La candidatura de Flávio Bolsonaro no debe interpretarse sólo como un proyecto electoral individual. Funciona, ante todo, como un experimento político controlado, un globo sonda lanzado de manera cuidadosa para medir lo que queda del capital electoral y simbólico de la familia Bolsonaro en la reorganización de la derecha y extrema derecha brasileña. Más que presentarse a un cargo, el movimiento pone a prueba su capacidad para seguir siendo relevante en un escenario en el que el bolsonarismo ya no ocupa el centro de la escena política, pero tampoco ha desaparecido.
Sin embargo, la apuesta es arriesgada por definición. A diferencia de Jair Bolsonaro, Flávio porta una pesada mochila legal y política que nunca ha dejado de acompañar su nombre. El punto central es el caso de las rachadinhas, un esquema gestionado por Fabrício Queiroz que movió unos dos millones de reales en transferencias realizadas por 13 antiguos asesores de su oficina. Según Terra, muchos de estos asesores “nunca desempeñaron ninguna función pública: eran empleados fantasma que prestaban sus nombres y cuentas bancarias para permitir la desviación de fondos públicos, reteniendo parte de su salario”.1 El blanqueo de este dinero, a su vez, ocurrió mediante manejos en una chocolatería de un centro comercial de Río de Janeiro, la compra de bienes inmuebles en efectivo y el pago de gastos personales, según informó Carta Capital.2
Otra acusación grave es su relación directa con el entorno del líder parapolicial Adriano da Nóbrega,3 quien fue homenajeado por Flávio Bolsonaro en la Asamblea Legislativa de Río de Janeiro y tenía familiares empleados en su oficina. Su candidatura, sea cual sea el cargo al que se postule, vuelve a poner todo este conjunto de hechos bajo el centro de atención de modo inevitable. A diferencia de lo ocurrido en 2018, cuando la narrativa anticorrupción funcionaba como instrumento de valor para la derecha, hoy el bolsonarismo está ligado a los escándalos de manera inextricable. El riesgo es evidente: el mismo movimiento que busca medir la fuerza electoral del clan también puede acelerar su erosión definitiva.
Aquí es precisamente donde reside la naturaleza experimental de la operación. Al exponer a Flávio Bolsonaro al escrutinio público, la familia pone a prueba no sólo su capacidad de defensa política, sino también el nivel de tolerancia social que aún existe en relación con la simbiosis entre la política institucional, los grupos parapoliciales y las prácticas patrimonialistas. Lo que se mide no es apenas la intención de voto, sino la resistencia moral del electorado, la adhesión ideológica y la disposición a relativizar escándalos en nombre de la guerra cultural.
La pregunta que orbita este movimiento es central para 2026: ¿cuál es el precio y el tamaño del apoyo que la familia Bolsonaro aún puede ofrecer a un candidato competitivo a la presidencia? Si la extrema derecha brasileña avanza hacia una candidatura que no sea directamente del clan, como ya se está ventilando en sectores de la comunidad empresarial, la agroindustria y las iglesias, el bolsonarismo tendrá que demostrar que sigue generando votos, peso en la calle, en la militancia digital y en su capacidad de movilizarse.
El cálculo es frío. Si la candidatura fracasa, el daño es “manejable”: se confirma el vaciamiento político de la familia y se abre espacio para una transición dentro del campo conservador. Si, por el contrario, Flávio Bolsonaro demuestra viabilidad electoral relevante, el clan se reposiciona como un actor clave en las negociaciones de la extrema derecha, no necesariamente como protagonista, sino como garante de un capital simbólico que sigue operativo.
Esta estrategia también revela la transformación del bolsonarismo: de un proyecto de poder hegemónico a una moneda de negociación política. El clan deja de operar sólo como el apoyo de un líder carismático y comienza a comportarse como un actor negociador, dispuesto a intercambiar apoyo por espacio, protección institucional y supervivencia política.
Mauricio Alfredo, magíster en Educación. Este artículo fue publicado en Le Monde diplomatique, edición Brasil.
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Caio Sartori y Roberta Jansen, “Investigação do MP: entenda os 6 ‘núcleos’ ligados a Flávio”, terra.com.br, 19-12-2019. ↩
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“Flávio Bolsonaro recebeu 1.512 depósitos suspeitos em loja de chocolate, diz TV”, Carta Capital, 21-8-2020. ↩
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Naiara Galarraga Gortázar, “El policía criminal que se llevó a la tumba los secretos del submundo de Río de Janeiro”, El País, Madrid, 16-2-2020. ↩