En negro sobre blanco, como antes

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En la pluma del argentino José Muñoz, los fondos en negro dibujan formas sobre blanco, se esparcen, extienden y dan vida a los personajes y sus voces. Los monólogos de Alack Sinner son textos del también argentino Carlos Sampayo, con rastros de Raymond Chandler, Dashiell Hammett y otros autores clásicos de la novela negra. Ahora, un tomo de 700 páginas (un verdadero tocho, como se dice en Españ...
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En la pluma del argentino José Muñoz, los fondos en negro dibujan formas sobre blanco, se esparcen, extienden y dan vida a los personajes y sus voces. Los monólogos de Alack Sinner son textos del también argentino Carlos Sampayo, con rastros de Raymond Chandler, Dashiell Hammett y otros autores clásicos de la novela negra. Ahora, un tomo de 700 páginas (un verdadero tocho, como se dice en España) recopila por primera vez las historietas de este detective privado, publicadas de 1975 a 2006.

Los casi 40 años que pasaron entre la primera aparición de Sinner y la última, con despedida explícita, se sienten a lo largo de un libro del porte de una guía de teléfonos. Muñoz dijo no hace mucho que la evolución del personaje representa, en parte, la propia vida de sus autores, y sin duda también resume la evolución artística y narrativa del dúo.

La omnipresente tinta china, las manchas irregulares, esos fondos negros con figuras blancas o viceversa y los trazos sinuosos son algunas de las marcas estéticas del trabajo de Muñoz, de la primera historia a la última, que aparecen también en las biografías de Carlos Gardel o Billie Holliday que realizó junto a Sampayo. Lo que evoluciona, sobre todo, es la dinámica entre guionista y dibujante, y en ese sentido el libro también refleja cambios en la forma de concebir al cómic como arte narrativo.

La primera historia, Conversando con Joe, trata sobre un asunto de policial negro puro y duro, con un enfoque tal vez más humano o social. Se presenta a Sinner como un ex policía venido a menos y convertido en detective privado, un tipo solitario que frecuenta el bar de Joe y se hace cargo de una investigación. La narración alterna secuencias de historieta de trazo libre, pero clásicas, con largos párrafos de monólogo interior. La combinación es un poco pesada y provoca cambios de ritmo que parecen propios de un formato por lo general superado.

Sin embargo, Muñoz y Sampayo son un dúo de referencia en el medio debido a la evolución que tuvieron a partir de aquel comienzo y a la peculiar química de trabajo entre ambos. Aquí vemos cómo, con el paso del tiempo, el personaje comenzó a ser cada vez más reflexivo e introspectivo, alejándose a la vez del rol de detective-narrador. “Yo, siempre yo. Metido en un vaso. Dentro de mí mismo: me soñaba tal como era”, dice ya en Viet Blues, la cuarta historieta, que fue la primera en la que aparecieron sin tapujos el comentario social y en particular la crítica a la sociedad estadounidense.

Metanarración

En la quinta historia, titulada La vida es una historieta, baby, la dupla de autores da su primer gran salto notorio, al incluirse como personajes. Muñoz y Sampayo son ellos mismos dos historietistas que viajan a Nueva York para conocer a Alack Sinner, debido a que sus cómics tratan sobre un detective con el mismo nombre. Se convierten en testigos de un caso que el Sinner “real” del cómic está investigando, y por el camino aprenden sobre él. Los autores de carne y hueso hacen, así, una suerte de juego de historieta con autoconciencia en el que, entre otras cosas, un personaje puede decir: “Continuará en la próxima página”. En otro momento, el propio Sinner “real” se pregunta si no será un personaje, y se plantea una reflexión que es la del propio Sampayo como escritor: “Sí, matar escribiendo es fácil, porque el papel nunca huele a muerte de verdad”.

Esa autoconciencia incluye el reconocimiento de que se trata de historietas hechas en tinta china sobre papel blanco, en dos planos y lejos de la realidad, pero los autores no dejan de volcar en ellas lo que sienten. Alack Sinner representa su gusto por el jazz, la novela negra y el mito de Nueva York, pero también encarna sus ideas antiimperialistas y su visión crítica de Estados Unidos, vehiculizadas por el vuelo poético de Sampayo y los aires artísticos de Muñoz. Con el tiempo, el personaje deja de resolver casos para meterse en otro tipo de tramas, conocer a otra gente y, sobre todo, crecer. En la última, El caso USA, retoma su trabajo como detective, pero ya con 65 años de edad y un nieto. No es el mismo Alack del comienzo y, de hecho, Muñoz lo dibuja un poco distinto, menos lineal y con más trazos de pincel seco. La historia se narra de forma mucho más libre y exige atención al lector, ya que fluye a lo largo de pinceladas episódicas que pintan una intriga policial con implicancias internacionales posteriores al 11 de setiembre de 2001.

Los recursos narrativos son al comienzo más literales, pero luego los autores comienzan a subvertirlos. Así, aparecen secuencias en las que la acción principal se ubica en el fondo y lo que normalmente sería secundario pasa al primer plano. Por ejemplo, durante algunas viñetas un diálogo entre dos personajes importantes transcurre detrás de una situación de violencia callejera que, de ese modo, más que registrar un ambiente lo jerarquiza. En otros momentos, onomatopeyas o letras de canciones pueden crecer hasta ocupar la totalidad del fondo, generando la representación de un barullo sonoro que casi puede escucharse (es una de las marcas distintivas del estilo pulido por Muñoz).

Lo cierto es que sin la referencia de Muñoz, algunos artistas serían otros. Una parte del estilo del británico Dave McKean es claramente tributaria de la línea y la manera de trazar o deformar a los personajes del argentino. Sin City, del renombrado Frank Miller, tal vez no sería lo que es sin el ejemplo estético de Alack Sinner.

Tanto Muñoz como Sampayo se han dedicado mucho a las historietas, pero no de forma exclusiva ni mecanizada como otros autores (por ejemplo, su compatriota el guionista Carlos Trillo). Eligieron trabajar de una forma un poco más selecta, tal vez más pensada y con algunos colaboradores. En todo caso, su labor conjunta es muy especial, y muestra cómo la sintonía fina entre un escritor y un dibujante puede desdibujar los límites del género.

Un trabajo tan emblemático y un recorrido tan influyente y duradero como el de estos 40 años de Sinner requerían un tomo recopilatorio, pero también información adicional y algún tipo de análisis o comentario: lamentablemente, esta edición de Salamandra se limita a la recopilación de las historietas. Un libro que se promociona como “integral” y “definitivo” merecía algo más, aunque la obra valga la pena por sí sola.

Alack Sinner, de José Muñoz y Carlos Sampayo. España, Salamandra Graphic, 2017. 704 páginas.

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