Desde el celular en el bolsillo hasta los sistemas del Estado: ¿quién controla la tecnología que usamos todos los días? Esta pregunta es una de las interrogantes que promueven los organizadores del Festival Latinoamericano de Instalación de Software Libre (FLISoL), una iniciativa que se realizará en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU) de la Universidad de la República el 24 y 25 de abril. Frente a la creciente concentración tecnológica y el avance acelerado de la inteligencia artificial, voluntarios e integrantes de colectivos vinculados al software libre impulsan esta instancia para generar un debate sobre quién controla la tecnología, cómo se produce y quién se beneficia de ella, dijeron a la diaria los organizadores del encuentro Felipe Sosa, Gastón Hannay, Felipe Lenzi, Gabriela Martínez, Francisco Zadikian y Wilquer De Mello.
“Durante el evento se va a instalar software libre en los dispositivos de las personas que les interese. Queremos difundir lo que es la filosofía y la perspectiva del movimiento, que se caracteriza por tener una perspectiva crítica sobre la tecnología, no solo en cómo se usa, sino cómo se produce”, explicó Hannay.
El evento, que tendrá actividades entre el 21 y 30 de abril en la FADU de la Universidad de la República, y jornadas centrales el 24 y 25, busca ampliar una discusión que durante años fue vista como un tema técnico o restringido al ámbito informático.
Para Hannay, el cambio de escenario frente al avance de las tecnologías es evidente. “Antes la cuestión del software libre se veía como una cuestión solo de gente de informática”, pero hoy “la persona tiene un dispositivo informático en el bolsillo”, lo que vuelve imprescindible discutir el modelo tecnológico dominante.
La iniciativa tendrá exposiciones que abarcan diversos temas, como pensar una inteligencia artificial pública desde Latinoamérica, el problema del programa de verificación de Google en Android, educación y democratización de la cultura, diseño con software libre frente a la IA y el catálogo de Sitios de Memoria, entre muchos otros.
Asimismo, se instalarán GNU/Linux en computadoras o laptops, así como software libre de ofimática y diseño, entre otros, y aplicaciones en celulares Android.
Concentración, dependencia y alternativas
Uno de los ejes centrales del debate es la concentración del poder en grandes empresas tecnológicas. Frente a eso, este modelo aparece como una alternativa, señalaron los organizadores del encuentro.
“El modelo propietario es el que consolida el poder en determinadas empresas”, sostuvo Zadikian. En contraste, explicó que esta alternativa permite “descentralizar y también inclinar la balanza no solo al desarrollador más chico, sino incluso a los usuarios, ya que implica una forma más horizontal de ver la tecnología”.
Zadikian repasó además las cuatro libertades fundamentales definidas por la Free Software Foundation: ejecutar programas para cualquier propósito, estudiarlos y modificarlos a las necesidades, distribuir y mejorar el software. Estas libertades, señaló, no implican necesariamente gratuidad, pero sí promueven una mayor accesibilidad y democratización del conocimiento. “Es una forma de democratización y mayor accesibilidad para todas las personas”, afirmó.
La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo señaló, en su Informe Mundial sobre el Comercio, publicado el 8 de julio de 2025, que los mercados digitales se han “concentrado cada vez más, y un pequeño número de empresas controla una proporción creciente de la actividad mundial”. Entre 2017 y 2025 la cuota de mercado conjunta de las cinco principales multinacionales digitales (NVIDIA, Microsoft, Apple, Amazon, Alphabet) se duplicó con creces, pasando de 21% a 48%. Su participación en los activos totales también aumentó de 17% a 35% durante el mismo período.
“El rápido auge de la inteligencia artificial generativa (IA) aumenta la preocupación por el poder de mercado, donde las grandes empresas tecnológicas como Microsoft y Google dominan la cadena de valor y consolidan sus posiciones de liderazgo mediante alianzas con empresas emergentes como OpenAI (56,3% de las visitas mensuales)”, añadió.
Situación en el país
En Uruguay hay una normativa referida al tema que fue aprobada en 2013 (Ley 19.179), que establece que en “las instituciones y dependencias del Estado, cuando se contraten licencias de software, se dará preferencia a licenciamientos de software libre. En caso de que se opte por software privativo, se deberá fundamentar la razón”.
Sin embargo, los organizadores del festival señalaron que en Uruguay persisten tensiones entre la normativa y su implementación. En ese sentido, Martínez advirtió que la aplicación de la normativa es parcial. “Hay muchos sectores de la educación y muchas dependencias del Estado que están usando software privativo”, señaló, y explicó que la transición requiere inversión en capacitación a funcionarios y cambios culturales.
Zadikian agregó que el problema también se refleja en los formatos, “cuando, por ejemplo, se ve un documento que solo está en Excel o en Word, en lugar de en ODT. Eso es una forma en la que el Estado básicamente está promoviendo un monopolio, que es el de Microsoft. Eso se ve en los costos también, porque el software propietario en general tiene licencias muy elevadas”.
Obsolescencia, costos y acceso al hardware
Otro punto crítico es la relación entre software privativo, costos y obsolescencia tecnológica. Según los entrevistados, el modelo dominante impulsa una dinámica de consumo constante que excluye a amplios sectores.
“En la medida en que se va desarrollando este software privativo, mucho hardware va quedando obsoleto”, explicó De Mello. Frente a eso, el movimiento de software libre impulsa iniciativas de reutilización de equipos, extendiendo su vida útil y reduciendo el impacto ambiental.
Sosa, desde el campo del diseño, señaló que el problema también afecta a estudiantes y profesionales: “Cada vez las computadoras son más caras, y a su vez para los software privativos tenés que pagar una licencia que es bastante grande”. Además, cuestionó la tendencia hacia servicios en la nube: “Cada vez las cosas son menos nuestras”, lo que genera dependencia de infraestructuras externas.
“El hecho de elegir la FADU como sede no es arbitrario, sino que hay un interés en buscar que el software libre sea visto como algo multidisciplinario”, agregó. Martínez sintetizó esta tensión: “El gasto que exige el hardware para software privativo va en la dirección contraria a las promesas que hizo la producción tecnológica desde su origen”.
Inteligencia artificial y soberanía
El avance de la inteligencia artificial introduce nuevos desafíos. Para Zadikian, el software libre puede jugar un rol clave en evitar una mayor concentración y remarcó que hay varios modelos de esta tecnología que son abiertos.
“Hay un impulso para que la inteligencia artificial no sea sirviente de las grandes empresas, sino que pueda ayudar al grueso de la gente”, sostuvo. En ese sentido, destacó el potencial de modelos abiertos y ejecutables localmente, que preservan la privacidad y reducen el consumo de recursos.
También mencionó iniciativas regionales como LatamGPT, orientadas a desarrollar modelos adaptados a contextos locales, evitando modelos “centrados en Europa y EEUU”.
Martínez complementó esa visión con una idea de “inteligencia artificial soberana” que permita usos situados y pertinentes.
Redes, comunicación y control
El debate se extiende además al terreno de las redes sociales y la comunicación digital. Zadikian destacó alternativas descentralizadas como la red social Mastodon, que funcionan sin una autoridad central. Este tipo de plataformas, explicó, permiten evitar la concentración del control y ofrecen mayor libertad frente a los algoritmos opacos de las redes tradicionales.
Hannay agregó que muchas instituciones públicas dependen hoy de canales privados como Whatsapp o Instagram, lo que limita la autonomía comunicacional. En ese sentido, el software libre abre la posibilidad de “tenerlo como un canal de comunicación más controlado”.
Comunidad, cultura y futuro
Más allá de lo técnico, los organizadores destacaron el carácter comunitario del movimiento. De Mello subrayó que el software libre implica una “gimnasia” de pensamiento orientada a la soberanía y al uso consciente de los recursos. “Pensar un tipo de desarrollo que no esté en alcanzar la última IA, sino ver, con lo que tenemos disponible, qué podemos hacer”, planteó.
El festival, en ese sentido, funciona como un punto de encuentro y un espacio de construcción colectiva. “Es una posibilidad de intercambio importante; han surgido muchos colectivos y muchos grupos en el seno del festival”, explicó De Mello. La iniciativa, además, es abierta, gratuita y replicable en otras localidades.