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Suburbio de Gikondo, en la capital de Ruanda, Kigali.

Foto: Phil Moore / AFP

Ruanda y el deporte como “imagen país”

9 minutos de lectura
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Patrocinar clubes de Occidente en nombre del desarrollo.

Primer país africano en albergar el campeonato mundial de ciclismo en ruta en setiembre de 2025, Ruanda también patrocina a equipos de fútbol de renombre mundial, como el Arsenal británico o el PSG francés. Esta floreciente diplomacia deportiva le permite mejorar su imagen, empañada por un régimen autoritario y su participación en la guerra de Kivu, pero también apunta a atraer inversiones a un país enclave.

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El 18 de setiembre pasado, apenas unos días antes del inicio del campeonato mundial de ciclismo en ruta (que se desarrolló entre el 21 y el 28 de ese mes), cuando Kigali, la capital de Ruanda, se vestía con los colores de la Unión Ciclista Internacional (UCI), un incidente, producido a 6.000 kilómetros de distancia, interrumpía la eficaz estrategia de comunicación del régimen. En el aeropuerto de Bruselas, el periodista Stijn Vercruysse no podía embarcar. A pesar de la acreditación firmada por el Ministerio de Deportes de Ruanda y la UCI, su postura crítica hacia el gobierno le impidió volar con Brussels Airlines al “país de las mil colinas”.

Nada debía arruinar el segundo evento deportivo más grande jamás celebrado en África, después del campeonato mundial de fútbol de Sudáfrica 2010. Durante una semana, la carrera ofreció a este pequeño país de África Oriental, aproximadamente del tamaño de Bretaña [o de Durazno y Tacuarembó sumados], una visibilidad excepcional. Retransmitida a 33 países, la competencia atrajo al menos a 300 millones de espectadores, de los cuales más de un millón y medio lo vieron desde Francia. Durante siete días, imágenes idílicas, que fusionaban modernidad y una exuberante naturaleza, alternaban en las pantallas entre una carrera y otra.

Si bien la organización del evento fue elogiada por la UCI y los corredores, el país fue acusado por los medios de comunicación y numerosas asociaciones de utilizar el deporte para mejorar su imagen (sports washing). El presidente Paul Kagame, que gobierna Ruanda desde el año 2000 y fue reelegido en 2024 con el 99,18 por ciento de los votos, habría buscado desviar la atención internacional de las violaciones a los derechos humanos perpetradas en su país. También habría apuntado a hacer olvidar su apoyo a los rebeldes del M23, denunciados con énfasis por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la República Democrática del Congo (RDC).1

La reputación internacional del país obviamente preocupa a Kigali. Pero si Ruanda invierte tanto en el deporte, también lo hace, de forma bastante prosaica, con la esperanza de obtener beneficios económicos, en particular a través del turismo, que hoy representa el 10 por ciento de su producto interior bruto (PIB). Los desafíos son numerosos: la envidiable tasa de crecimiento de aproximadamente el ocho por ciento entre 2021 y 2024 beneficia, sobre todo, a “una pequeña élite del sector formal”, según dijo el relator especial de la ONU Olivier de Schutter tras su misión en Ruanda en mayo de 2025: “El uno por ciento más rico de los ruandeses recibe el 20 por ciento de la renta nacional, casi el doble de la que recibe el 50 por ciento más pobre”.2 A pesar de estas disparidades de riqueza, Ruanda cuenta con indicadores sociales oficiales alentadores, como una disminución significativa de la pobreza y de las tasas de mortalidad infantil.3

El modelo de crecimiento basado en parte en el deporte ha suscitado críticas, dado que se trata de un país que ocupa el puesto 159 (sobre un total de 195) en el índice de desarrollo humano de la ONU. De hecho, las sumas invertidas son colosales, cuando el 40 por ciento del presupuesto nacional aún depende de la ayuda internacional. Kigali paga 11,5 millones de euros anuales al club inglés Arsenal, sin duda el más popular entre los ruandeses, y entre 10 y 15 millones de euros a Paris Saint-Germain (PSG) para que su marca Visit Rwanda aparezca en las camisetas de los jugadores de ambos equipos. Estas dos colaboraciones, establecidas en 2018 y 2019, se renovaron recientemente, a pesar de las protestas de asociaciones de hinchas.4 Desde abril de 2025, la marca también aparece en las vestimentas de Atlético de Madrid por 10 millones de dólares anuales, y pronto adornará las camisetas de Los Angeles Clippers (básquetbol) y Los Angeles Rams (fútbol americano) gracias a un acuerdo firmado el 29 de setiembre de 2025.

Al invertir en estos clubes, el gobierno se asegura visibilidad internacional, pero también cierta popularidad entre los ruandeses, para quienes el fútbol es, con diferencia, el deporte más masivo. “En la selva, durante la década de 1990, los batallones del FPR [Frente Patriótico Ruandés] organizaban torneos de fútbol”, recuerda Aimable Bayingana, exportavoz del FPR. En 1993, mientras se firmaban los Acuerdos de Paz de Arusha, que pusieron fin a la guerra entre la rebelión liderada por Kagame y el gobierno extremista del presidente Juvénal Habyarimana, se creó el Club de Fútbol del EPR (APR FC). Inicialmente prohibido en las ligas africanas, ahora es uno de los equipos líderes del país. “El deporte mantuvo a las tropas ocupadas y en forma, inculcó disciplina y alivió tensiones”, agregó Bayingana, quien presidió la Federación Ruandesa de Ciclismo de 2007 a 2019.

El deporte forma parte del orden social promovido por el FPR, que dejó huella en la reconstrucción del país tras el genocidio contra los tutsis, durante el cual fueron asesinadas un millón de personas entre abril y julio de 1994.5 Innumerables relatos de supervivientes señalan que encontraron consuelo en la actividad física.6 Hoy en día, el deporte se utiliza para promover el ideal de una sociedad pacífica y activa en la que la población lleve una vida saludable, una visión detallada en el plan de desarrollo del Ministerio de Deportes.7 Un domingo por la mañana al mes, todos los ruandeses son animados a mantenerse activos. La pista de atletismo de varios kilómetros de longitud, dispuesta alrededor del nuevo campo de golf de la capital, es utilizada a diario por cientos de residentes de Kigali. Por todas partes, en cafés y tiendas, las pantallas transmiten la Eurocopa de fútbol. “Esta historia [de una competición mundial de ciclismo] no se les ocurrió a estrategas sentados en una oficina que estaban pensando cómo usar el ciclismo para promover y ‘limpiar’ Ruanda”, afirma Ivan Wulffaert, exdirector belga de la cervecería Skol. La marca Skol fue durante mucho tiempo el principal patrocinador del ciclismo local. “En 2015, cuando empezamos a pensar en el campeonato mundial, con Aimable [Bayingana], Olivier Grandjean [exdirector del Giro de Ruanda] y algunos otros, nuestro objetivo también era, y fundamentalmente, que los ruandeses se ubicaran entre los 30 primeros”, relata, vestido con ropa de ciclismo y con su bicicleta de carreras a su lado. “El presidente Kagame empezó a involucrarse personalmente recién al final del proceso de candidatura, en 2018”, señaló. “Una vez que vio que era posible, ya no nos faltaron recursos”.

“La logística costó 16 millones de dólares”, según la ministra de Deportes, Nelly Mukazayire. “Pero todo este dinero se invirtió de forma local y benefició a las empresas ruandesas, y por ende a la población”, enfatizó durante una reunión en el stand de Visit Rwanda, ubicado en una zona para aficionados del Centro de Convenciones. A esto hay que sumar la cuota pagada a la UCI, “entre cinco y diez millones de dólares”, indicó, sin proporcionar la cantidad exacta, Sheja Vallière, portavoz de la Junta de Desarrollo de Ruanda (RDB).

Todas estas iniciativas son parte de una estrategia de desarrollo concebida hace casi 20 años. En 2007, Kagame creó el Consejo Asesor Presidencial (PAC), integrado por reconocidos intelectuales e inversores, como los estadounidenses Joe Ritchie y Michael Fairbanks. Sin industrias, demasiado pequeño y densamente poblado para depender de la agricultura intensiva, el país debería, según el PAC, recurrir al turismo de lujo y de negocios –pocos visitantes, para preservar el medioambiente, pero con alto poder adquisitivo–, las finanzas y las nuevas tecnologías, siguiendo los modelos de Singapur y Mónaco. Ruanda también se apoya en la experiencia de Luxemburgo, que respalda el proyecto del Centro Financiero de Kigali, un organismo con ambiciones internacionales. Kagame cuenta además con el príncipe Tamim bin Hamad al Thani, con quien mantiene estrechos vínculos: Qatar, propietario de PSG y mediador con la RDC, se convirtió recientemente en accionista de la aerolínea RwandAir (49 por ciento) y del futuro aeropuerto internacional (60 por ciento) en construcción cerca de la capital, que también gestionará. El emirato tiene todo el interés en ver aumentar el número de turistas.

“Si te diriges a una clientela adinerada, no inviertes en clubes de bajo coste”, resume el exarquero internacional de fútbol Eugène Murangwa. “Nuestro objetivo es mejorar la calidad de vida de los ruandeses”, dice este exfutbolista que ahora dirige su fundación de promoción deportiva Ishami. “Creemos que el deporte abre oportunidades económicas y sociales”, afirma.

Oficialmente, esta estrategia está dando sus frutos. Según la Junta de Desarrollo de Ruanda (RDB), los ingresos por turismo se han duplicado desde el lanzamiento, en 2018, de la marca Visit Rwanda, alcanzando los 600 millones de dólares en 2024. Vallière afirmó que el objetivo es alcanzar los 1.000 millones de dólares en cinco años.

La estrategia del gobierno parece estar cobrando fuerza. Incluso el único partido de la oposición, en un país donde la libertad de asociación y expresión está estrictamente controlada,8 no encuentra nada que criticar. “Al principio fuimos críticos”, admite Frank Habineza, senador y presidente del Partido Verde, que obtuvo el 0,50 por ciento de los votos en las últimas elecciones presidenciales. “Creíamos que era dinero desperdiciado, que habría sido mejor invertir directamente en el desarrollo. Pero hoy vemos resultados tangibles, como los 25 millones de dólares invertidos por Masai Ujiri”. El legislador alude al complejo Zaria Court, que incluye un hotel, un restaurante y campos deportivos, y fue inaugurado en julio por Kagame y el exjugador nigeriano de la NBA Masai Ujiri. Ubicado en el distrito de Rimera, junto al estadio Amahoro (45.000 butacas) y el centro de baloncesto BK Arena (10.000), el Zaria Court es resultado directo de las redes forjadas en la comunidad mundial del baloncesto: Kigali se ha convertido en una de las principales sedes de la Basketball Africa League, lanzada en 2019 por la NBA y la Federación Internacional de Baloncesto (FIBA). Esto a pesar de las fuertes críticas de dos senadores estadounidenses, Marsha Blackburn y Jeff Merkley, que acusan a la NBA de mantener “relaciones con dictadores y déspotas”.9

Desde 2024, el país también ha sido sede de un torneo de tenis ATP, patrocinado nada menos que por el excampeón franco-camerunés Yannick Noah. En cuanto al regreso de una carrera de Fórmula 1 al continente (la última tuvo lugar en 1993 en Sudáfrica), cuenta con el apoyo del siete veces campeón del mundo Lewis Hamilton. La presencia del príncipe Alberto de Mónaco junto a Kagame en la ceremonia de entrega de premios el 28 de setiembre pasado reforzó la idea del respaldo de Mónaco –sede de un Gran Premio desde 1929– a la candidatura de Ruanda, a pesar de que el país carece de circuito, frente a Sudáfrica, que también está en carrera.

Michael Pauron, enviado especial, periodista. Traducción: Le Monde diplomatique, edición Uruguay.

Por la camiseta

Y el Congo también

El 30 de julio de 2025, un comunicado de prensa del Fútbol Club Barcelona anunció el acuerdo con la República Democrática del Congo (RDC) por el cual “los equipos profesionales del club lucirán el lema ‘RD Congo - Coeur de Afrique’ [Corazón de África] en la parte posterior de sus camisetas de entrenamiento durante las próximas cuatro temporadas y el Spotify Camp Nou acogerá la Casa de la RDC en sus instalaciones”. Se trata, agrega, de ser socios “para el empoderamiento en el deporte y la cultura”.

Este país africano, asiento de cascos azules uruguayos como fuerzas de paz de Naciones Unidas, es uno de los diez peor ubicados del mundo en el índice de desarrollo humano de ese organismo internacional. Pese a esto, pagará al club catalán 44 millones de euros. Podría ser un buen negocio, si se piensa que el valor de la marca Barcelona está calculado en 1.500 millones de euros (1). Sin embargo, parece al menos difícil que los aficionados al fútbol se dejen tentar por los hermosos paisajes congoleños y pasen por alto que en el país se está desarrollando un conflicto que, sólo en julio de 2025, costó la vida de más de 300 civiles (2). No es una violencia nueva ni exclusiva de la RDC. Imbricada íntimamente con la situación ruandesa, la crisis congoleña se vincula, al menos desde 1994, con su vecino, cuando el genocidio contra los tutsis cruzó la frontera. El Real Instituto Elcano, usina de pensamiento de España en asuntos internacionales, señala que “la evolución de esa dinámica violenta desembocó finalmente en la I Guerra del Congo (1996-1997) y en la II Guerra del Congo (1998-2003)” y destaca que “más recientemente, desde 2021, la violencia ha vuelto a intensificarse con el protagonismo del grupo M-23, apoyado por Ruanda, aunque Kigali niega rotundamente cualquier tipo de respaldo a un grupo que nunca ha podido ser derrotado por las fuerzas congoleñas” (3). La presencia de minerales indispensables para la industria de las comunicaciones y la tecnología (la RDC aloja más de la mitad de las reservas mundiales del estratégico coltán), llevó a que Estados Unidos se preocupara por garantizar la paz y tener un atajo a esos yacimientos antes de que entren en la órbita china. Por eso, desde abril se avanzó en un acuerdo que se firmó el 4 de diciembre de 2025 en Washington. “Pasaron mucho tiempo matándose entre ellos, y ahora van a pasar mucho tiempo abrazándose y tomándose de las manos”, dijo al momento de la firma el presidente estadounidense, Donald Trump (4).

La promoción de la RDC no se limita al Barcelona, sino que desde 2025 también auspicia a otros clubes de élite europeos como el Milan de Italia y el Mónaco de la liga francesa. Ruanda, por su parte, además del acuerdo con el Arsenal británico y el PSG francés mencionados en la nota principal, también colocó su marca de promoción turística en la ropa de entrenamiento de Atlético de Madrid. Aunque Ruanda no logró clasificar al Mundial de fútbol 2026, la RDC aún mantiene la esperanza de alcanzar esa meta mediante el repechaje, lo que recién se dilucidará en marzo.

Redacción Uruguay

(1): “Cómo entender el polémico acuerdo entre el Barça y la República Democrática del Congo”, The Conversation, 1-8-2025.

(2): “RD Congo: a pesar de los avances diplomáticos, el número de civiles muertos va en aumento”, news.un.org, 22-8-2025.

(3): “Acuerdo RDC-Ruanda, un tenue rayo de esperanza”, realinstitutoelcano.org, 2-7-2025.

(4): “Ruanda y RD Congo firman acuerdo de paz en Washington”, Deutsche Welle, 5-12-2025.


  1. Ver Erik Kennes y Nina Wilén, “Las dos caras de Ruanda”, Le Monde diplomatique, edición Uruguay, marzo de 2025. 

  2. “Déclaration de fin de mission par M. Olivier de Schutter, Rapporteur spécial sur les droits de l’homme et l’extrême pauvreté”, ohchr.org, 30-5-2025. 

  3. Alto Comisionado para los Derechos Humanos de Naciones Unidas, “Examen de Ruanda ante el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (CESCR) de la ONU”, ohchr.org, 18-2-2025. 

  4. “Le partenariat ‘de la honte’: une pétition demande au PSG d’arrêter son sponsoring par le Rwanda”, Ouest-France, 6-2-2025. 

  5. Benjamin Chemouni y Assumpta Mugiraneza, “Ideology and interests in the rwandan patriotic front: singing the struggle in pre-genocide rwanda”, African Affairs, 2019, 119/1. 

  6. Pierre Carrey, “Les hauts et les bas du vélo au Rwanda, le pays des Mille Collines, qui organise les Mondiaux”, Le Temps, 23-9-2025. 

  7. Ministerio de Deportes de la República de Ruanda, “Sports development Policy. 2020-2030”. 

  8. Amnistía Internacional, “Rwanda 2024”. 

  9. “Des sénateurs américains demandent des comptes à la NBA pour ses liens avec le Rwanda”, 30-8-2024. 

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