la diaria Arte

Resurgimiento de la Patria, 1898. Juan Manuel Blanes (1830-1901).

En torno a la ausencia originaria: la muestra Borramientos, invenciones y faltantes indígenas

El Museo Nacional de Artes Visuales reexamina la historia de la representación del Estado-nación uruguayo.

Contenido exclusivo con tu suscripción de pago
Contenido no disponible con tu suscripción actual
Exclusivo para suscripción digital de pago
Actualizá tu suscripción para tener acceso ilimitado a todos los contenidos del sitio
Para acceder a todos los contenidos de manera ilimitada
Exclusivo para suscripción digital de pago
Para acceder a todos los contenidos del sitio
Si ya tenés una cuenta
Te queda 1 artículo gratuito
Este es tu último artículo gratuito
Nuestro periodismo depende de vos
Nuestro periodismo depende de vos
Si ya tenés una cuenta Ingresá
Llegaste al límite de artículos gratuitos
Nuestro periodismo depende de vos
Para seguir leyendo ingresá o suscribite
Si ya tenés una cuenta
o registrate para acceder a 6 artículos gratis por mes

Editar

En el marco del Día del Patrimonio y en sintonía con la consigna Raíces indígenas: pasado, presente y futuro, el Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV) lanzó la muestra Borramientos, invenciones y faltantes indígenas en nuestro acervo. La propuesta, a cargo de Roxana Fabius, directora del museo, y las investigadoras María Eugenia Grau y María Eugenia Méndez, es altamente simbólica. Una mitad de la sala 1 está ocupada con 12 pinturas, una escultura y una instalación que están por debajo del nivel de la vista. La decisión curatorial representa la ausencia indígena en las narrativas dominantes que construyeron el Estado-nación.

Un concepto fundamental de los estudios culturales se inserta de manera natural en la muestra y sostiene su existencia: EP Thompson definió la “historia desde abajo” como una herramienta crítica que pone en el centro a las clases populares y grupos marginados, excluidos de los relatos oficiales o subyugados por ellos.

Esta perspectiva permite analizar cómo el poder y el arte oficial construyeron hegemonía mediante la representación visual, haciendo visibles los borramientos, invenciones y faltantes de la historia indígena. La historia desde abajo propone releer “a contrapelo” los relatos oficiales y reconstruir la memoria de quienes quedaron fuera de los registros tradicionales.

La primera pintura de la exposición, La paz (1979), de José Gamarra, es una satírica crítica política que busca demoler la narrativa oficial de la pacificación colonial y estatal. Su título presenta con crudeza una paz impuesta por la violencia: es el silencio que quedó con el borramiento de la resistencia indígena. Gamarra subvierte el concepto de “paz” al retratar la armonía originaria mediante un niño indígena que cabalga un yaguareté en una selva indómita. El niño indígena cabalga el yaguareté en una imagen de coexistencia y equilibrio con el entorno que subvierte el mito colonial del indígena como salvaje y aislado que necesita de la civilización forzosa.

Sobre la coexistencia entre hombre y naturaleza, se cuela una obra icónica del acervo del MNAV. Otra vez en exposición, La doma (circa 1875) de Juan Manuel Blanes relata en una tensión plástica la alegoría de la domesticación del territorio. La fuerza salvaje de la naturaleza es doblegada ante el dominio del hombre. A nivel compositivo, la obra consolida la invención del gaucho como único héroe de la campaña, operando un drástico borramiento del indígena. Al situar la figura criolla en el centro lumínico, Blanes desplaza por completo a las comunidades originarias, transformando su ausencia en un faltante naturalizado por la pintura académica. En un momento en el que la figura gauchesca perdía peso, Blanes la reivindica en un acto solemne y costumbrista. La operación no es inocente. La pintura de Blanes, especialmente sus escenarios históricos, fue fundamental para construir un Estado-nación consolidado.

Jefe de charrúas salvajes, de Jean-Baptiste Debret (1834), propone un contrarrelato. Acá el jinete no se quiebra, está en sincronismo perfecto con el caballo, y por los elementos estéticos presentes, la operación le suma prestigio. No obstante, el artista francés emplea en el título la denominación “salvaje”, alejado de la civilización. El paisaje denso que sitúa al charrúa en un entorno protector refuerza su mirada dura y dominante.

Al final de la sala aparece Resurgimiento de la Patria (1898). Blanes construye una alegoría en la que el indígena es parte de la nación, pero como subordinado. El indígena contempla la figura femenina blanca que encarna la patria, mientras su cuerpo queda convertido en parte de una escena fundacional que otros construyen y protagonizan. Si La doma mostraba el borramiento mediante la centralidad del gaucho, acá el indígena se incorpora a la nación como objeto secundario.

La ausencia que organiza la sala encuentra una respuesta corporal en Hilando oyendaú, performance del colectivo Retomada, integrado por mujeres descendientes de indígenas. Un hilo rojo atraviesa los cuerpos de las mujeres. Primero, entre sus cabellos, acompaña un nacimiento, pasa por el mate, los gestos de sanación y la recolección de plantas hasta terminar en una ronda colectiva. “Algunos agarran la medicina, nosotras la memoria”, se escucha durante la acción. El pelo, las plantas, el mate, la lengua y el canto dejan de ser objetos representados para convertirse en acciones realizadas en el presente. Cuando todas las mujeres toman el hilo y cantan “Oyendaú” (“memoria” en lengua chaná), la ausencia se transforma en presencia colectiva.

Borramientos, invenciones y faltantes indígenas en nuestro acervo. En el Museo Nacional de Artes Visuales (Julio Herrera y Reissig esquina Tomás Giribaldi). De martes a domingos de 13.00 a 20.00. Hasta el 15 de noviembre. Entrada gratuita.

¿Te interesa la cultura?
None
Suscribite
¿Te interesa la cultura?
Recibí la newsletter de Cultura en tu email todos los viernes
Recibir