Por primera vez, las selecciones nacionales de Cabo Verde, Jordania, Uzbekistán y Curazao participarán en el Mundial de fútbol, que reunirá a 48 países frente a los 32 de ediciones anteriores. Desde el punto de vista deportivo, la ampliación del formato beneficiará a todos los continentes. Así, nueve o 10 selecciones africanas estarán presentes. En la edición de 1994, la primera organizada en Estados Unidos, sólo había tres africanos en 24. Para acoger a todos estos equipos, este año se sumarán dos estadios canadienses y tres mexicanos a los 11 estadios estadounidenses elegidos. En Guadalajara, una de las tres ciudades mexicanas anfitrionas, Raúl Álvarez y Julio Medrano juegan al fútbol todos los sábados por la mañana. Viven y trabajan a poca distancia del estadio con forma de volcán, donde se disputarán cuatro partidos de la competencia. Este moderno espacio, rodeado de estacionamientos, se construyó detrás de la circunvalación, lejos del antiguo estadio Jalisco, construido en el corazón de la ciudad. Este último fue escenario de las obras maestras de Pelé, Tostão, Gerson y Jairzinho durante el Mundial de 1970 [así como de las fintas de Luis Cubilla, las atajadas de Ladislao Mazurkiewicz y el polémico gol de Víctor Espárrago contra la Unión Soviética], y luego de Brasil de Sócrates y la Francia de Michel Platini en 1986.
Demasiado jóvenes para haber grabado esos recuerdos en su memoria, los cuarentones –técnicos de una agencia federal de conservación forestal– habían marcado en su agenda la fecha de apertura de la venta de entradas, en setiembre de 2025. “Todos los mexicanos a los que les preguntes te responderán que tenían el deseo de asistir al menos a un partido”, afirma Medrano. Pero hubo que aceptar la realidad. “Geográficamente estamos muy cerca, pero materialmente estamos muy lejos”, lamenta Álvarez. Basándose en capturas de pantalla enviadas por personas seleccionadas al azar durante la primera fase de venta, el sitio web The Athletic recopiló todas las tarifas. Para las categorías 1 y 2, que representan la gran mayoría de las localidades, los precios oscilan entre 260 y 805 dólares en la primera ronda, y luego suben hasta 6.370 dólares, cuando el salario medio en México es de unos 400 dólares al mes. Habrá que desembolsar un mínimo de 2.790 dólares por persona para ver la final en la categoría 3, es decir, en la parte más alta del estadio de Nueva York,1 o incluso mucho más si se utiliza la plataforma oficial de intercambio y reventa.
La Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), organizadora del evento, abandonó el viejo sistema que reservaba una cuota de entradas a precios reducidos para los residentes. La organización no ha comunicado una tabla de precios oficial, pero ha sido astuta al informar que hay entradas disponibles a partir de 60 dólares. Sin embargo, estos precios corresponden a los de la categoría 4, es decir, a una mínima parte de las localidades, que cuesta encontrar en los planos de los estadios.
Las federaciones de los países clasificados disponen cada una del ocho por ciento de la capacidad de los estadios. Estas entradas destinadas a los seguidores garantizan el ambiente y, por lo tanto, agregan valor al “producto” televisivo. Pero a los seguidores también se les imponen tarifas exorbitantes. Una red europea hizo el cálculo: “Si un fanático quiere seguir a su equipo desde el primer partido hasta la final, le costará como mínimo 6.900 dólares, es decir, casi cinco veces más que en la Copa del Mundo de Qatar”.2 Algo imposible para una familia de clase trabajadora.
Hervé Mougin, presidente de Les Irrésistibles Français, la principal asociación de seguidores de “les Bleus” [como se conoce a la selección francesa], no se ha perdido ningún partido internacional en 15 años. No abandonó la idea de ir a Estados Unidos. “Pero –confiesa con ironía–, dudo si vender un riñón”. Si la selección francesa vuelve a llegar a la final, Mougin calcula que el costo total del viaje oscilará entre 20.000 y 25.000 euros. Sería más del doble de lo que pagó en Qatar en 2022. Los hoteles de las ciudades anfitrionas aumentan sus precios más de un 300 por ciento en promedio durante la competencia. A estos gastos hay que añadir el transporte. En 2022, los estadios estaban agrupados en una sola ciudad. En 2026, estarán repartidos por todo un subcontinente.
Para muchos, el costo total del viaje parece, por lo tanto, un obstáculo insuperable. Para otros, la cuestión ni siquiera se planteaba. “En general, ver un partido en un estadio es un lujo en África, salvo cuando es el oobierno el que fleta los aviones”, recuerda Pascal Mulegwa, periodista de la República Democrática del Congo (RDC). En este país, donde tres de cada cuatro habitantes viven con menos de dos dólares al día, a pesar de sus inmensos recursos naturales, se sigue soñando con la clasificación de los Leopards [como se conoce a la Selección de la RDC] en el minitorneo de repechaje en marzo.
Quedan las diásporas norteamericanas para dar una apariencia de diversidad. En 2022, Marruecos contó con el apoyo de decenas de miles de expatriados durante su formidable trayectoria hasta las semifinales. “En Doha, conocí a algunos que venían de San Francisco, Sídney, Yakarta...”, enumera Amine el Amri, periodista deportivo del grupo Le Matin [diario francófono marroquí]. Según él, los “apasionados” volverán a acudir a la cita. Como prueba, pone el caso de la Copa Mundial de Clubes de 2025. La afición del club Wydad, uno de los dos más importantes de Casablanca, tiñó de rojo las gradas estadounidenses.
Las otras barreras
Contar con una buena cantidad de recursos económicos es condición necesaria, pero no suficiente. Aún queda por obtener la visa para los Estados Unidos de Donald Trump, que acaba de ampliar las prohibiciones de entrada a los ciudadanos de 17 países a partir del 1° de enero y las restricciones de visado a otros 22. En noviembre de 2025, la FIFA anunció que “los titulares de entradas se beneficiarán de entrevistas prioritarias para obtener un visado de entrada en Estados Unidos”... ¡Pero sin garantía de obtenerlo! “Esta lógica funcionará para los ciudadanos de países ricos”, anticipa Jean-Baptiste Guégan, profesor de geopolítica del deporte. Pero para la mayoría de los ciudadanos de países africanos y latinoamericanos, esto puede resultar complicado, a menos que presenten sólidas garantías bancarias”. Sobre todo, porque la nueva administración quiere ahora condicionar las autorizaciones de viaje de los turistas exentos de visado (ESTA) a una inspección de su historial en las redes sociales.3
Sara (que ha solicitado permanecer en el anonimato) es activista de Open Stadiums, una asociación de mujeres iraníes que lucha contra la discriminación. Estaba presente en Qatar como observadora cuando parte de los espectadores iraníes aprovecharon la Copa del Mundo para denunciar la represión en su país, tras el levantamiento “Mujer, Vida, Libertad”. Sara no irá, muy a su pesar, a Estados Unidos. No tiene ni la cuenta bancaria ni el pasaporte necesario. Y es que los ciudadanos iraníes tienen prohibida la entrada en territorio estadounidense desde un decreto firmado por Trump en junio de 2025. La ironía de la situación para Sara: “Las mujeres han tenido que luchar durante casi 20 años para poder acceder a los estadios en Irán y ahora otro Estado nos lo impide”.
Entre los países afectados por las últimas prohibiciones de entrada a Estados Unidos se encuentran Senegal y Costa de Marfil, dos países clasificados, al igual que Haití [pese a cierta confusión, las restricciones para uruguayos son para visas de residentes, no de turistas]. Aunque la Casa Blanca prevé excepciones para los miembros de las delegaciones deportivas, la administración “no concederá ninguna exención especial a los fanáticos del fútbol haitianos que deseen viajar a Estados Unidos”, confirma el Departamento de Estado.4
Exiliado desde hace ocho años en Montreal, Paul-Addly Dorizan estaba solo en su departamento, con los ojos fijos en la televisión, sin aliento ante el partido entre Haití y Nicaragua, el 18 de noviembre de 2025. “Al final, lloré hasta que se me secaron las lágrimas”, recuerda este empleado de una empresa dedicada a las relaciones comerciales. Esa noche, la victoria anunciaba el regreso de la selección haitiana a la Copa del Mundo, más de 50 años después de la última vez. Al no tener la nacionalidad canadiense, Dorizan no tiene derecho a entrar en Estados Unidos. Su mayor deseo era que los Grenadiers [como se conoce a la selección haitiana] vinieran a jugar un partido a Toronto. No se cumplió. Haití disputará sus tres partidos de la primera ronda en Boston, Filadelfia y Atlanta.
Como una botella al mar, el Grenadier Fan Club envió una carta abierta a la FIFA, sin el apoyo de la federación haitiana. La misiva pedía una intervención ante el gobierno estadounidense para “recordarle los principios fundamentales del fútbol, entre ellos la universalidad y la unión de los pueblos”. Pero ¿han existido alguna vez estos principios más allá de los discursos?
“La accesibilidad a la Copa del Mundo es sólo un mito: se ha convertido en un producto globalizado destinado a una élite móvil”, afirma Abderrahim Bourkia, sociólogo marroquí que ha estudiado a los ultras, los fanáticos de clubes especialmente comprometidos. “El público de las selecciones suele tener más dinero que el de los clubes”, señala Paul Dietschy, historiador del fútbol, que ha estudiado en particular la edición de 1934 de la Copa del Mundo, organizada en la Italia fascista. “En las gradas populares del estadio de Turín, las entradas costaban 10 liras, el doble que para un partido de liga en aquella época”, recuerda el historiador.
“Estoy aquí para vender un producto llamado fútbol”, advirtió João Havelange cuando fue elegido presidente de la FIFA en 1974. Si en 1986 la Copa del Mundo aún era accesible para las clases medias locales (las entradas se vendían a partir de tres dólares y hasta un máximo de 50),5 desde entonces los precios se han disparado. En euros constantes, el precio medio para ver un partido de la primera ronda se ha triplicado desde la última edición en Estados Unidos, en 1994.6 En el mismo período, el precio de las entradas más caras para la final se ha multiplicado por seis. Así, el fútbol premium nunca ha sido tan caro.
Superados en 2010 por Qatar –en un contexto de corrupción– para la organización de la edición de 2022,7 Estados Unidos se alió con México y Canadá para presentar su candidatura a la organización del siguiente, conservando para sí todos los cuartos de final, las semifinales y la final del torneo. Gianni Infantino, ya presidente de la FIFA, sacó de la galera una comisión de evaluación para elegir entre esta candidatura y la de Marruecos en 2018. ¿Su veredicto sobre las infraestructuras? Por un lado, una columna en verde; por el otro, una en rojo o naranja. Y por si el mensaje no era lo suficientemente claro, Trump se encargó de recordar unas semanas antes de la votación: “Sería una pena que los países a los que siempre apoyamos se opusieran a la candidatura estadounidense. ¿Por qué deberíamos apoyar a estos países cuando ellos no nos apoyan (incluso en las Naciones Unidas)?”.
El 5 de diciembre de 2025, en Washington, Infantino no sólo entregó un “premio de la paz” a Trump con motivo del sorteo de los partidos.8 Esa noche, el políglota suizo también entonó su discurso favorito, que ya repetía en 2018 y 2022: “Será la mayor Copa del Mundo de todos los tiempos”. Para las finanzas de la FIFA, de eso no hay ninguna duda. Las tarifas, que excluyen a las clases populares, no han impedido a los organizadores batir “todos los récords de venta de entradas”, como se jactó Trump al margen del sorteo. Para el ciclo 2023-2026, la organización prevé unos ingresos –sin contar la Copa Mundial de Clubes– de 11.000 millones de dólares. No obstante, destaca en un comunicado que el “90 por ciento” de sus ingresos se destinará a las 211 federaciones nacionales.9 En 2022, Infantino cobraba cómodamente 3,62 millones de euros al año.[^10]
Florian Lefèvre, periodista. Traducción: Redacción de Le Monde diplomatique, edición Cono Sur.
Punto uy
En una situación incómoda, el gobierno uruguayo busca encontrar el tono adecuado para el nuevo escenario global. En el frente interno, los mismos sectores que reclamaban una postura más firme acerca del genocidio en Gaza –con el Partido Comunista (PCU) y el movimiento sindical a la cabeza– convocaron marchas en apoyo a Venezuela apenas conocido el ataque sobre Caracas (la diaria, 4 de enero). El PCU también realizó un acto en homenaje a los 32 cubanos que murieron en la acción estadounidense de extracción del presidente Nicolás Maduro (la diaria, 22 de enero). Washington, por su parte, castigó a Uruguay excluyéndolo junto con otros 74 países, al menos temporalmente, del sistema de visas de inmigración (Búsqueda, 14 de enero). A la vez, la embajada estadounidense en Montevideo expresó que sigue “de cerca” la visita del presidente Yamandú Orsi a China (Búsqueda, 29 de enero). En ese marco, algunos analistas (El País, 30 de enero) han visto la participación uruguaya en una cumbre militar en Estados Unidos el 11 de marzo como una búsqueda de equilibrio geopolítico.
[^10]; Rémi Dupré, “FIFA: un bonus de 1,66 million d’euros pour Gianni Infantino”, Le Monde, 15-2-2023.
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Henry Bushnell, “Every 2026 World Cup ticket price, if you’re lucky enough to get chosen to buy”, The Athletic, 1-10-2025. ↩
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“Statement: Historically high World Cup ticket prices – FSE calls for immediate halt to ticket sales”, Fans Europe, 11-12-2025. ↩
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“L’administration Trump veut que les touristes exemptés de visas, dont les Français, fournissent l’historique de leurs réseaux sociaux”, Le Monde, 10-12-2025. ↩
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Myah Ward y Sophia Cai, “Haiti qualified for the World Cup. But the Trump administration says its fans aren’t welcome”, Politico, 21-11-2025. ↩
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Francisco Javier González, El 86. El año en que México cambió al mundo, Planeta, México, 2022. ↩
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Julie Cart, “Ticket plan is announced for the World Cup”, Los Angeles Times, 4-2-1993 y “How Much Are World Cup Tickets? Historical Prices Since 1994”, Theworldcupguide.com, sin fecha. ↩
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David Garcia, “Corruption et ballon rond”, Le Monde diplomatique (París), julio de 2015. ↩
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NdR: Ver Roberto López Belloso, “Azufre en el césped”, Le Monde diplomatique, edición Uruguay, enero de 2026. ↩
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La FIFA no respondió a nuestras solicitudes de entrevista. ↩