la diaria Miradas

Foto: Bansky

Temporada de proyectos

“Invéntate un pseudónimo, no vaya a ser que en la próxima vida alguien se asuste y termine haciendo que naufragues”

Contenido exclusivo con tu suscripción de pago
Contenido no disponible con tu suscripción actual
Exclusivo para suscripción digital de pago
Actualizá tu suscripción para tener acceso ilimitado a todos los contenidos del sitio
Para acceder a todos los contenidos de manera ilimitada
Exclusivo para suscripción digital de pago
Para acceder a todos los contenidos del sitio
Si ya tenés una cuenta
Te queda 1 artículo gratuito
Este es tu último artículo gratuito
Nuestro periodismo depende de vos
Nuestro periodismo depende de vos
Si ya tenés una cuenta Ingresá
Llegaste al límite de artículos gratuitos
Nuestro periodismo depende de vos
Para seguir leyendo ingresá o suscribite
Si ya tenés una cuenta
o registrate para acceder a 6 artículos gratis por mes

Editar

Nunca antes como ahora el hombre o la mujer de cultura ha necesitado ser tan hábil en las artes del Renacimiento. No tanto en las de los artistas como en las de los navegantes. Primero que todo, sé Colón. Persigue las joyas de la reina con tesón y elocuencia para demostrar que puedes soñar lo nuevo sin olvidar lo viejo. Envuélvelo de tal forma que parezca que acompañarte en ese viaje no hará otra cosa que traer más gloria y riqueza a la corona. Pero recuerda que antes de soltar un duro –sí, conviene hablar en castizo, aunque seas indio– te exigirán que vacíes tus propios bolsillos. Después de ser el Sforza y el Médici de ti misma, serás el Da Vinci de los renders. Deberás demostrar que en los terrenos más escabrosos y ante el jurado más exigente podrás parar el huevo de la circunvalación imposible. Y todo eso primero con tu lana. Si lo alcanzas, si logras que algún monarca empeñe sus joyas o alguna oscura dependencia alivie tu orfandad con tenue presupuesto, sé Vatel. No escatimes. Tiende manteles y muestra, aunque no existan, los manjares más delicados a la vista, al gusto y al oído. Porque no importa qué hagas, sino que se note.

En los tiempos de malos vientos deberás ser Lazarillo. Sufrir los palos sin dejar de guiar al ciego. Acechante. Tirando dardos contra los Góngora para que nadie olvide que sos Quevedo. En esos momentos bajos, sé Artigas. No temas pasar de blandengue del rey a soldado de Mayo, curtiéndote el cuero en el contrabando mientras tanto. Posa de potencial traicionado, de prócer y estadista. Amaga con el retiro en Paraguay al mayor contratiempo, aunque sin hacerlo, que peor que la miseria es el olvido. Los contratiempos menores sortéalos fracasando y en esos fracasos sé Abayubá. Préndete a las riendas del caballo enemigo con los dientes, pero, en tu caso, sin llegar a clavarte la lanza, que aún quedará vida después del desespero.

Renacerás siempre, y sin olvidar el Renacimiento serás actual. Habiendo sido Cervantes, no por las cumbres de tu escritura, sino por haber perdido las extremidades que haya sido necesario perder en los entreveros de Lepanto, sé Gates y Jobs al mismo tiempo. Desde los garajes de La Blanqueada, Belvedere o La Mondiola imagina futuros. Cuando los tengas en aquellos renders de Da Vinci, los hayas escrito con la mano que te quede de Cervantes, y los hayas financiado cual el Colón más convincente, sé Magallanes. Emprende el viaje, es decir, emprende; que los fondos permanentes no existen y siempre han de renovarse. Además de planificar la ruta tendrás que hacer vos misma la logística de las naves y muchas veces serás tu propia tripulación. Recuerda entonces lo que dijo el poeta: “Te esperan las tareas más duras en cubierta”. Sabiendo eso, embárcate hacia lo desconocido y navega la orografía imposible de las burocracias para encontrar el estrecho de aguas embravecidas que te permita pasar al otro lado –siendo eso lo que tenga que ser, que casi nunca será lo que buscabas que fuera–. Cuando lo hayas hecho y te aprestes a disfrutar la merecida recompensa del mar en calma después de tanta tormenta, recuerda que aún deberás ser Elcano y que la mayor parte de ti habrá quedado enterrada en Filipinas. Porque para completar el giro al globo aprenderás que el mar Pacífico solo lo era en apariencia y que todavía queda sumar recibos y adjuntar facturas.

Mientras acometes esas tareas hercúleas, deberás seguir siendo quien eres, naturalmente. Doctora, oficinista o paseador de perros, porque todo lo anterior no es para que de eso vivas. Será enseñanza, eso sí. Irás aprendiendo en el camino a ser visionaria, contador, estratega, community manager y pescador de altura. En la gesta de ser gestora verás que a veces serás Lavalleja resistiendo, y otras, Rivera. La mayoría del tiempo languidecerás en la isla das Cobras, aunque en tus redes poses de estar desembarcado en la Agraciada. Tus declaraciones de independencia no reflejarán la realidad completa. A lo sumo podrás presumir y usar palabras altisonantes como írritos, nulos y para siempre. Sabiendo que nada será nunca para tanto. Porque del intelectual orgánico de la sociedad sin clases hemos pasado al experto en fondos concursables. Ya habrá tiempo de volver a las cuchillas cuando todo lo hayan arrasado los salvajes unitarios.

En el momento en que hayas aprendido todo eso y lo hayas ensayado mil veces en vano –y con éxito en contadas ocasiones–, no te lo quedes. Sé Pigafetta y narra lo que aprendiste antes. Para hacerlo, invéntate un seudónimo, no vaya a ser que en la próxima vida –porque también deberás ser Vishnu, Shiva, Nandín y Parvathi– alguien se asuste y termine haciendo que naufragues.

¿Te interesa la cultura?
None
Suscribite
¿Te interesa la cultura?
Recibí la newsletter de Cultura en tu email todos los viernes
Recibir