Ingresá

Mural instalado en un edificio de la plaza Enqelab en Teherán, el 26 de enero, con el refrán “siembra vientos y cosecharás tempestades” como advertencia a Estados Unidos.

Foto: Atta Kenare, AFP

Irán en el ojo de la tormenta

6 minutos de lectura
Contenido exclusivo con tu suscripción de pago

Entre la represión y la injerencia extranjera.

Miles de muertos, internet bloqueado y los servicios secretos israelíes actuando abiertamente: las injerencias extranjeras agravan la crisis iraní. Arabia Saudita y sus vecinos frenan a Donald Trump para evitar el colapso.

Contenido no disponible con tu suscripción actual
Exclusivo para suscripción digital de pago
Actualizá tu suscripción para tener acceso ilimitado a todos los contenidos del sitio
Para acceder a todos los contenidos de manera ilimitada
Exclusivo para suscripción digital de pago
Para acceder a todos los contenidos del sitio
Si ya tenés una cuenta
Te queda 1 artículo gratuito
Este es tu último artículo gratuito
Nuestro periodismo depende de vos
Nuestro periodismo depende de vos
Si ya tenés una cuenta
Registrate para acceder a 6 artículos gratis por mes
Llegaste al límite de artículos gratuitos
Nuestro periodismo depende de vos
Para seguir leyendo ingresá o suscribite
Si ya tenés una cuenta
o registrate para acceder a 6 artículos gratis por mes

Editar

Desde el 8 de enero, los iraníes sufren una brutal represión. La libertad de acción concedida a las fuerzas del orden sugiere que las autoridades están acorraladas, conscientes de que se juegan su vida. Tras el agotamiento del aparato ideológico islamista, los cimientos nacionalistas se están desmoronando. El aumento de las desigualdades y la negación de las aspiraciones de la población favorecen las injerencias extranjeras, que suponen una grave amenaza para la unidad del país y la estabilidad de la región.

El levantamiento iraní, que se inició en el Gran Bazar de Teherán el 28 de diciembre de 2025, se está radicalizando con rapidez. “¡Es el año de la sangre!”, “¡Muerte al dictador!”: predomina la voluntad de acabar con el poder establecido. Las banderas del antiguo régimen, incongruentes hasta hace poco, resurgen con consignas de agrupación dadas desde el extranjero por Reza Pahlavi, hijo del último sha.

“¡No salgan!”, “¡Cuiden a sus hijos!”: las autoridades advierten a las familias por mensaje de texto. El 8 de enero, al décimo día, la violencia invadió las calles. Se volvió imposible evaluar la dimensión verdadera de la insurrección, el posible papel de actores externos, el nivel de las provocaciones policiales y la voluntad del gobierno de sofocar cualquier reclamo a costa de una masacre. El corte de internet unas horas antes de que escuadrones armados irrumpieran en las calles lo dice todo, al igual que la negativa a conceder visados a periodistas extranjeros.

La interrupción y el control de las comunicaciones impiden comprender todos los resortes internos de la situación y extraer un balance preciso de la represión. El embajador de Irán en Francia, Mohammad Ami-Nejad, reconoció inicialmente “alrededor de 600” muertos entre los manifestantes y unos 100 entre las fuerzas antidisturbios (BFM, 15 de enero). Otras fuentes no oficiales hablan de 2.000 muertos (Reuters, 13 de enero), mientras que algunas organizaciones con sede en el extranjero marcan una cifra de casi 3.500.1 En un discurso televisado el 17 de enero, el líder supremo Alí Jamenei admitió el fallecimiento de “varios miles” de personas, “algunos de forma inhumana y salvaje”, y atribuyó la responsabilidad de las masacres a “agentes extranjeros” que habrían armado a los manifestantes en un “plan preestablecido de sedición”. Hay miles de heridos y detenidos. Muchos esperan una sentencia que puede llegar hasta la horca.

Este nuevo capítulo de enfrentamientos violentos, con su cuota de intrigas reales o supuestas, se inscribe en una larga historia de luchas por el poder. En 1921, Reza Sha tomó el poder mediante un golpe de Estado, antes de instaurar la dinastía Pahlavi cuatro años después. En 1953, para derrocar al primer ministro iraní Mohammad Mossadegh, que había nacionalizado el petróleo, Reino Unido y Estados Unidos fomentaron manifestaciones y se apoyaron en su hijo, el sha Mohammad Reza Pahlavi.2 Antes de la revolución de febrero de 1979, una feroz represión marcó los últimos meses de la monarquía, salpicados de manifestaciones masivas.

A partir de 1981, las fuerzas políticas republicanas y de izquierda fueron eliminadas progresivamente de forma sangrienta por un régimen que no toleraba ninguna voz disidente. Grandes conflictos sociales seguidos de represión marcaron los meses de mayo de 1982, 1983 y 1984. Durante el verano de 1988, al término de la guerra con Irak, la eliminación de miles de presos políticos marcó el punto cúlmine del terror y unió mediante un “pacto de sangre” a varios de los actuales dirigentes, entre ellos Jamenei, que sucedió a Jomeini en 1989. Desde entonces, los movimientos de protesta siempre terminan con detenciones y eliminaciones: las protestas estudiantiles de 1997-1998; el movimiento ¿Dónde Está mi Voto? tras las elecciones presidenciales de 2009; la revuelta contra el aumento del precio de la gasolina en 2017; el movimiento Mujer, Vida, Libertad, tras la muerte de Mahsa Amini en setiembre de 2022.3

Las cuestiones económicas y sociales, siempre subyacentes en los levantamientos anteriores, predominan en el origen de la revuelta actual. Como señala el historiador Ervand Abrahamian, profesor emérito de la Universidad de Nueva York: “Es la crisis más grave que la República Islámica haya visto jamás. Por primera vez desde 1978, el bazar está a la vanguardia de la oposición”.4 Los comerciantes, en particular los vendedores de materiales electrónicos importados, están sufriendo de lleno la devaluación del rial, que ha perdido más de la mitad de su valor con respecto al dólar en un año.

En un contexto de creciente inflación (9 por ciento en 2005, alrededor del 45 por ciento en 2025), subempleo, en especial femenino, y disminución del poder adquisitivo, las medidas adoptadas para eludir las sanciones acentúan la caída de la moneda. El gobierno ha fomentado un sistema financiero que se apoya en bancos privados y apoderados ligados a los funcionarios políticos, que pueden especular con el comercio de mercancías y divisas. Así, unas 20 empresas se benefician de un acceso privilegiado al tipo de cambio oficial, cinco veces más alto que el tipo de mercado. El grupo Modallal, por ejemplo, pudo aumentar su influencia en el sector agroalimentario gracias a las divisas subvencionadas.

Desde la “guerra de los 12 días” de junio de 2025,5 los desabastecimientos se multiplican, y no solamente en lo que respecta a los productos bajo sanción, como los medicamentos de última generación. Los cortes de agua y electricidad se han vuelto habituales, mientras que una grave sequía ha afectado al país en el otoño boreal de 2025. La dimensión cada vez más oligárquica del sistema se traduce en una precarización del empleo, los contratos temporales se han convertido en la norma y los servicios públicos (guarderías, escuelas y hospitales) se han deteriorado en beneficio del sector privado.

El sociólogo Youssef Abazari critica el rol de los expertos neoliberales en los gobiernos iraníes desde la presidencia de Hashemi Rafsanjani (1989-1997) y las “interminables cirugías económicas” inspiradas en la Escuela de Chicago, con la “avaricia” como único principio moral y la austeridad como horizonte: “El objetivo de esta economía es reducir la mano izquierda del Estado, es decir, los derechos de los trabajadores, los empleados, los agricultores, los estudiantes, los docentes, los enfermeros, en definitiva, del pueblo, y reforzar la mano derecha, es decir, enriquecer a los ricos y a los oligarcas, consolidando el aparato represivo. El resultado concreto de esta política es la aparición de profundas desigualdades socioeconómicas”.6

A principios de enero, el presidente de la República Islámica, Masoud Pezeshkian, intentó responder a la ira fortaleciendo más el Kalabarg, un sistema electrónico de cupones alimentarios que permite obtener productos de primera necesidad. También limitó el beneficio del tipo de cambio preferencial a la compra de trigo y medicamentos. El poder busca distinguir las protestas legítimas de los “elementos destructivos” al afirmar, contra toda evidencia, que la mayor parte de la población apoya el Estado. Tras la represión, el presidente adoptó un tono más marcial al afirmar que cualquier ataque contra el líder supremo sería “considerado como una guerra total contra la nación iraní”.

Desde la eliminación de altos dirigentes por parte de Israel en junio, las injerencias extranjeras se han hecho evidentes. Los servicios de inteligencia israelíes no sólo no niegan su accionar sobre el terreno, sino que lo reivindican. Así, el Mossad publicó en la red X, el 29 de diciembre, un llamamiento explícito: “Salgan juntos a las calles. Ha llegado el momento. Estamos con ustedes. No solamente a la distancia y en los dichos. También estamos con ustedes en el terreno”. El hijo del último sha, Reza Pahlavi, colabora de forma abierta con Tel Aviv: “Estoy aquí para explorar cómo podemos cooperar con vistas a ayudar al pueblo iraní en su campaña por la libertad”, afirmó, por ejemplo, en abril de 2023, durante una visita a Israel. El desafío para él es hacer creer que el sistema político surgido de la revolución se está desmoronando.

Para muchos especialistas, la base social del régimen, aunque reducida, sigue intacta, como quiere ilustrar el poder con las manifestaciones de apoyo organizadas el 12 de enero. Si bien las manifestaciones de la oposición se extendieron de manera veloz por todo el país, apenas afectaron los centros industriales y los barrios obreros. La fuerte mediatización de Pahlavi, percibido como un charlatán, ha despertado la ira del sindicato de conductores de autobús de Teherán: “El camino hacia la liberación de los trabajadores no pasa ni por un líder impuesto por los organismos superiores, ni por el recurso a potencias extranjeras, ni por facciones dentro del gobierno”. Desde entonces, los bazares han reabierto y no se han registrado grandes huelgas, como en 1979.

El poder iraní puede contar con el apoyo indirecto de sus vecinos, que temen un escenario similar al de Irak en caso de intervención extranjera y un riesgo de desintegración étnica en caso de retorno de la monarquía o colapso de las estructuras estatales. Arabia Saudita, Catar y Omán se han esforzado por disuadir al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de atacar Irán, alertando “contra las graves repercusiones para la región”. Rusia propuso una mediación con Israel, mientras que Turquía llamó al “diálogo” para resolver la crisis.

Desde protestas hasta levantamientos, la persistencia de las movilizaciones revela una sociedad dinámica y atravesada por un profundo hastío, pero sin una dirección que estructure. La pérdida de legitimidad del sistema político alimenta la ilusión de que un hombre fuerte procedente de sus filas o un salvador respaldado por Washington y Tel Aviv puede jugar su carta. Pero ¿podrá responder a las reivindicaciones sociales sin una verdadera alternativa democrática, arraigada en las aspiraciones populares? La obsesión de Benjamin Netanyahu con Irán permite temer que Israel hará todo lo posible para impedir que la nación iraní elija su propio destino, a riesgo de favorecer la destrucción de un país vecino y rival, como se ha visto en Siria.

Philippe Descamps y Marmar Kabir, de la redacción de Le Monde diplomatique, París, y periodista y traductora de la edición de Le Monde diplomatique en persa, respectivamente. Traducción: Emilia Fernández Tasende.


  1. “At least 3.428 protesters killed in Iran. Serious risk of protester executions”, Iran Human Rights, 14-1-2026. 

  2. Mark Gasiorowski, “Quand la CIA complotait en Iran”, Le Monde diplomatique, París, octubre de 2000. 

  3. Mitra Keyvan, “La juventud iraní reivindica un cambio”, Le Monde diplomatique, Cono Sur, noviembre de 2022. 

  4. “Where is Iran’s national uprising headed?”, civilnet.am, 14-1-2026. 

  5. Shervin Ahmadi y Marmar Kabir, “Un desafío para la nación iraní”, Le Monde diplomatique, edición Uruguay, julio de 2025. 

  6. Youssef Abazari, “La economía de la ignorancia” [en persa], Shargh, Teherán, 18-1-2026. 

¿Tenés algún aporte para hacer?

Valoramos cualquier aporte aclaratorio que quieras realizar sobre el artículo que acabás de leer, podés hacerlo completando este formulario.

Este artículo está guardado para leer después en tu lista de lectura
¿Terminaste de leerlo?
Guardaste este artículo como favorito en tu lista de lectura