Esta historia ha cruzado los siglos tanto por su extravagancia como por su potencial metafórico. Y además porque sintoniza con el presente de una forma oblicua que resulta inquietante. Me temo que, si seguimos así, los ciudadanos del mundo acabaremos por parecernos demasiado a los animales atormentados para complacer al monarca protagonista del episodio que aquí se narra.
Ha sido una conducta de todas las dictaduras del Cono Sur: la eliminación de los lugares donde se cometieron los delitos más atroces de lesa humanidad.