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Richard Riveiro.

Foto: Mara Quintero

L’Arcaza vuelve a La Experimental con Una pindó

5 minutos de lectura
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La compañía celebra su 30º aniversario y se presenta sábado y domingo a las 16.00.

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Este año la compañía de teatro L’Arcaza cumple 30 años. El aniversario redondo encuentra al grupo en un momento de cambios y reformulaciones, a la vez que con mucha actividad que arranca este fin de semana con dos funciones de su ya clásica adaptación del cuento Una pindó, de Susana Olaondo, el sábado y el domingo a las 16.00 en La Experimental. Sobre los orígenes en el teatro callejero, sus obras basadas en textos de autores nacionales, el próximo estreno de Cosa curiosa y otros proyectos habló Richard Riveiro con la diaria.

Cumplen 30 años desde que se formó la compañía. ¿Cómo fueron esos orígenes?

L’Arcaza surge en 1995. Veníamos de otro grupo, que se llamaba La Tripulación del Calypso, que nació en el liceo 38 de La Teja, por iniciativa del profesor Esteban Grossi, que formaba un grupo con los adolescentes de cuarto año. Eso devino en que terminamos yendo a la escuela Trenes y Lunas, que luego pasó a ser Puerto Luna. Ese grupo, que en un inicio era de 30 o 35, se fue decantando y terminamos diez, de los cuales Pablo Albertoni, Fabiana García y yo formamos L’Arcaza. La idea era hacer teatro donde se pudiera y sin preguntar, entonces empezamos a hacerlo en la calle. La primera obra, La apología del movimiento, la hicimos en la plaza del Entrevero, en el parque Rodó, en la feria de Villa Biarritz.

En su repertorio tiene particular relevancia el trabajo para las infancias. ¿Fue una definición fundacional?

Para nosotros era muy importante empezar a pensar en vivir del teatro y entendimos que trabajar para la infancia era una forma de, además de hacer teatro de calle, tener un público al que sabés que vas a poder conseguir porque vas a una escuela. Nuestros primeros pasos fueron tratar de vender nuestras funciones en las escuelas; no pudimos hacerlo al principio y lo logramos de la mano de Santillana.

¿De ahí es que surge el vínculo con Susana Olaondo, de quien adaptaron varios cuentos?

Con La apología del movimiento nos era difícil entrar a las escuelas, también con Ausencia de Dulcinea, una adaptación del Quijote que hicimos después. Alguien nos contactó con Santillana y desde allí nos propusieron hacer obras sobre libros que querían promocionar en las escuelas: Una pindó, El sapo Ruperto, El miedo a la luz mala y Un lugar para mí, y empezamos a trabajar con los autores: Susana Olaondo, Roy Berocay, Verónica Leite, Malí Guzmán. Además, en la escuela aprendimos cómo trabajar para niños, qué es lo que funciona, cómo funciona el espacio de la escuela, el patio, no pensar sólo en el espectáculo sino también en ese ámbito.

Y contar con recursos mínimos y adaptables.

Sí, y aprendimos a adaptar los textos: cómo paso de la literatura y del dibujo a la actuación, las voces, el cuerpo, el espacio, la escenografía, el vestuario. Fue todo un aprendizaje. Estrenamos Una pindó en 2002 y la seguimos haciendo hasta ahora, y nos cuesta entender cómo sucede, cómo seguís haciendo el mismo espectáculo, que va ganando en variaciones en función de los años y de cómo funciona la platea infantil. Es un cuento que nos permite entrar y salir, jugar con lo que cuenta el cuento y con lo que nosotros queremos contar, tiene esa simpleza y esa ductilidad que permiten irte y volver.

Finalmente hicieron varios de Susana.

Después nos propusieron hacer Julieta, ¿qué plantaste? y nos dieron a elegir otro e hicimos Olegario, y seguimos con sus cuentos porque nos pedían sus obras en las escuelas, y agregamos Felipe y Por un color.

¿Cómo es el vínculo con ella?

Es muy lindo, muy amable. Siempre nos llama para invitarnos a sus muestras de fin de año, para las presentaciones de sus libros. Ella es una persona muy tímida, entendemos que es así y tratamos de no exponerla mucho. Hay un vínculo muy afectuoso, además de que nos parece que el trabajo que hace tiene una conexión muy importante con la infancia. El año pasado hicimos la presentación de Lali, el pingüinito abrigado y este año vamos a hacer el nuevo libro, Martina y las hormigas, en mayo.

Una pindó. Foto: s/d de autor, difusión.

¿Qué tienen pensado para celebrar estos 30 años de trayectoria?

No tenemos algo especial como una celebración de cumpleaños. Ahora estamos preparando el estreno de Cosa curiosa que vamos a presentar en la Zavala Muniz en vacaciones de julio. Al mismo tiempo vamos a estar haciendo Una pindó y Julieta, ¿qué plantaste? en la ACJ y Cuentos de la selva en el Life Cinema: cuatro espectáculos en tres salas, va a ser nuestro apogeo en teatro para las infancias. Después de presentarlo en el Solís, vamos a ir a España con Cosa curiosa, que ganó los Fondos Concursables e Iberescena. Es un espectáculo que no parte de un libro, es una idea de Manuela Montalto, mi compañera, que trabaja con teatro de sombras y es bailarina. Estábamos buscando algo para hacer juntos y a los dos nos gustaba trabajar sobre las Copicómicas de Italo Calvino. Ella ya había empezado ese trabajo antes de conocernos, ya tenía una idea planificada, entonces decidimos ir con eso. Es un espectáculo que intenta abordar la curiosidad: qué es esa cosa que nos llama la atención, que nos saca del aburrimiento o nos lleva a querer conocer, a investigar. Para nosotros está súper ligado a la infancia. El personaje principal es una luz que se llama QCT –“quiero conocerlo todo”–, que quiere ver qué pasa en el mundo. Estamos creando eso, que no sabemos hacia dónde va pero tiene mucho de teatro de sombras, con proyecciones hechas con linternas, muy artesanal. Tenemos un proyecto para niños que presentamos a Fortalecimiento de las Artes, vamos a ver si sale. Así que capaz que, además de todo, estrenamos otra obra en noviembre.

Por otro lado, en el grupo empezamos siendo tres, pero ahora creció y somos seis o siete. Pablo Albertoni tiene una dedicación total en la Universidad y eso le impide seguir trabajando, pero L’Arcaza sigue funcionando, entonces hay que cubrir en varios espectáculos los roles que él hacía; en lugar de traer a una persona que lo sustituya, pensamos en abrir más y tener más posibilidades, encontrar una nueva de funcionamiento grupal. Estamos en una transformación.

¿Cómo fue adaptar textos de Horacio Quiroga?

Es un proyecto de 2019 en coproducción con Bestia Peluda, con la dirección de Damián Barrera. Fue interesante por el trabajo con los cuentos. La dificultad tiene que ver con cómo adaptar, trabajando con la esencia del autor y pensándolo para los niños de ahora. El espectáculo incluye cinco cuentos y cada uno tiene que durar siete u ocho minutos, que se te van volando. Fue interesante también por trabajar con Damián, que tiene ideas parecidas pero distintas a las que manejamos nosotros para trabajar con teatro.

¿Qué mantienen de los orígenes en el teatro callejero?

Creo que tiene que ver con que cualquiera puede ver lo que hacemos. Si salimos a la calle va a haber una persona grande, un niño, alguien que haya leído, que no haya leído, que se quiera entretener, que quiera aprender. Nosotros intentamos trabajar para un público diverso. Cuando trabajamos para niños lo hacemos también para los padres que están mirando, para las maestras o maestros. Nuestro abanico es más amplio, eso lo tenemos desde la calle. También el trabajo del espacio, el trabajo corporal, el clown, el humor, la adaptabilidad: estamos acostumbrados a ir a una escuela y hacer la obra en un patio, en un salón... Nos gusta eso, es algo que nos caracteriza. Hace dos años estrenamos Ni un pelo de Lope, pensando en ir a los liceos, y nos dimos cuenta de que cuando empezás a hacer cosas más grandes, con un escenario, con luces, se empieza a volver pesado llevarlo de un lugar a otro. El andar livianos nos gusta, nos favorece.

Una pindó en La Experimental (Decroly 4971) el sábado 5 y domingo 6 a las 16.00. Entradas por Tickantel a $ 500.

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