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Lindsey Graham y Donald Trump durante una rueda de prensa a bordo del Air Force One rumbo a Washington, D C, el 4 de enero.

Foto: Joe Raedle, Getty Images, AFP

La guerra es lo mío

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Retrato de un halcón republicano.

El senador republicano de Carolina del Sur Lindsey Graham pertenece al fan club del presidente estadounidense. Pero, a diferencia de este, que en su discurso de asunción prometió que su éxito se mediría por los conflictos a los que no se dejaría arrastrar, siempre fue un ferviente defensor de la guerra.

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El 4 de enero, apenas iniciado el año, el presidente de Estados Unidos volvió a Washington en su avión. Se lo veía en buena forma. En Mar-a-Lago, donde había estado jugando al golf, también había presenciado, el día anterior, la transmisión en vivo y en directo de la captura de su homólogo venezolano, Nicolás Maduro, por parte de un comando del ejército estadounidense. Sorpresa total, ejecución perfecta. Por lo tanto, Donald Trump tenía todavía más ganas que las habituales de hablar con los periodistas. Desaforado, amenazó a seis países a la vez en cuestión de minutos: aquellos a los que acababa de atacar, como Venezuela y Cuba (fueron asesinados 32 guardaespaldas cubanos de Maduro), pero también a Irán, un país al que ya había bombardeado siete meses antes. Colombia, México y Groenlandia se sumaron a la lista.

A su alrededor, los periodistas se daban una panzada. Si cuestionaba a algún país, lo incitaban a llegar más lejos: “¿Entonces habrá una operación de Estados Unidos en Colombia?”; “¿está pensando en alguna acción estadounidense en Cuba?”; “¿piensa usted que va a actuar contra Groenlandia?”. Dentro del fan club presidencial que volvió de Florida, había una figura que estaba eufórica, exultante: el senador republicano Lindsey Graham, de Carolina del Sur. ¿Tal vez el presidente le había dado la palabra para que dejara de asentir como un títere? En cualquier caso, él también se pavoneaba: “Nos hicimos de Venezuela, tenemos a Cuba, a Colombia. Trump está limpiando nuestro patio trasero de un califato de la droga que tiene dictadores narcoterroristas que asesinan, violan y encima nos mandan estupefacientes a casa [...] Esperen un poco y le llegará el momento a Cuba, una dictadura comunista que asesinó sacerdotes y monjas. Sus días están contados”.

El relato de Graham incluyó, en efecto, un happy ending oportuno para este período de deseos por el año nuevo: “Ojalá nos despertemos ahora en 2026 con aliados en nuestro patio trasero que hagan negocios con Estados Unidos y no con dictadores narcoterroristas que matan estadounidenses. Va a ser un gran día”. Entonces giró hacia Trump: “Gracias a lo que usted hizo, hoy todos piensan de otra manera en el mundo”. Medio pensativo, el presidente completó: “Por cierto, vamos a tener que hacer algo con respecto a México”. Mientras Graham asentía de nuevo, agregó: “Necesitamos Groenlandia”.

Una única llave

Para un presidente que en su discurso de asunción prometió que su éxito se mediría por las guerras a las que no se dejaría arrastrar, el año transcurrido tuvo ciertamente su cuota de sorpresas. Sin embargo, la posición de Graham no cambia desde hace 30 años. Un poco como quienes repiten una y otra vez que Estados Unidos está en decadencia, que sus ataques violentos son únicamente las convulsiones y ráfagas de un imperio agonizante, o como los europeístas, que reaccionan ante la avalancha de bancarrotas en la Unión Europea exigiendo una organización todavía más federal del continente, el influyente senador de Carolina del Sur sólo tiene una llave en su llavero: la guerra, incluso en el caso de que se trate de liberar a un aliado –Israel, por ejemplo– de un enemigo –quizá Irán–. En el avión presidencial que lo lleva de vuelta a Mar-a-Lago, Graham le pedirá a su amigo y compañero de golf –las malas lenguas dicen que Graham deja ganar a Trump para conservar su amistad– que mate al ayatolá Alí Jamenei, el “Hitler moderno” y “nazi religioso”. ¿Y si el riesgo de hacerlo fuera una conflagración regional? Para nada, porque “si todo va bien, habrá paz. Todo terrorismo apadrinado por un Estado se frenará. Hezbollah estará terminado. Hamas estará terminado. Israel y los sauditas harán la paz. Esta es una nueva era para Medio Oriente”.1 Una simple operación militar, y el patio trasero estadounidense se liberará de los narcoterroristas; otra guerra, y Medio Oriente se iluminará.

En 2009 se hacía la misma apuesta en el suroeste asiático. Ese año, Graham fue filmado sentado junto a otro presidente, esta vez joven y demócrata. Barack Obama acababa de anunciar el envío de 35.000 soldados adicionales a Afganistán: “Apoyo totalmente la decisión del presidente –insistía el senador republicano–. Quiero que cada estadounidense sepa que no sólo estas tropas son necesarias y que, lamentablemente, es probable que las bajas aumenten, sino que también tenemos una estrategia [...] que justifica la pérdida en vidas humanas y en recursos que se producirá”. Dos años después, se vio el final del túnel: “Estamos a punto de dar vuelta la situación a nuestro favor. Considero a Afganistán, Túnez, Egipto, Libia, Siria y Yemen como oportunidades increíbles para hacer del mundo un lugar mejor”. Sin embargo, cuidado: “Si aceleramos en el Congreso la fecha de retirada porque resulta más popular, vamos a poner en peligro todos los avances logrados”.2 ¡Y zas! En 2021, las tropas estadounidenses estacionadas en Kabul se retiraron en medio del pánico. El Ejército dejó en el lugar miles de millones de dólares de material flamante y abandonó a miles de auxiliares afganos de los ejércitos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, la OTAN, al cariño de los talibanes.

Salvar el pellejo (el propio)

Graham jamás aprende nada del sufrimiento ajeno. Su bando, los halcones, reúne tanto a oficiales retirados (el senador era coronel de la reserva incluso si jamás entró en combate) que ejercen como consultores de línea dura para CNN o Fox News, como a miembros del Congreso cuya caja electoral se llena con el lobby militar. Su credo es la ley de los “últimos 15 minutos”, que incita a no abandonar la partida. Porque la derrota, como el infierno, son necesariamente los otros, los pacifistas o la quinta columna, los que no entregaron suficientes armas, los que no enviaron suficientes soldados o los que no lanzaron suficientes bombas. O los que tardaron demasiado en involucrarse en el asunto. Lo esencial es poder imputar el fracaso de las guerras no a quienes las inspiraron y llevaron adelante, sino a quienes dudaron de su éxito o constataron su fracaso. En consecuencia, en 2021 el senador Graham pidió el impeachment del presidente Joe Biden, acusándolo de traición ante los talibanes: “Estamos desnudos y ciegos ante el riesgo de otro 11 de setiembre [de 2001]. No tuve en la vida tanto miedo como ahora de un ataque contra nuestra patria” (CBS, 29-8-2021). Es la eterna cantinela de siempre sobre la “puñalada por la espalda” o el “efecto dominó” que los occidentales entonaron en Indochina, en Argelia y en Irak. Ya la están usando de nuevo con respecto a Ucrania.

Justamente, Ucrania: Graham viaja al lugar casi tanto como a Israel. Pero si bien habría admitido el uso de una bomba atómica en Gaza –ya que “Estados Unidos ya lanzó dos bombas nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki para poner freno a una amenaza existencial” (NBC, 14-5-2024)–, difícilmente pueda recomendar la misma solución a sus amigos de Kiev. Es evidente que esto tiene un precio para él. Por lo tanto, se refugia en la idea de asesinar al presidente ruso, Vladimir Putin, e incita al personal militar ucraniano con el que se reúne a “matar rusos”.

Probablemente ese fue el sentido de la diplomacia que convenció a París y Bruselas de ponerse en manos de Graham para persuadir al presidente Trump de endurecer su posición frente a Moscú. Con esta finalidad, el ministro de Relaciones Exteriores francés, Jean-Noël Barrot, mantuvo reiterados encuentros con el senador republicano. El año pasado fue en abril en Washington, el 9 de mayo en Ucrania, de nuevo unos días después en Turquía, en París el 31 de mayo y luego en Roma en julio. “Lo llamo por teléfono prácticamente cada dos días”, se jacta Barrot.3 Su objetivo común: “bloquear la guerra colonial de Vladimir Putin mediante la amenaza de sanciones”. Dado que, respecto de este tema, Trump no tuvo siempre las mismas ideas que su compañero de golf, Barrot podría no llegar a nada si pone demasiadas fichas a su nuevo amigo. Como escribió Obama en sus memorias: “Lindsey es el tipo de persona que traiciona a todos para salvar el pellejo”.4

“Salvar el pellejo” en lugar de preocuparse por el de los demás. En 2017, durante una escalada de amenazas nucleares entre Estados Unidos y Corea del Norte, Graham exigió que Washington privilegiara la seguridad a largo plazo del territorio estadounidense sobre la estabilidad regional inmediata en el sureste asiático. Por lo tanto, era necesario atacar rápido, antes de que Pionyang pudiera llegar con misiles de largo alcance a “California o quizás a otras partes de Estados Unidos”. En cambio, una guerra inmediata lo podía impedir. ¿Y si “miles de personas” tuvieran que perecer? “Morirán ahí, no acá”.5

El mismo humanismo ejemplar se puso de manifiesto cuando el periodista Jamal Khashoggi, cronista de The Washington Post, fue desmembrado con una sierra en 2018 dentro de la sede del consulado saudita en Estambul, sin duda por orden del príncipe heredero Mohammed ben Salman. Aparentemente indignado, Graham juró no volver a pisar el reino, y mucho menos todavía hacer negocios con él. En 2023, cambió de opinión: “Las cosas están mejorando a gran velocidad en Arabia Saudita”.6 En efecto, por un lado, Riad estaba considerando normalizar los vínculos con Israel. Pero, por otro lado, el reino acababa de firmar un contrato de 36.000 millones de dólares para adquirir “Boeing 787 en lugar de Airbus, y por eso vine a darles las gracias”. El lugar de fabricación de los aviones: Charleston, Carolina del Sur...

En declaraciones el 2 de noviembre de 2025 ante una de las organizaciones que componen el lobby proisraelí, Graham explicó las razones de su optimismo: “Las cosas van bien para el Partido Republicano y para la nación. Estamos matando a toda la gente que hace falta y estamos bajando los impuestos de ustedes. Trump es mi presidente favorito. Nos quedamos sin bombas, algo que nunca pasó durante la Segunda Guerra Mundial”. La conexión entre las frases no queda clara, pero el 250º aniversario de la fundación de Estados Unidos se anuncia prometedor.

Serge Halimi, integrante de la redacción de Le Monde diplomatique (París). Director del periódico entre 2008 y enero de 2023. Traducción: Merlina Massip.


  1. “Sunday Morning Futures”, Fox News, 11-1-2026. 

  2. “Tucker Carlson: Lindsey Graham is a mouthpiece for pro-war lies”, realclearpolitics.com, 2-9-2021. 

  3. Frente a la Asamblea Nacional, el 20-5-2025. 

  4. Barack Obama, A Promised Land, Crown Books, Nueva York, 2020. 

  5. Uri Friedman, “Lindsey Graham reveals the dark calculus of striking North Korea”, The Atlantic, Washington DC, agosto de 2017. 

  6. “US Sen. Lindsey Graham U-turns on Saudi Arabia, praises ‘transformative’ reforms after visit to Kingdom”, arabnews.com, 16-4-2023. 

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