trata sobre Batman y Joker tras bambalinas, conversando mientras esperan para entrar en acción en la historieta, como si se tratara del rodaje de una película. Es corta y simple, con algo de ingenio británico, ilustrada mediante dibujos complejos, grotescos y elaborados al estilo típico de Bisley.

El plato fuerte

En 2009, Gaiman escribió ¿Qué le sucedió al Cruzado de la Capa?, una historieta en dos partes ideada para cerrar una etapa larga de Batman y reiniciar su historia. DC se proponía hacer borrón y cuenta nueva con el personaje en las revistas Batman y Detective Comics (la que le dio nombre a la editorial), para darles un comienzo que atrajera lectores nuevos sin necesidad de tener un conocimiento previo de las incontables sagas previas. El recurso, que se ha vuelto relativamente frecuente, consiste en idear un acontecimiento en la trama que potencie las ventas por sí solo, y que a la vez permita que los personajes sigan adelante limpios de la acumulación previa de historias y situaciones que a veces se contradicen entre sí, como consecuencia de muchas décadas de publicación constante a cargo de numerosos creadores (y no siempre se les daba importancia a esas incoherencias).

Si bien ¿Qué le sucedió al Cruzado de la Capa? vale por sí sola, continúa dos sagas previas, escritas por otros autores, en las que Batman moría. La historieta de Gaiman trata sobre el velorio que se realiza en la parte de atrás de un barcito decadente, atendido por Joe Chill (el asesino de los padres de Bruce Wayne) y ubicado en el llamado Callejón del Crimen (donde sucedió aquel homicidio fundacional). Los villanos clásicos visitan el lugar uno tras otro y se despiden de Batman. En sus discursos, cada uno se atribuye la autoría de su muerte y da una versión distinta. El recurso de Gaiman ha sido comparado con una historia de 1977 en la que ocurría algo parecido, aunque en ella el héroe no estaba realmente muerto.

De todos modos, esta historieta apunta a otra cosa y funciona como un cierre emotivo de los 70 años que iba a cumplir el personaje en aquel momento y un nuevo punto de partida para sus historias. Algo de eso explica Gaiman en el prólogo, cuando cuenta cómo nació su vínculo con las historietas al leer por primera vez una revista de Batman en su infancia. Sin necesidad de contar el cómo, se puede decir que el cierre de esta historieta, que ata un final y un comienzo, recuerda en parte a la resolución que escribió, con algo más de solemnidad literaria, para Sandman.

Buena parte del trabajo de este escritor ha funcionado en torno a la relectura de obras o historias preexistentes. Muchos capítulos de Sandman publicados en los años 90 retoman ideas o tramas de narraciones folclóricas y mitología de muchos países. El cuento Nieve, cristal y manzanas, de 1995, es “Blancanieves” narrada por la madrastra, que ya no es la villana. La novela El libro del cementerio, de 2008, es una relectura de El libro de la selva. También la mencionada novela American Gods se basa en la idea de que los dioses existen en la medida en que haya quienes crean en ellos, y enfrenta a las viejas deidades de distintas culturas con otras nuevas, que personifican y dominan la tecnología y el consumo.

Con la libertad que le permitieron los editores de DC, Gaiman aportó a las historietas una forma peculiar de releer a los personajes clásicos, y por eso este libro tiene un valor aparte. “Todo cambia y nada es lo mismo... Pero hay una cosa que nunca cambia... Nunca me rindo”, le hace decir el guionista a Batman, como si en realidad estuviera hablando de su propia historia editorial.

Las diferencias estéticas y narrativas entre las cuatro obras reunidas en el libro saltan a la vista y funcionan, en parte, como una muestra de la evolución del mundo de los superhéroes. Las más viejas pueden existir por sí mismas; la más reciente, aunque se entiende sin problemas, fue escrita como consecuencia de sagas anteriores, que obligaban a comprar muchas revistas y a interiorizarse de las trayectorias de numerosos personajes. La dinámica de las grandes editoriales ha cambiado mucho y los cómics de superhéroes pasaron a ser tratados como productos comerciales multimedia. A diferencia de otros escritores británicos, como Mark Millar y Grant Morrison, Gaiman se alejó de esa industria, a la que vuelve sólo en ocasiones especiales. Lo curioso es que fue ella la que le permitió convertirse en un autor y no sólo en un guionista famoso, para confirmar luego esa identidad en el mundo de la literatura.

¿Qué le sucedió al Cruzado de la Capa?

De Neil Gaiman (guiones) y varios ilustradores. España, ECC Ediciones, 2016. 146 páginas.
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